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La tragedia griega y la farsa europea

23 març, 2010 - Unió Europea

Rafael Caparrós Diario de Sevilla
Hemos pasado de la representación de la tragedia griega a la de la farsa europea. Es decir, de la interesada divulgación de los negativos datos de las cuentas públicas griegas (déficit y deuda públicos), que han desencadenado los ataques contra el euro en los mercados financieros internacionales, a la penosa representación de la falsa unidad y la inexistente solidaridad europeas. Un espectáculo bastante obsceno que puede llegar a tener consecuencias gravemente desestabilizadoras para el euro.
¿Quiénes son esos mercados financieros internacionales que atacan al euro, so pretexto de las debilidades económicas de Grecia o de España? Los mercados son en realidad los lugares (físicos y/o virtuales) donde se concretan las maniobras especulativas de compra/ventas masivas de títulos, acciones, obligaciones, bonos, divisas, CDS, (credit default swaps), etc. por parte de los propietarios y gestores de grandes capitales, de los hedge funds, de banqueros, de gigantescos fondos de inversión o de pensiones, de grandes multinacionales…
Se trata de esos privilegiados que no representan ni el 0,01% de la ciudadanía global, pero que influyen decisivamente en los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, OMC) para que impongan las políticas económicas que les convienen; que, moviéndose en manada como ciertos depredadores, pueden quebrar impunemente la economía real de un país, como ocurrió en Tailandia en 1997-98, o imponer su caprichosa voluntad a los estados europeos, como hicieron en las tormentas monetarias de 1992-93, dinamitando el incipiente sistema monetario europeo y causándoles unas pérdidas de más de cien mil millones de dólares; y que incluso pueden llegar a obligar a los gobiernos democráticamente elegidos, como ocurrió en 1981-83 con el de Mitterand en Francia, a dar marcha atrás en aquellas decisiones de política económica que no les gustan. Son los Soros, los Leeson o los Druckenmiller, esos multimillonarios que mueven los mercados, que se reúnen con sus pares en Davos para seguir conformando el mundo a su conveniencia, que forman parte de poderosos grupos de presión y que constituyen la elite más rica, poderosa, insaciable e inmoral del mundo globalizado.
Todos ellos han ganado miles de millones en los últimos años, cuando lograron implantar en toda Europa modelos productivos especulativos gracias a las políticas neoliberales de sus acomodaticios gobiernos. Y cuando estalló la crisis, esos mismos bancos que habían provocado el desastre y que antes pedían a los gobiernos que se abstuvieran de intervenir, les pidieron cientos de miles de millones para salvar sus cuentas.
Fue tal el desastre provocado que se hizo necesaria una intervención gigantesca de los gobiernos para evitar el colapso global de las economías y la quiebra generalizada del sistema financiero y bancario. Y así, con avales o préstamos al 1% o incluso a menor interés, los bancos centrales pusieron a disposición de la banca mundial cientos de miles de millones de euros para que saliera a flote y reactivara el flujo de crédito a la economía real. Pero en lugar de dedicar ese dinero a financiar de nuevo la actividad económica, los bancos se han dedicado a sanear sus balances, colocando el mismo dinero que los bancos centrales le daban en depósitos mejor retribuidos allí mismo, o suscribiendo al 3, 4 o 5% la deuda que tenían que emitir los gobiernos para hacer frente a la situación que ellos mismos habían provocado.
Así han creado un nuevo y extraordinario negocio para los especuladores financieros: comprar la deuda que los gobiernos han tenido que emitir para afrontar el desaguisado provocado por ellos mismos. Por eso, lo que ahora les preocupa es que los estados estén en condiciones de hacer frente a esa deuda. Y por eso les imponen condiciones draconianas para que sus recursos se dirijan prioritaria e inexcusablemente a pagarla. Que puedan hacerlo tan fácilmente explica que el coste de la deuda griega sea ya el doble que el de la alemana, lo que aumenta el desequilibrio presupuestario y el riesgo de insolvencia griegos.
Después del Consejo Ecofín de esta semana, las discrepancias comunitarias son más que evidentes. Teóricamente todos están de acuerdo en que habrá que hacer algo y en que no es cuestión Ede dejar que el FMI meta la nariz en la Eurozona. Pero de hecho Alemania, que parece haber olvidado que sus exportaciones tienen como principales clientes a esos mismos países comunitarios ahora en dificultades, pone unas condiciones excesivamente estrictas a cualquier ayuda de la UE a Grecia. Está claro que mientras no se decida cómo apoyar a Grecia, los insaciables mercados van a seguir atacando al euro, agravando así no sólo el problema griego, sino la propia estabilidad monetaria europea.

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