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La raíz del problema

1 maig, 2015 - Opinió

Raúl Ciriza – ATTAC Navarra-Nafarroa

Foxconn es el nombre de una fábrica taiwanesa a la que Apple subcontrata la producción de algunos de sus atractivos gadgets. Con cerca de un millón de personas, no sale en los medios de comunicación pese a que lleva años denunciada por las malas condiciones laborales, presiones y malos tratos a que somete a su personal. En 2009, uno de sus empleados se suicidó tras reconocer que había perdido un prototipo del iPhone 4 que estaba en su poder. En 2010 se suicidaron otras 14 personas. Fue denunciado y los responsables dijeron que tomarían medidas drásticas, consistentes en la instalación de redes en ventanas y escaleras.
Por supuesto, nadie pensó en equiparar las condiciones del personal contratado a las de occidente, o establecer horarios que permitiesen una vida fuera del trabajo, o cumplir unos mínimos de salubridad en los edificios donde los hacinaban. Ir más allá de la instalación de una red era imposible porque suponía una merma en los beneficios de la compañía. Consultores, directivos, consejeros y muchos otros cerebros privilegiados llegaron a la conclusión de que no había causas en los suicidios: que estos eran la causa del problema. Y pusieron redes.
Esta semana, más de 1.000 personas han perdido la vida tratando de llegar a Europa. Es difícil ser preciso en las cifras, pues bailan con alegría de unos medios a otros. Como si no se tratase de seres humanos. Pero por primera vez en mucho tiempo la tragedia del Mediterráneo ocupa titulares de prensa, y los gobernantes han tenido que dar la cara. Sus declaraciones grandilocuentes han estado cargadas de lamento, de empatía, de búsqueda de soluciones. Incluso, a alguno se le ha escapado lo que mucha gente llevamos décadas pidiendo: que hay que atajar el problema de raíz.
Si uno se lo propone, no es difícil de encontrar esa raíz del problema. Está explicado en muchos informes. Por ejemplo, uno de Pobreza Cero recoge que África cuenta con el 20% de las reservas mundiales de uranio, el 90% de las de cobalto, el 40% de las de platino, entre un 6 y un 8% de las de petróleo y la mitad de las reservas mundiales de oro y diamantes. Es evidente que poca de esta riqueza se queda en el continente, pues de otro modo nadie querría marcharse de ahí. Otro informe, este del Banco Africano de Desarrollo, explica que cada año las compañías que llenan las estanterías de los centros comerciales de occidente, esas que extraen los recursos africanos, evaden cada año entre 50.000 y 60.000 millones de dólares en impuestos que deberían pagar a países de aquel continente. Mucha gente ya no habla de África como de un continente pobre, sino empobrecido. O expoliado.
Ya sé que nuestros gobernantes no suelen leer estos informes, que no les ayudan a mantener sus intereses. Pero por lo menos podrían hojear la prensa que les resulta cómoda, esa que no discute el sistema neoliberal. Por ejemplo, podían leerse  este reportaje de El País del verano pasado, donde explica la “maldición de los recursos naturales” que padece África. Extraigo literalmente lo que describe este periodista (sin haber sido denunciado, que yo sepa): “Estos estados están expuestos a guerras, altas tasas de pobreza, fuerte corrupción, mala gobernabilidad y poca democracia, todo ello causado por el intento de distintos países, principalmente occidentales, de controlar los recursos naturales, para lo cual no escatiman medios provocando conflictos, imponiendo y manteniendo dictadores o sistemas corruptos… Estados Unidos y Europa son expertos en estas tácticas.”
Pero nuestros gobernantes no se han preguntado por qué África está empobrecida. Tampoco por qué hay guerras o dictaduras. Nuestros gobernantes, lo hemos leído en prensa, han identificado que el origen del problema migratorio está en las mafias, esas organizaciones criminales que sacan el dinero a las personas migrantes a cambio de un pasaje en barco y una esperanza.
Hasta ahí han llegado porque son incapaces de plantear soluciones que afecten a los beneficios de las grandes compañías. Como los de Foxconn, que pusieron una red para evitar los suicidios; aquí cortar de raíz el problema es hacer una valla más alta, ponerle cuchillas o acabar con las mafias.
No quieren ver que las mafias no son causa sino consecuencia de que muchas personas quieren migrar y no encuentran cómo hacerlo. No quieren ver que migrar no es un capricho, que la raíz está en esa pobreza y guerras provocadas. Nuestros gobernantes, para atajar el problema de la migración, van a bombardear las embarcaciones que las mafias tienen en puerto dispuestas a cargar a personas para atravesar el mediterráneo. Y ahí van a centrar todos sus esfuerzos. Hasta la próxima vez.
Publicado en El diario norte

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