Menu

Miedo a un estancamiento económico mundial

16 abril, 2014 - Internacional, Opinió

Andy RobinsonLa Vanguardia
En las asambleas de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial esta semana, detrás de una fachada de optimismo primaveral, se palpaba una creciente preocupación de que la anhelada recuperación -finalmente en marcha tras la hecatombe financiera del 2008 y la gran recesión posterior- acabe siendo el inicio de una new normal -nueva normalidad-, es decir, una era de bajo crecimiento, hasta llegar al estancamiento, para las economías avanzadas.
Esa coincidencia de alivio por el desastre evitado (sobre todo en la zona euro) y preocupación por la travesía del desierto que se presenta, ha caracterizado los debates en Washington esta semana. Tanto la directora gerente del FMI, Christine Lagarde como el ex secretario del Tesoro estadounidense Larry Summers, se han sumado al gabinete de análisis del Fondo bajo la dirección del economista keynesiano Olivier Blanchard en una advertencia colectiva sobre el peligro de una llamada secular stagnation (estancamiento de larga duración).
“Si no actuamos, vamos a tener un subcrecimiento; tasas por debajo de las que necesitamos para crear nuevos puestos de trabajo”, dijo Lagarde en su conferencia ante la prensa esta semana. Esto no es solamente un problema del nutrido grupo de países de la zona euro, cuyas tasas de paro apenas han bajado desde la recesión, sino también en EE.UU. dónde la caída del paro del 10% al 6,3% no ha contrarrestado una menguante población activa -que ahora sólo es del 63% del total- quizás debido a los descensos salariales en una sociedad más desigual que nunca tras la crisis. Pese a ser el único bloque económico que crece con cierta robustez, EE.UU. no logra crear los 250.000 empleos mensuales necesarios para bajar el paro de manera sostenible.
Dos informes publicados el mes pasado por el Fondo destacan el papel de la polarización de la renta entre una élite empresarial y financiera altamente remunerada y el resto, para crear estas raquíticas expectativas de crecimiento. “Niveles más bajos de desigualdad están correlacionados con un crecimiento más rápido y más sostenible”, aseguran los economistas el Fondo. Blanchard hizo notar que por primera vez “el impacto de la desigualdad sobre la macroeconomía será un elemento muy importante en nuestra agenda”.
Summers, otro economista que se ha ido acercando a posiciones keynesianas a lo largo de la crisis, ha expresado su propio temor -en la misma línea que economistas como Paul Krugman y Robert Gordon, el pesimista experto en productividad y crecimiento de la Northwestern University- de que la economía estadounidense sufra una serie de problemas estructurales. Y que su crecimiento en ciclos anteriores haya dependido de burbujas insostenibles, desde la de las empresas puntocom en los años noventa hasta la burbuja inmobiliaria en los 2000.
“El FMI ya se suma a la hipótesis del estancamiento secular”, escribió Summers en el Financial Times. Para generar demanda, hay que mantener los tipos de interés reales por debajo de cero. Pero Summers advierte que, a partir de la experiencia de los años treinta en EE.UU. y Europa, y en Japón en los años noventa, “no hay motivos para pensar que las reducciones de tipos desde estos niveles ya muy bajos vayan a tener un impacto significativo en el consumo”. Es lo que Keynes calificó como “la trampa de la liquidez” y es muy dañina para el crecimiento.
Existen motivos demográficos y económicos estructurales también para pensar que estamos en una nueva era de estancamiento. La población de las economías avanzadas envejece, existen niveles históricamente bajos de inversión y el consumo se ve mermado por la destrucción del poder adquisitivo de un segmento cada vez mayor de la clase media. Asimismo, existe un exceso de ahorro en las grandes economías emergentes. Gordon hasta sostiene que la fase del crecimiento del capitalismo ya se acabó, ya que las grandes innovaciones del siglo XIX y XX jamás se repetirán. “¿Cual es más transformador; el invento de un cuarto de baño con agua corriente y un water con cisterna o una red social como Facebook?” pregunta capciosamente. “Hasta finales del siglo XVIII la economía mundial no crecía apenas; el siglo y medio de crecimiento es excepcional”, sostiene. Es una posición extrema, pero el escepticismo sobre la capacidad de crecer sin burbujas insostenibles como la que debe de estar emergiendo otra vez en la nueva generación de empresas puntocom, tiene cada vez más adeptos.
Mientras, crecen los indicios en Europa de desinflación -en países como España hasta de deflación- que puede dificultar la gestión de los enormes niveles de deuda. “No estamos hablando de deflación sino de una inflación más baja que los objetivos de los bancos centrales que restringe el crecimiento la demanda y el empleo -dijo Lagarde- insuficiente para generar empleo o subidas de salarios para todos”. Esto se ha visto agravado por las políticas de austeridad y los recortes de salarios que se adoptan en Europa en estos momentos para resolver los problemas creados en la periferia por la moneda única, lo cual supone otro sesgo deflacionista. Existe en Europa el peligro de una evolución a la japonesa, que ha mostrado como la falta de inflación conduce al estancamiento económico (tres décadas de crecimiento próximo a cero hasta la adopción de las abenomics el año pasado).
El Fondo tiene la tarea difícil de explicar el peligro de la inflación cero. “Cuando tienes una inflación persistentemente baja empiezan a cambiar las expectativas y hay que actuar de manera preventiva”, dijo Barry Eichengreen, de la Universidad de Berkeley, que participó en la asamblea. Esto es especialmente relevante para España ya que el reto de la competitividad en la zona euro exige una tasa de inflación española menor (o mayor de deflación) respecto a la media de la zona euro, pero será extraordinariamente difícil bajar la deuda pública en España con precios próximos a cero o menores y bajo crecimiento.
“Los mercados se han ido de vacaciones bajando las primas de riesgo, pero en cuanto se vuelva a mirar las ratios de deuda sobre PIB en un contexto de desinflación y muy bajo crecimiento, habrá una reconsideración”, dijo Eichengreen. “Las crisis siempre vienen después de manera más fuerte de lo que se suele anticipar”. Wim Buiter, el economista jefe de Citibank advirtió en la asamblea contra una excesiva complacencia en la zona euro tras la caída de primas de riesgo en la periferia insistiendo en la necesidad de crear una unión bancaria. Tanto Eichengreen como Buiter creen que mayores reestructuraciones de la deuda periférica serán necesarias.
EL FMI también aconseja a Draghi iniciar de una vez por todas una expansión monetaria heterodoxa, al igual que la Reserva Federal, mediante compras masivas de bonos. Summers instó a las autoridades europeas a adoptar medidas para restablecer la demanda en las economías deprimidas, así como sanear el sistema bancario “para que se reanude el flujo de crédito”. Existe cada vez más exasperación en el FMI y en el Tesoro de EE.UU. respecto a la reticencia europea a reconocer los peligros de una era de estancamiento. El consuelo para las economías altamente endeudadas como España es que este reto de crecimiento bajo y precios estables coincidirá con tipos de interés reales en torno a cero.
La economía china
Por si todo esto fuera poco, existen señales de que la economía china -el único gran motor de la economía mundial en los años de crisis- puede estar desacelerándose mas rápido de lo que se pensaba, con consecuencias preocupantes para los grandes países emergentes que han sido el otro polo de crecimiento de la economía mundial en los último años. “China ha sido la gran preocupación de la asamblea”, dijo Barry Eichengreen, invitado a la misma. “El primer tema tratado fue el de los mercados emergentes, cuyo crecimiento se ha frenado en seco y concretamente China”, dijo a Dinero.
En los capítulos analíticos del Fondo publicados la semana pasada, el FMI había advertido sobre el impacto de una ralentización china sobre las grandes economías emergentes como Brasil o Sudáfrica. Una cuarta parte de la desaceleración de estos Brics en los dos últimos años es directamente atribuible a China, sostiene el análisis del Fondo. Los mercados emergentes ya son responsables de una tercera parte del crecimiento mundial. “Los emergentes y Europa no están tirando, de modo que sólo tenemos a EE.UU., un tercio de la economía global, y allí la creación de empleo no es la que debería ser”, advierte Eichengreen.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.