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Más allá del negocio

3 abril, 2012 - Estatal

Óscar Monterreal – ATTAC Madrid
A raíz de una noticia publicada en el New York Times recientemente[1], muchas de las voces discrepantes con Eurovegas han puesto el acento en el aura difusa, por no decir abiertamente ilegal, de los negocios del magnate Sheldon Adelson. También se ha cuestionado la veracidad de las cifras del proyecto, especialmente las que hacen referencia a la creación de casi 200.000 puestos de trabajo. Igualmente ha sido muy criticada la posibilidad de que, para acomodar Eurovegas en suelo hispano, se deban modificar leyes fiscales, laborales, ambientales y sanitarias. Tres elementos, dinero sucio, inflación de cifras y laxitud legal a medida del inversor (aceptada por gobernantes vergonzosamente seguidistas), que son razones de peso para oponerse al proyecto.
Pero no son suficientes, porque centrarse exclusivamente en esos aspectos desviaría la atención de la verdadera raíz del problema, que no es otro que la asimilación resignada de que las actuales estructuras productivas de España deben ser aceptadas como una realidad inherente a la propia esencia del país. Creo que el cuestionamiento de Eurovegas debe hacerse independientemente de su limpieza o rentabilidad. Habría que realizarlo atendiendo al modelo económico y sobre todo cultural que pretende perpetuar.
Son el turismo y la construcción los pilares más resistentes de la economía española, los que mejor han soportado los envites coyunturales y los que mayor apoyo han recibido desde el franquismo hasta hoy en todos los niveles administrativos, los grandes grupos inversores y financieros y los medios de comunicación de masas. Pero son dos pilares de consistencia endeble, tanto física como ética. No son un turismo sostenible y respetuoso ni una construcción coherente y mesurada; todo lo contrario, continúan modelos de países con escaso recorrido democrático, recalificando el suelo al servicio de los especuladores, estimulando núcleos de corrupción, contrariando los intereses laborales, ambientales y paisajísticos de los lugares que colonizan y, en definitiva, atentando contra la pretensión de asociar la marca España al progreso político y social[2]. Aceptar Eurovegas, por su magnitud y fuerza icónica, supondría aceptar todo eso y reportaría, como suele ser habitual en estos casos, riqueza a corto plazo (repartida entre algunos) y deuda y miseria futura (pagadas entre todos).
Todo esto nos conduce a las siguientes reflexiones: si lo que necesitamos es mano de obra barata, ¿para qué invertir en investigación y ciencia? ¿Para qué queremos intelectuales? ¿Es necesario fomentar la lectura, invertir en bibliotecas? ¿Por qué reforzar la endeble estructura de nuestro sistema educativo? El gran fracaso escolar español[3] no es preocupante pues: para cargar ladrillos y servir sangría barata no hace falta pisar la universidad. No necesitamos una educación mayoritaria de calidad, basta con concentrarla en unos pocos centros académicos para la formación de las élites políticas, económicas y judiciales. Así ha ocurrido siempre, y así seguirá ocurriendo. ¿O no?
Notas:
[1] NYT, 13 de marzo, acerca de los problemas legales de los negocios de Adelson en Macao.
[2] Recuérdense los incidentes del pasado verano en Lloret. Los extranjeros que participaron reivindicaban su derecho a emborracharse y a tomar la calle, como siempre habían hecho.
[3] Un 31,2% de los escolares españoles no concluye la educación secundaría, el doble de la media UE.

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