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Lobby de alta montaña: los banqueros regresan a Davos para un primer round contra Obama

29 gener, 2010 - Organismes internacionals

Laura García – El Cronista
Quienes viajaron a Davos este año se llevaron algunas sorpresas. El resort alpino al que peregrinan las elites del mundo desde hace 40 años proscribió las todo terreno y las limousines. Y no es que ahora penalice la ostentación sino que Davos quiere hacer una declaración “verde”. Salvo que se trate de un líder mundial, este año hubo que optar entre el discreto traslado en minibus o el escrache de una calcomanía naranja que delata a los que contaminan y restringe el acceso a las mejores áreas de estacionamiento. Pero además este año el kit que reciben todos los asistentes que pisan Davos también incluye otra novedad: alcohol en gel. Aunque no hay especificaciones por parte de los organizadores, algunos especulaban ayer que estaba pensado para quienes le den la mano a un banquero.
Con su reputación destartalada y tóxicos aún como la más insalvable de las hipotecas, los banqueros volvieron a Davos este año. En 2009, pocos meses después de la quiebra de Lehman, el “efecto Thain” los había disuadido de asomarse al suntuoso refugio suizo. El caso de John Thain fue aleccionador para muchos. El jefe de Merrill Lynch debió renunciar al Bank of America que lo había acogido luego de que su decisión de calzarse los esquíes y hacerse una escapada a Davos en plena crisis terminara por rebalsar el vaso.
Claro que dar la cara este año tampoco será fácil. Los expertos en imagen ya los instruyeron. Nada de fotos con una copa en la mano o esquiando despreocupados. Muchos viajarán este año en vuelos comerciales y hasta compartirán auto en el trayecto de dos horas de Zurich a Davos en lugar de los usuales 30 minutos en helicóptero. Las cenas para clientes y los cocktails de los bancos están diseñados esta vez para pasar desapercibidos. Ejecutivos de Goldman incluso participarán este año en un foro social sobre pobreza rural.
Pero la embestida de Obama no les deja mucha alternativa que estar. Con una treintena de presidentes y primeros ministros y un puñado crítico de ejecutivos y banqueros centrales, el lobby será extremo y salvaje. Pero no sólo las reuniones informales dejarán su rédito. Con más de 500 periodistas, Davos es hoy el lugar para el contraataque.
Se estima que este año asistirán al evento 235 banqueros, casi un 25% más que el año pasado. Dos ausentes notables del 2009 decidieron pisar Suiza este invierno: Robert Diamond, presidente del banco británico Barclays y Vikram Pandit, CEO del estadounidense Citigroup. Brian Moynihan, el flamante CEO del Bank of America, aprovechará para hacer su presentación en sociedad y también estará John Mack, de Morgan Stanley. Aunque Lloyd Blankfein, CEO de Goldman no irá, enviará una comitiva encabezada por el presidente de la entidad, Gary Cohn. Lo mismo ocurrirá con Jamie Dimon, del JPMorgan. También estarán las cabezas del Deutsche, el HSBC y el Credit Suisse.
Ayer, de hecho, ya comenzó el fuego cruzado. “No he visto evidencia que sugiera que achicar los bancos y hacerlos más pequeños sea la respuesta”, dijo ayer en uno de los debates inaugurales el jefe de Barclays. “La profunda recesión que hemos vivido es un terreno fértil para decisiones políticas potencialmente malas”, aseguró el presidente de JPMorgan, Jacob Frenkel. Hasta el presidente francés Nicolas Sarkozy, pasó su reclamo: “El presidente Obama tiene razón cuando dice que hay que disuadir a los bancos de que especulen para sí mismos o de que financien fondos especulativos. Pero ese debate no puede ser resuelto por un solo país sea cual sea su peso en las finanzas mundiales. Ese debate debe decidirse en el G-20”.
La euforia por las delicias de la globalización que alguna vez fue tan palpable en Davos hoy ya no se respira. Tampoco esa convicción certera de que los mercados son capaces de auto-corregir sus propios excesos. Hoy el gran debate en el escondite montañoso de los poderosos e influyentes es precisamente cómo repensar la regulación. En el camino se plantea el desafío de crear estándares uniformes a nivel global. Las inconsistencias en ese sentido podrían derivar en lo que muchos ya llaman un “arbitraje regulatorio”, una suerte de nomadismo financiero que hará que las entidades echen anclan allí donde las normas más le convengan. De todos modos, si algo dejó al descubierto esta crisis es que el sistema es mucho más frágil de lo que se pensaba. Los estadounidenses lo ven hoy muy claro. Como dice el profesor John Cochrane, de la Universidad de Chicago: “Cuando el gobierno ya no tenga los recursos fiscales para rescatar a sus instituciones financieras, la crisis será mucho, pero mucho peor. Islandia puede ocurrir en Estados Unidos si no arreglamos esto”.

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