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Los hilos ocultos del club

7 març, 2010 - Opinió

Alfredo Toro HardyEl Universal
La globalización estimuló el surgimiento de una oligarquía mundial del capital, un auténtico club de los amos del mundo. El mismo desafía la esencia de la gobernabilidad democrática.
Nunca antes las corporaciones multinacionales habían alcanzado su dimensión actual. Tal como refería Noreena Hertz en su obra The Silent Takeover, publicada en 2001, de las cien mayores economías del mundo, cuarenta y nueve eran Estados-naciones y cincuenta y uno corporaciones multinacionales. Desde entonces la balanza se ha inclinado cada vez más en la dirección de estas últimas, gracias a un proceso sistemático de megafusiones empresariales.
Dichas megacorporaciones tienden a ser controladas con mano firme. Hace varias décadas Galbraith desarrolló su teoría de la evolución corporativa, según la cual las empresas habían pasado del liderazgo carismático de sus fundadores a aburridos directorios tecnocráticos. Ello no se corresponde a la realidad actual, donde figuras como Steve Jobs, Steve Ballmer, Warren Buffet, Ted Turner o Rubert Murdoch, dominan con fuerza sus emporios económicos.
Esos grandes líderes corporativos no sólo comparten un mismo código de valores, sino que suelen reunirse habitualmente. Sus valores son aquellos que dan sustento a la globalización. Los espacios donde se reúnen van desde los de naturaleza abierta como el Foro Económico Mundial hasta agrupaciones reservadas como Bilderberg, la Comisión Trilateral o el Chairmans Club. Según Bruno Cardeñosa: “Estos grupos pretenden gestar una red de mando que no se vea afectada por el ‘capricho’ de turno de los ciudadanos” (El Gobierno Invisible, Madrid, 2007).
La conjunción entre el gigantesco poder económico de las corporaciones, el liderazgo carismático sobre las mismas, la presencia de un código de valores compartidos y la existencia de un marco asociativo común, genera un poder desmesurado. No es exagerado hablar, por tanto, de un “club de los amos del mundo”. Cualquier Estado que se enfrente al código de valores o a los intereses de éste, debe estar dispuesto a asumir un costo muy alto, razón por la cual pocos se arriesgan a hacerlo. Ello ha conducido a lo que el historiador John Pocock ha calificado como la subordinación de las comunidades soberanas de ciudadanos al poder del dinero.
Curiosamente varios de estos amos han decido descender del Olimpo para medirse con los simples mortales. Ello ha implicado abandonar el mundo de la opacidad para someterse al conteo de los votos y al escrutinio público. El primero de ellos fue Silvio Berlusconi en Italia y el más reciente Sebastián Piñera en Chile. Sin embargo, lo que acaba de ocurrir en Tailandia debe estarlos haciendo temblar. Thaksin Shinawatra, el hombre más rico de ese país y antiguo Primer Ministro, acaba de ser despojado de la mayor parte de su fortuna por una sentencia altamente politizada de la Corte Suprema. Es el riesgo que corren quienes desdeñan los hilos ocultos y el poder gremial del “club”. Algo que sin duda no le ocurriría a un Carlos Slim.

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