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Nueve razones por las que la recuperación será anémica

26 agost, 2009 - Crisi sistémica

Nouriel Roubini The Financial Times
La economía global comienza a tocar fondo, después de pasar por la peor recesión y crisis financiera desde la Gran Depresión. En el cuarto trimestre de 2008 y el primer trimestre de 2009, el ritmo de contracción de las economías más avanzadas era similar a la caída libre del PIB en los comienzos de la crisis de 1929.
A finales del año pasado, las autoridades más rezagadas comenzaron a reaccionar; sus esfuerzos no tardaron en dar sus frutos y el deterioro de la actividad económica comenzó a remitir. Ante la actual situación, cabe plantearse tres cuestiones. ¿Cuándo terminará la recesión global? ¿Cómo será la recuperación económica? ¿Hay riesgos de que se produzca una recaída?
A la primera pregunta, parece que la economía global tocará fondo en la segunda mitad de 2009. En muchos países desarrollados, (EEUU, Reino Unido, España, Italia y otros miembros de la zona euro) y en algunas economías emergentes (casi todas europeas) la recesión no remitirá antes de finales de año, dado que los brotes verdes siguen estando rodeados de malas hierbas. En otras economías avanzadas, como Australia, Alemania, Francia y Japón, y en la mayor parte de mercados emergentes, como China, India, Brasil y otras zonas de Asia y América Latina, la recuperación ya ha comenzado a percibirse.
Con respecto a la segunda cuestión, el debate está entre los que esperan una recuperación en forma de V, la gran mayoría, con una rápida llegada del crecimiento, y los que, como yo, creen que la recuperación tendrá forma de U, débil y por debajo de la media durante al menos un par de años.
Para defender la hipótesis de una recuperación en forma de U, paso a exponer algunos argumentos.
Primero, el empleo sigue cayendo drásticamente en EEUU y en otros países: en las economías avanzadas, el índice de desempleo superará el 10% en 2010. Ésta es una mala noticia para la demanda y las pérdidas bancarias, pero también para los trabajadores cualificados, un factor fundamental para el crecimiento de la productividad laboral a largo plazo.
Segundo, ésta es una crisis de solvencia, no sólo de liquidez, pero el verdadero proceso de desapalancamiento todavía no ha comenzado porque las pérdidas de las instituciones financieras se han socializado. Esto limita la capacidad de prestar de los bancos, de gastar de los hogares y de invertir de las empresas.
Tercero, en los países con déficit por cuenta corriente, los consumidores necesitan reducir el gasto y aumentar el ahorro; los endeudados consumidores se enfrentan a la caída del precio de la vivienda y de los mercados de valores, de sus ingresos y del empleo.
Cuarto, el sistema financiero, a pesar de las medidas adoptadas, sigue estando sumamente deteriorado. Las entidades bancarias tradicionales se enfrentan a unas pérdidas potenciales derivadas de préstamos y activos de billones de dólares, además de sufrir una grave falta de capitalización.
Quinto, la baja rentabilidad, debido al alto endeudamiento y a los riesgos de impago, al bajo crecimiento y a las constantes presiones deflacionistas sobre los márgenes corporativos limitarán la disposición de las empresas a producir, contratar personal e invertir.
Sexto, el reapalancamiento del sector público a través del aumento de los grandes déficit fiscales amenaza con desplazar la recuperación del gasto del sector privado. Además, los efectos de los paquetes de estímulos, se dejarán de notar a principios del próximo año, lo que aumenta la necesidad de un incremento de la demanda privada para sostener el crecimiento continuo.
Séptimo, la reducción de los desequilibrios globales implica que los déficit por cuenta corriente de las economías más pródigas como EEUU, reducirán los excedentes de países que tienden al exceso de ahorro, como China y otros mercados emergentes, Alemania y Japón. No obstante, si la demanda interna no crece a un ritmo suficientemente rápido en países excedentarios, la recuperación del crecimiento global será más débil.
Ahora mismo, hay además otros dos motivos por los que aumenta el riesgo de que se produzca una recesión de doble fondo, en forma de W. Para empezar, hay riesgos asociados a que las estrategias de salida de la relajación monetaria y fiscal, hagan lo que hagan la autoridades, saldrán mal paradas. Si se toman en serio los grandes déficit fiscales y aumentan los impuestos, recortan el gasto y acaban con el exceso de liquidez en poco tiempo, frenarán la recuperación, haciendo que la economía vuelva a un estado de estag-deflación (recesión más deflación). No obstante, si mantienen grandes déficit presupuestarios, los vigilantes de los mercados de bonos penalizarán a las autoridades. Entonces, las expectativas de inflación aumentarán, la rentabilidad de los bonos del gobierno a largo plazo se incrementará y los tipos de interés se dispararán, provocando una estagflación.
Otro motivo para temer una recesión de doble fondo es que los precios del petróleo, la energía y la alimentación crecen ahora mismo por encima de los fundamentales económicos y podrían subir más, por la liquidez excesiva y la demanda especulativa. Los 145 dólares el barril registrados el año pasado afectaron seriamente a la economía mundial y, más en concreto, a la actividad comercial. La economía mundial no podría resistir otro golpe, si la especulación hace que el petróleo supere rápidamente los 100 dólares el barril.
En resumen, es probable que la recuperación sea anémica y se sitúe por debajo de la media en las economías avanzadas; y hay un gran riesgo de que se produzca una recesión de doble fondo.

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