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La tolerancia y la no violencia en un mundo a transformar

26 novembre, 2009 - Opinió

François HoutartFMA
Millones de personas merecen el premio Madansheet Singh, todos aquellos que no han perdido la esperanza de transformar el mundo sometido a la lógica mercantil, uniendo sus esfuerzos, a pesar de sus diferencias, de cultura, de religión, de convicción filosófica. Respondiendo a los gritos de los oprimidos y al grito de la tierra, ellos se esfuerzan de construir sociedades donde la justicia se convierta en un valor central y donde la espiritualidad reconquiste sus derechos. He aquí porqué vale la pena, dentro del espíritu de este premio de la UNESCO, de meditar sobre la tolerancia y la no violencia en un mundo a transformar.
Vivir la tolerancia supone una cuestión previa: reconocer que existen situaciones que no se pueden tolerar. La especulación financiera que en gran parte provocó la crisis alimentaria en 2007 y 2008, llevando a más de cien millones de personas por debajo de la línea de pobreza, es decir, la miseria y el hambre, es intolerable. Consagrar centenas de millones de hectáreas en Asia, África y América latina, para la producción a gran escala de agrocarburantes, con la cual se destruye la biodiversidad, contaminando los suelos y las aguas y a la vez expulsando a decenas de millones de campesinos de sus tierras, es intolerable.
Emitir cada vez mas gases de efecto invernadero, desbastando al mismo tiempo los lugares de su absorción como son los bosques y los océanos, es también intolerable. Organizar grupos de presión ante las instancias internacionales, europeas o mundiales, como la Conferencia de Naciones Unidas sobre el clima para que los derechos del mercado prevalezcan sobre aquellos de la vida, es intolerable. Establecer sobre el planeta redes de bases militares para el control de los recursos naturales, especialmente energéticos y no dudar en declarar guerras para garantizar esto último, es intolerable.
Promover y reproducir una economía que crea inmensas riquezas e ignorar las externalidades, es decir los daños ecológicos y sociales que no entran dentro del cálculo económico, es intolerable. Aceptar que la repartición de bienes sea una fuente de desigualdades, hasta ahora, jamás alcanzada en la historia, no lo es menos. En efecto, millones de personas han salido de la pobreza, pero al mismo tiempo otras centenas de millones han sido fijados o precipitados a la pobreza, lo que es también intolerable.
Por su parte, la no violencia como dimensión constitutiva de las relaciones humanas, exige que se aborde las causas de la violencia, es decir, todas las estructuras económicas, sociales y políticas que oprimen a personas y grupos, a tal punto de negarles el derecho a la existencia. El camino de la humanidad está lleno de combates del cual el carácter violento o no violento es consecuencia del rechazo de las clases privilegiadas a ceder el poder o los privilegios. Hoy día, la convergencia de las resistencias sociales se ha convertido en el medio de crear un nuevo sujeto histórico del proyecto emancipador. Movimientos de campesinos sin tierra, sindicatos obreros, movimientos de los pueblos indígenas, movimientos de mujeres, organizaciones religiosas, intelectuales comprometidos, reagrupamientos políticos, pueden cambiar las relaciones de fuerza, permitiendo así otras construcciones sociales.
A este respecto, en el curso de la última década, los Foros sociales mundiales y regionales han contribuido a crear una nueva dinámica, dentro del respeto mutuo de todos aquellos, quienes según la carta fundadora, luchan contra el capitalismo, contra las estructuras de injusticia y quieren construir alternativas. Los foros deben, evidentemente, inspirar proyectos políticos, lo que ya se observa en varios países y regiones del mundo, especialmente en América Latina, después de la revolución cubana, más recientemente en Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Por otra parte, para regresar al problema de la violencia, no cabe ninguna duda que la utilización de métodos terroristas deben ser condenados, como éticamente inaceptables, vengan de donde vengan, incluso si la desesperación de situaciones sin salida conduce desgraciadamente a este tipo de resistencias. Un tal rechazo incluye igualmente el terrorismo de Estado bajo todas sus formas.
Estas constataciones y reflexiones nos llevan a hacer la pregunta sobre las alternativas y los nuevos paradigmas necesarios para asegurar la continuidad de la vida humana sobre el planeta y aquello según cuatro ejes esenciales para su realización. Se trata, primero, de otro tipo de relación entre la humanidad y la naturaleza: pasar de su explotación a su respeto como fuente de vida, lo que implica a la vez su utilización sostenible y responsable, el carácter público de los recursos naturales y el estatuto de patrimonio colectivo de los elementos esenciales a la vida, tales como el agua o las semillas.
El segundo paradigma concierne la producción de bienes y de servicios, dando al valor de uso la prioridad sobre el valor de cambio, lo que transforma fundamentalmente la definición de la economía. En este caso ella no es más la productora de un valor agregado apropiado para una minoría monopolizadora del poder de decisión, sino mas bien la actividad destinada a producir las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos a través el mundo.
El tercer paradigma se dirige a la organización social y política, bajo la forma de una generalización de la democracia a todas las relaciones humanas y a todos los sectores económicos, sociales, culturales, religiosos y en particular las relaciones hombres y mujeres. El regreso del sujeto como actor individual y colectivo es lo que está en juego principalmente, implicando entre otros una redefinición del Estado y de las organizaciones internacionales.
Finalmente, la lectura de la realidad y su construcción sobre bases éticas, lo que es propio del género humano, en otras palabras, la cultura, es necesariamente pluricultural. No se debe más identificar desarrollo humano y occidentalización. Cada tradición cultural, cada saber, cada filosofía, cada religión tiene su cuota a aportar al todo, tanto para su construcción como para su difusión en todos los lenguajes.
¿Todo aquello utopía? Si, pero utopía necesaria para la sobrevivencia de la humanidad y el planeta, no en el sentido de una ilusión sino de lo que no existe ahora, pero que podría realizarse mañana. Y esta utopía está ya presente en la obra de millones de iniciativas: resistencias múltiples contra las prácticas de muerte, acciones de protección de la tierra, la organización de una economía social y el establecimiento de los servicios públicos, en las formas de democracia participativa, en la emergencia de nuevos conceptos y de visiones del mundo menos elementarizados. Todo aquello contribuye desde ya a redefinir el bien común de la Humanidad. El gran desafío es de dar coherencia teórica y práctica a este todo, lo que supone también una profunda transformación cultural.
A este efecto, porqué no proponer una Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad, basada sobre los cuatro paradigmas expuestos y que vendría a completar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. ¡Utopía tal vez! Cierto, los Derechos del Hombre han tomado doscientos años para universalizarse. Su presentación es tal vez incompleta, demasiado universal, utilizada políticamente por ciertas potencias para consolidar su hegemonía en el mundo, pero de todas maneras, esta carta tiene el mérito de existir y ella ha salvado la vida y la libertad de un número importante de personas en el mundo.
¿Estimular la emergencia de una nueva Declaración Universal no sería ella una tarea que podría reivindicar la UNESCO? Transformar los paradigmas de desarrollo humano es también una obra de cultura y de educación. Una tal iniciativa contribuiría a fijar dentro del firmamento la luz de una estrella, capaz de orientar las luchas por la justicia y el largo camino de la humanidad y de ofrecerle así una razón de esperar.
François Houtart, sociólogo belga, fundador del Centro Tricontinental, fue galardoneado el 16 de noviembre con el premio UNESCO-Madanjeet Singh por la promoción de la Tolerancia y la No Violencia. El presente texto es el discurso que el presentó luego de la ceremonia.

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