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Negociaciones de la ONU sobre el clima en Bonn: Malos augurios

11 juny, 2010 - Organismes internacionals

Elvira CoronaALAI, América Latina en Movimiento
Comenzaron el pasado 31 de mayo en Bonn las negociaciones de la ONU dentro de la Convención Marco sobre el Cambio Climático (UNFCCC por su sigla en ingles). Una cita importante para establecer un plan de acción aceptable para la lucha contra el cambio climático en la COP16, la Conferencia de las Partes que se celebrará en Cancún el próximo diciembre. Pero las noticias que llegan de Alemania no son buenas. Tras el fracaso de la COP 15 en Copenhague en diciembre pasado, en Bonn parece que no hay acuerdo que allane el camino a Cancún. Las negociaciones terminarán en unos días, pero hasta la fecha no hay ningún avance significativo en este paso intermedio para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y tampoco por la financiación de un modelo más sostenible de desarrollo.
El Secretario Ejecutivo de la UNFCCC, Yvo de Boer, (que será sustituido al término de esas negociaciones por Christiana Figueres) declara: “No veo un proceso que podría conducir a metas de mitigación apropiadas para los próximos diez años”. Estudios recientes encargados por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNDP por su siglas en ingles) indican que si las emisiones no disminuyen, el aumento promedio de la temperatura para el año 2020 reduciría en más del 50% el rendimiento de los cultivos agrícolas en el África subsahariana con efectos devastadores sobre la pobreza y el hambre. “Tenemos que reducir la ambición” para lograr un resultado concreto, dicen muchos de los países involucrados. Pero el futuro del planeta ya no puede esperar y los movimientos sociales piden ” ¡justicia climática ya! ” Pero a partir de un fuerte cambio de paradigma mundial de producción, distribución y consumo.
El fracaso de la COP15 en Copenhague el pasado mes de diciembre ha dejado claro que ninguno de los principales emisores de gases de efecto invernadero – como los Estados Unidos, Australia, Europa, Japón, entre otros – aceptaría que se comprometan a una reducción drástica . El llamado acuerdo de Copenhague se alcanzó en las negociaciones fuera del proceso formal y bajo el liderazgo de los Estados Unidos, con la clara oposición de la mayoría de los países más pobres y potencialmente en mayor riesgo al cambio climático pero con el apoyo de países grandes como Brasil, Sudáfrica, India y China. El acuerdo pretende limitar el calentamiento futuro global en dos grados centígrados, pero para lograr este ambicioso objetivo, de hecho, sólo propone medidas voluntarias para reducir las emisiones, sin introducir ningún mecanismo para lograr este compromiso ni pena para los países que fracasan en la consecución de sus objetivos.
Por esta razón en Bonn, desde la apertura de las negociaciones, muchos expertos creen que tampoco en esta ocasión serán capaces de alcanzar un acuerdo ambicioso, ni en la Conferencia de las Partes que se va a reunir en Cancún al final del año. Según la Comisaría de la Unión Europea para el Clima Connie Hedegaard y el saliente Secretario Ejecutivo de la UNFCCC, Yvo de Boer sería mejor pensar en un espacio temporal más realista, como la COP 17 que se celebrará en Ciudad del Cabo en África en el 2011.
En la conferencia de Bonn están presentes los negociadores de 185 países que están tratando de trabajar de forma continua de los diferentes grupos temáticos. Un hecho que preocupa muchos países es que la presidencia del Grupo de Trabajo sobre las medidas a largo plazo es de Margaret Mukahanana-Sangarwe, la diplomática de Zimbabwe, que acordó incorporar elementos del Acuerdo de Copenhague en el texto básico de la Conferencia de Bonn, y esto ha dado lugar a protestas formales de muchos países que no han suscrito el Acuerdo.
Los documentos actualmente en fase de negociación no explican cómo hacer los recortes y tampoco cómo lograr el objetivo de no incrementar la temperatura del planeta de 2 grados. Sin dejar de lado el hecho de que el grupo de los pequeños Estados insulares en desarrollo y muchos países africanos siguen afirmando que este aumento a nivel mundial se traduciría en 4 grados centígrados en sus territorios, hecho que puede significar su desaparición.
El principal problema político, sin embargo, se refiere a la suerte del Protocolo de Kyoto. El dilema es ampliar su validez o dejarlo y poner en vigor un nuevo acuerdo para el año 2012. Problema que sin duda no debe quedar abierto hasta Cancún. Frente a estas cuestiones fundamentales las posiciones de los países son bastante diferentes, el Grupo Africano por ejemplo quiere un acuerdo en Cancún vinculante, incluyente, eficaz, y no quiere que un nuevo acuerdo sustituya al Protocolo de Kyoto. La Alianza de los Pequeños Estados Insulares, conformada por unos 40 países quiere un acuerdo amplio, ambicioso y legalmente vinculante en Cancún, rechaza que se posterguen al 2011 los compromisos que se hicieron, piden continuidad del Protocolo de Kyoto, se queja, de que los recortes actualmente establecidos en las emisiones globales podrían causar un aumento de la temperatura en sus territorios a 4 grados, una sentencia de muerte para ellos.
El grupo llamado “Umbrella group” compuesto por EE.UU., Japón, Rusia, Canadá, Australia, Ucrania, Nueva Zelanda, Kazajstán, Islandia quiere un nuevo acuerdo marco de largo plazo que pueda sustituir el Protocolo de Kyoto. Por el grupo de los 77 y China el nuevo texto debería hacer hincapié en el compromiso para reducir las emisiones de los países desarrollados y la reunión de Bonn debería producir un nuevo documento de negociación. Por su parte la Unión Europea está satisfecha que el nuevo texto hace referencia al Acuerdo de Copenhague aun si, sin embargo, cada país debe tener objetivos específicos de reducción. Tuvalu la pequeña isla protagonista de la cumbre de Copenhague rechaza cualquier referencia a las negociaciones de Copenhague en el nuevo texto. Sus negociadores han dicho que Cancún está destinado a otro fracaso si el “Umbrella Group no renuncia a sus ambiciones en el clima.
La novedad mas interesante llega de la Bolivia que plantea que el nuevo texto se tomen en cuenta los resultados de la Conferencia de los Pueblos, celebrada el pasado mes de abril en Cochabamba, que se establezca un límite de concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 200 partes por millón (ppm) en comparación con los actuales 400 ppm. Los mismos criterios, basados en la consideración del gasto total promedio en materia de armamento, Bolivia solicitó fijar en el 6% del PIB nacional la contribución de cada parte para financiar acciones contra el cambio climático.

Bolivia y la declaración de Cochabamba
El embajador de Bolivia Pablo Solón destacó las preocupaciones de su país con respecto a la evolución de las negociaciones: “El pasado abril, más de 35 mil personas de 140 países se reunieron en Cochabamba, Bolivia, y han desarrollado el acuerdo histórico de los Pueblos de Cochabamba, un documento de consenso que contiene soluciones de fondo a la crisis climática”, explicó. Y “por que – añadió – nos preocupa profundamente que el nuevo texto propuesto como base para las negociaciones ya que ninguno se refleja de las principales conclusiones alcanzadas en Cochabamba. Hemos presentado estas propuestas en consonancia con las directrices de las Naciones Unidas, de la fecha límite en abril, pero aún no incluida en los documentos de negociación. Cada elemento de la propuesta de Cochabamba ha sido infringido, mientras que cada elemento del acuerdo “en Copenhague”, aunque no reconocida por las Naciones Unidas se ha incluido en la negociación basada en el texto”.
Bolivia pide a las Naciones Unidas a aceptar las conclusiones alcanzadas por los movimientos sociales, de los pueblos indígenas y la sociedad civil internacional en Cochabamba. Indica que no es democrático ni transparente excluir las propuestas concretas de las negociaciones, desde que las Naciones Unidas tendrían que escuchar a la comunidad internacional sobre temas como éste. “En total – ha incluido el embajador Solón – 18 propuestas diferentes fueron anuladas por la base para las negociaciones, incluida la reducción del 50% de las emisiones para los países ricos en 2017, el objetivo de estabilizar los gases de efecto invernadero a 300 ppm, la propuesta de Declaración de los Derechos de la Madre Tierra y un análisis realista de los recursos necesarios para luchar contra el cambio climático”. No puede ser, sin embargo, un proceso de negociación equitativa, transparente e incluyente, o soluciones reales a la crisis climática, si los textos de negociación de la ONU continúan ignorando las voces de los pueblos que los negociadores deberían representar”.

La voz de las organizaciones
“Los negociadores de las Naciones Unidas no deberían ceder ante la presión de EE.UU. y aceptar un nuevo acuerdo en Copenhague que dará lugar a un aumento de la temperatura global de 4 grados y llevará al planeta a la catástrofe”, dijo Agustín Njamnshi de Pan África Climate Justice Alliance, en la conferencia de prensa de presentación de las iniciativas de la red de ONGs sobre el cambio climático Climate Justice Now. Un calentamiento del planeta de esta magnitud – continuó Njamshi – significaría el hambre y la escasez de agua para millones de personas en África y esto no es lo que los negociadores de la ONU están tratando aquí.
Las organizaciones de la sociedad civil señalaron que no sólo las propuestas de la sociedad civil, sino también de muchos gobiernos se han visto marginadas en el proceso de la ONU. “El documento oficial presentado por Bolivia, que contiene muchas soluciones innovadoras propuestas en la Cumbre de los Pueblos del Mundo sobre el cambio climático y los Derechos de la Madre Tierra que se celebró en Cochabamba, todavía se ignora, así como se ha hecho “, dijo en su discurso Elyzabeth Peredo, de la Fundación Solón de Bolivia.

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