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Los empresarios y la reforma laboral

5 octubre, 2009 - Estatal

Juan Manso GarcíaEl Comercio Digital
El presidente de la patronal, CEOE, Gerardo Díaz Ferrán pidió más respeto para los empresarios, en respuesta, al parecer, de unas declaraciones del presidente del Gobierno. Está en su derecho pedirlo, pero debe ser que, para que le respeten a uno, debe hacerse respetar previamente, respetando a su vez a los demás. Y no parece que los empresarios respeten mucho a los trabajadores. Aprovechan la crisis económica para exigir una reforma laboral que consiste, entre otras cosas, en flexibilizar el trabajo, eufemismo que oculta el verdadero significado de lo que pretenden: precarizar aún más el mercado laboral.
Actualmente, uno de cada tres trabajadores tiene un contrato basura, pero los empresarios quieren aumentar el porcentaje. Este modelo de contratación impone al trabajador unas condiciones leoninas, impidiéndole además ejercer el derecho reconocido de participar en la empresa mediante la acción sindical. A todas estas, los empresarios mantienen sus contratos blindados.
Así las cosas, no es de extrañar que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Dicho en términos más concretos: un director ejecutivo medio gana hoy 364 veces más que un empleado medio, cuando hace 40 años apenas llegaba a 20 veces más.
Se debe hacer, efectivamente, una reforma laboral, pero en sentido opuesto. En sentido de modificar el actual sistema de producción, dándole al trabajador más protagonismo para poder equilibrar el poder de los empresarios e invirtiendo la valoración que se hace actualmente entre trabajo y especulación financiera.
No hay que olvidar que la crisis fue originada por el egoísmo y la ambición desenfrenada de los especuladores financieros, no sometidos a control alguno. Lamentablemente, apenas se oyen voces reclamando este tipo de reformas.

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