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La valoración del cuidado y la condición de ama de casa: viejos fantasmas y nuevas amenazas

16 gener, 2014 - Opinió

María Pazos – Consejo Científico de ATTAC España
Una de las grandes aportaciones de las economistas feministas ha consistido en visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados en el hogar; lo que Cristina Carrasco denominó tan ilustrativamente “la parte sumergida del Iceberg”. No es que la economía oficial ignore la existencia de estos trabajos; de hecho las políticas públicas los tienen bien en cuenta a la hora de proporcionar incentivos para que las mujeres continúen asumiéndolos. Pero es cierto que se trata, como señalábamos, de un trabajo sin derechos, sin ingresos, sin consideración ni proyección social. Un trabajo que se da por supuesto y en el que quien lo realiza (fundamentalmente mujeres) resulta invisible. Un trabajo en condiciones inaceptables.
¿Podría cambiar la consideración social del trabajo doméstico si sigue realizándose masivamente por las mujeres en el ámbito del hogar? ¿Podrían las mujeres seguir siendo masivamente amas de casa, pero respetadas, valoradas, independientes económicamente, con las mismas pensiones, salarios y derechos sociales? No lo hemos visto en ninguna parte del mundo. En cualquier caso, ese también es un debate que la realidad ha sobrepasado: las mujeres hemos decidido masivamente dejar de ser amas de casa. La realidad ha cambiado enormemente en el último siglo: la parte sumergida del iceberg es más pequeña y ya no es exclusivamente femenina. Aunque con desigual fortuna, las mujeres hemos emergido masivamente.
Es evidente que las posturas feministas han evolucionado a la par que la realidad: Cabe afirmar que prácticamente ninguna feminista actual estará de acuerdo con potenciar el estatus del “ama de casa” para las mujeres. Existen muchos estudios de economistas feministas sobre las diferencias de género en los usos del tiempo; muchas estimaciones económicas sobre el valor del trabajo de cuidados. Pero hoy en día, a diferencia de hace medio siglo, estos trabajos no concluyen con la reivindicación del “salario al ama de casa”. ¿Por qué?
Muy sencillo: porque las economistas feministas saben que esa reivindicación, que tuvo un peso importante durante el Siglo XX en países como Alemania, ha conducido a la implantación de “paguitas” para el cuidado en el hogar. Estas paguitas, de las que en España ya tenemos experiencia con la Ley de Dependencia, tienen efectos muy negativos en la vida de las mujeres. Las economistas feministas conocen el problema de los incentivos a la permanencia de las mujeres en el hogar; esa situación inaceptable que denunciamos y que las mujeres masivamente han expresado su deseo de superar.
Así pues, existe un profundo acuerdo feminista, y entre las mujeres, en torno al rechazo a que el trabajo doméstico y de cuidados siga siendo femenino y reducido al marco del hogar. El reparto equitativo del cuidado entre todas las personas (la corresponsabilidad) y los servicios públicos son necesidades ampliamente asumidas. ¿De dónde vienen entonces las reticencias en los debates feministas?
El problema para algunas feministas surge cuando oímos rechazar la incorporación de las mujeres a esta economía, sin rechazar la incorporación de los hombres. Podríamos comprender a quien dijera que no quiere que los hombres se incorporen a esta economía, o que las personas en general se incorporen a esta economía. Pero nos saltan las alarmas cuando se identifica el trabajo de cuidados con “el trabajo que realizan las mujeres”. Probablemente se trate de otro malentendido.
Sin embargo, hay que comprender que aún hoy sigue habiendo fuerzas reaccionarias que promueven la permanencia de las mujeres en el hogar, o la vuelta al hogar. ¿Están superados estos fantasmas? Indudablemente siguen ahí, tanto a nivel de discurso como de políticas públicas. Cabe sostener que las feministas actuales que claman por “otra economía” no están en absoluto de acuerdo con esas trabas, con esa vía diferente que nos propone la reacción, sino todo lo contrario. Por ello, en lugar de enzarzarnos en diálogos de sordas, concentrémonos en los acuerdos que pueden conducirnos a la unidad de acción, como hacen todos los movimientos sociales que pretenden cambiar la realidad.
El presente texto es uno de los apartados de un texto mucho más extenso, publicado en la web: http://singenerodedudas.com/blog/economia-feminista-unidad-de-accion-frente-al-neoliberalismo-y-al-patriarcado/

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