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"No es improbable que vuelvan a generarse burbujas financieras"

10 gener, 2011 - Internacional


Patricia MartinoLa Capital, Rosario, Argentina
Todavía queda un largo camino por recorrer para poder decir que el mundo salió de la crisis financiera internacional que explotó sobre finales de 2008, mantuvo en vilo a todos durante 2009 y siguió intimidando en 2010. En un análisis de perspectiva, Eduardo Crespo — licenciado en ciencia política y en economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y profesor de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro (Brasil) — consideró que aún faltan saldar varios temas para que la economía de Estados Unidos pueda repuntar con firmeza y advirtió que en Europa lo peor todavía no llegó. En cambio, el especialista destacó que América latina enfrenta un mejor escenario para 2011.
— ¿Cómo será la economía mundial en 2011?
—Todo indica que Asia, América Latina, África, y demás zonas periféricas seguirán creciendo mucho en 2011. Los precios internacionales de las materias primas se han recuperado, la demanda asiática está creciendo como antes de la crisis, las principales economías de estas regiones sabiamente redujeron sus anteriores niveles de endeudamiento en monedas extranjeras y acumularon cuantiosas reservas en dólares. Y en este momento, al menos en la mayoría de los casos, estos países están aplicando políticas económicas expansivas. Según varios estudios, la demanda de China y asiática en general por alimentos y materias primas, que hoy parece funcionar como el principal motor de buena parte de todo este proceso, seguirá creciendo por varios años. Quizás reproduciendo algo parecido a una curva de Kuznets, que solo podría alcanzar un máximo cuando la urbanización y la industrialización ya hayan superado cierto umbral crítico. En el caso de América Latina, estas tendencias se refuerzan porque tienden a mejorar los términos de intercambio. El motivo, entiendo, es que los precios de los productos industriales que importamos tienden a definirse cada vez más por los costos asiáticos, en tanto que los precios de las materias primas son impulsados hacia arriba también por la demanda de los asiáticos. En el corto plazo, el mayor problema, por cierto no menor, es que todo este proceso genera un piso de inflación bastante alto para toda la región.
—Las expectativas positivas que se prevén para América Latina parecen no replicarse de la misma forma en Estados Unidos.
—Si hablamos de EE.UU. y Europa mi visión es bastante diferente. En el caso de Estados Unidos, la intervención de la FED ha logrado evitar un colapso completo del sistema bancario y financiero. Y en base a ello se viene registrando cierta, y muy incipiente, recuperación. Pero no debe olvidarse que los hogares estadounidenses siguen estando muy endeudados, especialmente los integrados por trabajadores. Y lo peor del caso es que el endeudamiento ha coincidido con un estancamiento estructural de los salarios. En este contexto, no es previsible que EE.UU. recupere altas tasas de crecimiento hasta que el endeudamiento privado no se haya reducido a niveles más manejables. Pero esto probablemente no ocurra en un tiempo breve. Hoy el desempleo abierto en EE.UU. ronda el 10% y ya se escuchan muchas voces pidiendo que el gobierno reduzca el déficit fiscal, medida que retrasaría mucho más aún la recuperación. Por otro lado, Obama no ha impulsado ninguna reforma sustancial del régimen institucional que generó esta crisis. El mercado financiero continúa tan desregulado como antes. Fue rescatado de la quiebra y no pagó nada por el daño causado. Y si a esto se le suma un contexto de bajísimas tasas de interés, no es improbable que vuelvan a generarse burbujas financieras (como en commodities) que temporariamente reimpulsen la economía, pero que una vez acabadas vuelvan a sumergir al sistema en una crisis. Por eso, entiendo que de EE.UU. en los próximos tiempos vamos a seguir recibiendo noticias encontradas, algunas que apuntarán a la recuperación y otras que anunciarán nuevas caídas en los niveles de actividad.
— ¿El escenario para Europa es aún más comprometido?
—Con relación a Europa mi pronóstico es mucho más desolador. Hoy están ante el dilema de un default generalizado y una salida del euro por parte de varios países, especialmente los PIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) o una larga deflación que igual podría terminar en default y con la ruptura del euro. Al interior de la Unión las asimetrías preexistentes han tendido a profundizarse en los últimos años. En todos los PIGS el sector privado se endeudó en forma ininterrumpida (en Grecia también ha ocurrido esto con el sector público) y sus economías mantienen un déficit comercial crónico con Alemania. Lo peor es que son precisamente éstas las economías que más crecieron y que aumentaron su productividad. Sin embargo, han perdido competitividad con Alemania porque en este país las políticas contractivas y de contención salarial permitieron que las mejoras salariales vayan por detrás de la productividad. Antes del euro estas asimetrías se corregían con devaluaciones. Es el caso de Italia durante todo el milagro de la posguerra. Pero ahora, con una moneda común, esta solución no existe. Cada país se ha convertido en una provincia monetaria de un país inexistente. Las políticas fiscales, industriales, salariales, etcétera, son administradas por cada país por separado. El Banco Central europeo no tiene una deuda pública correspondiente a todo el bloque ni se compromete con la performance de los países en apuros financieros. Así, cuando llegó la crisis a Europa, cada país tuvo que salir a rescatar a su sistema financiero sin contar con autonomía monetaria. Y fue en este contexto cuando aparecieron los déficits fiscales en la mayoría de estas economías, al tiempo que comenzó a temerse por el no pago de las deudas públicas. Esta es una de las principales diferencias de Europa con relación a Estados Unidos.
— ¿Con las últimas medidas de estímulo económico en EE.UU. el riesgo de una recaída en recesión se ha reducido?
—No, de ninguna manera. En EE.UU. las medidas aún son insuficientes, ya que abarcan solo al sector financiero. Nadie ha rescatado a la mayoría de los deudores, es decir, a los trabajadores. Por otro lado, las bajas tasas de interés impulsadas por la FED, unidas a la desregulación financiera reinante, pueden promover una fugaz recuperación impulsada por alguna nueva burbuja que una vez acabada vuelva a arrastrar a la economía en la recesión. Lo que no se puede prever es la duración de estos procesos. Y en el caso de Europa las medidas que se están adoptando, entiendo, tenderán a profundizar la recesión y el desempleo.
— ¿Podemos decir que lo más crudo de la crisis internacional ya pasó?
—No, en Europa tal vez lo más crudo aún está por verse, y en EEUU aún no sabemos. En cuanto al resto es previsible que continúen creciendo.
— ¿Se viene una etapa de devaluaciones de las monedas a nivel global?
—Esa amenaza existe y es una tendencia normal en tiempos de crisis. Pero habría que hacer algunas aclaraciones. ¿De qué monedas estamos hablando? Si se trata de las monedas de los llamados emergentes, me parece que hoy existe una tendencia a la apreciación, no a la devaluación. Es más, los países en crisis están presionando para que esto ocurra. Ahora bien, podríamos preguntarnos ¿es previsible una significativa devaluación del dólar o del euro con relación a las monedas de economías emergentes? En el caso del dólar, entiendo que si esto ocurre será más el resultado de una decisión (o presión) política que el fruto de un mecanismo de mercado. Y el motivo es simple: los países que más cuentan en esta historia, especialmente China, fijan la cotización de sus monedas con relación al dólar mediante la acumulación de reservas. De esta forma, entiendo que solo una fuerte presión estadounidense podría promover una devaluación del dólar frente al yuan. En cuanto al euro, tampoco es previsible una fuerte devaluación por el momento. Sobre todo, teniendo en cuenta el horror que los alemanes tienen por la inflación.
— ¿Las políticas proteccionistas se impondrán en los diferentes países?
—Esto efectivamente es muy probable. El proteccionismo siempre se refuerza en períodos de crisis. Y para que esto ocurra no es necesario que se intensifiquen las protecciones arancelarias o las devaluaciones competitivas. Existen muchas otras formas de protección, a veces sutiles, que ya se están implementando en casi todos lados, como medidas paraarancelarias y formas de protección encubiertas como restricciones ambientales, sanitarias, etc. De hecho, muchos autores europeos, como Sergio Cesaratto, señalan al proteccionismo alemán, predominante antes y después de la crisis, como una de las principales causas de la crisis del euro. En otras palabras, la política de mantener a raya los salarios en relación a la productividad, y de impulsar un tipo de crecimiento que reprime la demanda doméstica y solo promueve exportaciones puede interpretarse como una forma de proteccionismo.
— ¿El mercado de deuda se podría despertar?
—En Estados Unidos es muy probable que se intente reimpulsar la economía con un nuevo ciclo de endeudamiento privado. Esto ya ha ocurrido varias veces y los mecanismos son conocidos, al igual que los riesgos. Ahora bien, según varios autores, como Steve Keen, el endeudamiento privado ya ha alcanzado niveles críticos y resulta improbable que un nuevo ciclo de deuda pueda durar mucho tiempo. Ahora bien, en Europa esta posibilidad me parece mucho más improbable aún. Varios estados europeos están caminando por la cuerda floja del default y los diferenciales de tasas de interés entre Alemania y los PIGS han crecido enormemente. Desde la introducción del euro hasta la crisis las tasas que se pagaban en los diversos países europeos habían tendido a converger en términos nominales, en tanto que en términos reales los PIGS pagaban tasas menores porque allí la inflación era sistemáticamente mayor. Esto impulsó un ciclo de endeudamiento privado en todos estos países que explotó con la crisis. Luego, los diferenciales de tasas se han disparado y no creo que vuelvan a converger como antes, por lo menos por ahora. De modo que en Europa no veo probable un nuevo ciclo de endeudamiento, sea público o privado.
— ¿Las decisiones que está tomando China para fortalecer su economía ponen en riesgo a la economía mundial?
—En mi opinión esto no es así. Muchos analistas han apuntado a China como la principal responsable de la crisis. A mi entender estas son manifestaciones del proteccionismo del que hablábamos antes. La expansión de la producción china en el mercado mundial sin dudas puede reducir empleos en Estados Unidos y en Europa. Y el desplazamiento de empresas de Estados Unidos y Europa hacia China puede tener consecuencias negativas sobre el empleo y los salarios norteamericanos y europeos. Ahora bien, China no es responsable por el estancamiento de los salarios en EE.UU., ni por la desregulación financiera irresponsable. Estas son tendencias que se venían imponiendo mucho antes de que China empezase a gravitar en el mercado mundial. Salvo que ahora se descubra que Reagan y Thatcher eran chinos disfrazados de anglosajones, me parece que la explicación hay que buscarla en otra parte. Tampoco se puede responsabilizar a China por las políticas contractivas europeas ni por los horrores institucionales que acompañaron el nacimiento del euro. Es más, la entrada de productos baratos desde China a Estados Unidos ha contribuido a mantener bajos los niveles de inflación, incluso en períodos de elevado crecimiento como la segunda mitad de los 90. Por otro lado, y esto es lo más importante, la crisis no tiene ninguna relación directa con el déficit comercial estadounidense. Al contrario, en el auge de la crisis la demanda de dólares aumentó y muchas monedas se devaluaron con relación al dólar. Y el motivo es simple: la crisis se originó en la incapacidad de millones de deudores norteamericanos a la hora de pagar sus deudas en dólares. Si se tratase de una crisis de balanza de pagos que debilita al dólar, no se entiende por qué EE.UU. está presionando a China y a casi todos los emergentes para que dejen de comprar dólares. Y en Europa ocurre exactamente lo mismo. Las deudas están nominadas en euros y algunas de sus economías, como la alemana, se cuentan entre las más competitivas del mundo. Otros han encontrado explicaciones aún más ingeniosas a la hora de responsabilizar a los chinos. Llegaron a decir que la compra de dólares por China es lo que ha generado las bajas tasas de interés que impulsaron las burbujas financieras. Es increíble hasta donde llega la ideología. Las bajas tasas de interés en EE.UU.  han sido un resultado deliberado de la política de la FED desde los 90s. Y el motivo a mi entender es claro. En tiempos de Clinton EE.UU. impulsó una fuerte reducción del gasto público. En ese contexto, ¿cómo se explica el fuerte crecimiento que experimentó la economía norteamericana en una etapa de contracción fiscal? Para un keynesiano esto podría resultar una paradoja. La ortodoxia económica, que hoy absurdamente acusa a los chinos por las bajas tasas de interés, en ese entonces festejaba la “contracción fiscal expansionista”. Ahora bien, ¿cuál era la verdadera causa de la expansión? Entiendo que la respuesta es sencilla: las bajas tasas de interés impulsadas por la FED estimularon un boom de deuda privado que compensó con creces la contracción fiscal.

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