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Lucha por el poder real

3 febrer, 2010 - EE.UU.

Carlos Luppi – Bitácora
No hay mejor defensa que un buen ataque. El escenario actual es muy desfavorable a Barack Obama, pero éste acaba de lanzar una ofensiva directa al corazón del poder económico conservador: los grandes bancos, que se fundieron por sus errores provocando una Crisis Económica Global (C.E.G.), fueron comprados por el Estado sin que protestara ninguno de sus neoliberales ni de los nuestros- pero quedaron en manos de los mismos jerarcas que los llevaron al desastre.
Ahora bien, EEUU está saliendo técnicamente de la recesión y si Obama logra doblarle el brazo a los grandes bancos habrá obtenido una triple victoria: consolidará el funcionamiento sano de la economía; habrá dado coherencia ideológica demócrata a su gobierno (lo cual aumentará enormemente su popularidad, ya que hoy los banqueros son más odiados que los abogados en EEUU) y dominará efectivamente un sector con incidencia principal en el país. Habrá conquistado una muy buena parte del poder real.
El comienzo del año fue tremendo. Empezó con la derrota en Masachussetts el 19 de enero (lugar emblemático del poder demócrata, gracias a los Kennedy, cuyo último patriarca, Ted, murió el 25 de agosto de 2009), y la pérdida de la supermayoría de 60 senadores, lo que pone en peligro las reformas financiera (el mantenimiento de los estímulos) y de la salud. A pesar del fin técnico de la recesión, persisten todos los síntomas y consecuencias: miseria generalizada en millones, falta de crédito, desempleo de más del 10%, déficit fiscal del 14%, crecimiento de la deuda externa y debilitamiento del dólar como moneda de reserva y comercio internacional, sin perjuicio de que la devaluación es la forma de trasladar el costo de la crisis al resto del mundo. Por otra parte, casi todos los grandes gurúes de la economía (Alan Greenspan, Joseph Stiglitz, Kenneth Rogoff, Robert Reich, George Soros y Nouriel Roubini, mientras el hipercrítico Krugman se abstiene con matices), anuncian una recaída de la Crisis Económica Global (C.E.G.) o double dip, una nueva tragedia universal. El eje del poder económico se sigue corriendo a Asia (China creció 8,5% en 2009 y avanza sobre sus vecinos); se vio obligado a enviar más tropas a Afganistán, no le fue bien en Israel ni en Honduras. El ataque a Detroit lo fuerza a mostrarse duro, contraviniendo toda su prédica electoral.
No hay Premio Nobel de la Paz que cure esas heridas.
Su popularidad cayó al 48% (una de las más bajas comparativamente, fruto de la desilusión demócrata y del aumento del odio republicano al presidente negro) lo cual pone en peligro la mayoría en Diputados en las elecciones de noviembre próximo. Por si fuera poco, la Suprema Corte la misma formación republicana que le dio el triunfo a George W. Bush en las controvertidas elecciones de 1999- votó que las empresas podrán financiar a los partidos, con lo cual ya sabemos adónde correrán ríos de oro en los próximos comicios.
Así empezó el año Obama. ¿Qué hizo, o qué parece haber hecho? Contraatacó en el centro del poder conservador: el único poder es el poder del dinero dijo el filósofo, y el dinero lo tienen los grandes bancos.
Ataque fulminante
Barack Obama parece finalmente haber atendido los mensajes de su íntimo enemigo, el Premio Nobel Paul Krugman, que sólo le aconseja una mayor osadía. El 14 de enero, en enérgico discurso trasmitido por TV, Obama sorprendió al mundo financiero anunciando que enviaba al Congreso un proyecto de ley para aplicar un nuevo impuesto llamado Tasa de responsabilidad en la Crisis Financiera (nombre que recuerda la justamente célebre Tasa Tobin ) a aplicar a los grandes bancos rescatados que están obteniendo ganancias y siguen ofreciendo dispendiosas primas a sus ejecutivos en medio de una Crisis que aún no terminó y que fue disparada por el negocio financiero . Afirmó que esperaba recaudar, en diez años, U$S 90.000 de los U$S 100.000 millones invertidos en los fondos de rescate. En 2008, Bush lanzó el Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, en su sigla inglesa) por U$S 700.000 millones, que fueron a unos 700 bancos. A la actividad financiera siempre le va bien. Los quince principales ya devolvieron lo recibido. Obama sostuvo que va a recuperar cada céntimo del pueblo norteamericano, “y mi decisión se fortifica cuando veo los enormes beneficios y las primas obscenas en las mismas empresas que deben su sobrevivencia al pueblo estadounidense, que sigue sufriendo la recesión”. Los medios conservadores, The Economist y The Wall Street Journal, tildaron la medida de populista. Eso fue sólo el comienzo. El 20 de enero, aniversario de su asunción, Obama, rodeado de sus principales funcionarios, anunció por cadena que enviaría al Congreso un proyecto de ley para que las entidades financieras deban optar entre ser bancos comerciales o ser propietarios de fondos de inversión (hedge funds), y que limitaría severamente las inversiones de riesgo. Afirmó que: “Aunque el sistema financiero es ahora mucho más sólido que hace un año, sigue operando bajo las mismas reglas que lo llevaron al borde del colapso”. Los bancos deberán decidir si quieren ser comerciales, operar con depósitos y créditos, u optar por las inversiones financieras o inmobiliarias. El proyecto impide operaciones intragrupos y la concentración de fondos y poder, o sea la creación de megabancos. El tema de la reaparición de las fabulosas primas fue mencionado: “Mi decisión de reformar el sistema se ve fortalecida cuando veo un retorno a las viejas prácticas de bancos que no prestan a las pequeñas empresas y mantienen muy altas las tasas de las tarjetas de crédito. Si quieren pelea, estoy dispuesta a darla”, anunció Obama, que estaba rodeado de su Asesor Especial Paul Volcker (republicano, 82 años, Jefe de la FED entre 1979 y 1987, a quien se atribuye la paternidad de la idea, que significa volver a la legislación vigente en 1933, derogada por Reagan), el Vicepresidente Joe Biden, y todo el equipo económico. La gente de la Bolsa respondió a su manera: Wall Street cayó un 2%, pero Citigroup cayó 5,49%, Morgan Stanley 4,21% y Goldman Sachs 4,12%. Al día siguiente, Obama se dirigió a Elyria, Ohio, una población con 14% de desempleo, donde dialogó en mangas de camisa con trabajadores y desempleados y les dijo: “Yo fui candidato para que la economía funcione y no para una élite, sí para los que trabajan duro”. Estos episodios nos muestran la complejidad de los fenómenos políticos en EEUU: Volcker, un duro republicano, logra reimponer las regulaciones, a las que se opusieron Larry Summers, Jefe de Asesores, y Tim Geithner, Secretario del Tesoro, supuestos demócratas, pero viejos asesores de bancos de inversión. Todo cierra: la Suprema Corte de Justicia levantó las restricciones para que las empresas apoyen a candidatos, y hay comicios parlamentarios de medio término en noviembre, para los cuales Obama viene muy mal aspectado. El propio presidente declaró que la reforma es la brutal irrupción del dinero de los grupos de presión. Es una victoria para los petroleros, los bancos de Wall Street, las compañías aseguradoras de salud y todos los grupos poderosos. En su primer Discurso sobre el Estado de la Unión, el 27, Obama anunció medidas fiscales que favorecen la clase media, ayuda a los jubilados, planes para becas, pero el tema principal fue la creación masiva de empleo de buena calidad. Con ello opta por las clases medias y a los sindicatos a costa, como hemos visto, de los grupos más poderosos. Esto puede ser muy peligroso. Obama deberá gestionar un nuevo equilibrio con el fortísimo Partido Republicano si quiere seguir gobernando. El tema de las regulaciones financieras a nivel nacional y a nivel global- está presente también en el Foro de Davos, que culmina este fin de semana

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