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Obama y la reforma financiera

24 agost, 2010 - EE.UU.

José M Félix 7 días (Santo Domingo)
La crisis
Simplificando la explicación de este fenómeno, diremos que fue durante la administración del presidente Bill Clinton (específicamente en 1999) que los grupos de mayor poder financiero lograron finalmente desarmar lo que quedaba del sistema regulatorio bancario con la abolición de la llamada “ley Glass-Steagall”.
A partir de ese momento se borraban de un plumazo las barreras que en el pasado existieron entre las diferentes entidades que conforman el sistema financiero norteamericano, a saber: los bancos comerciales, la banca de inversión, las compañías de seguro, etc.. De esta manera y libres de ataduras legales, los negocios en esta esfera aumentan de manera progresiva, sobre todo a partir del año 2001 en que las tasas de interés descienden ampliamente, este solo hecho va a provocar un incremento abrumador de la deuda personal y corporativa al pasar de ser en conjunto, un 255.3% del PBI en 1997 al 352.6% en el año 2007
Estas deudas fueron masivamente convertidas en títulos negociables y dentro de estos “productos financieros”llamados también “derivados”, había toda clase de deuda pero principalmente préstamos e hipotecas.
Los bancos vieron aumentar considerablemente su nivel de apalancamiento o deuda (aproximadamente 25 a 1 respecto al capital antes de la crisis) con la finalidad de adquirir otros títulos que al mismo tiempo serian objeto de una cadena infinita de compra y venta.
La especulación campeó por sus fueros y en la zapata de todo esto estaban los préstamos hipotecarios.
El sector bancario aumentó su oferta de préstamos en los sectores sociales de ingresos más bajos a cambio de obtener un interés más alto. Aparecen entonces las llamadas hipotecas “subprime” de un alto riesgo crediticio.
Hacia finales del 2006 y como una maniobra del gobierno para salvar el valor del dólar, fueron aumentadas las tasas de interés dando inicio con esto a la desaparición de la burbuja inmobiliaria y al derrumbe del sistema financiero y su larga cadena de especulación, cayendo como fichas de domino, la banca hipotecaria, las compañías de seguro y finalmente todo el sector de Wall Street en el momento en que se desplomaban las acciones del banco Bear Stearns en septiembre del 2008.
La reforma
No se puede negar que la llamada “Dodd-Frank Wall Street reform and consumer protection act” contiene sin duda avances significativos pero a su vez adolece de tener poco alcance en muchos de sus temas. El propio presidente Barack Obama al dirigirse a los líderes del sector bancario en la ciudad de Nueva York el pasado 21 de abril desde la vieja universidad de Copper Union en Manhattan decía:”a menos que sus modelos de negocios dependan del engaño a los clientes, no hay nada que temer en estas nuevas reglas”.Esta frase contenía una critica fundamental a la esencia fraudulenta de un gran número de operaciones financieras en Wall Street (de hecho la semana anterior el banco de inversión Goldman Sachs había sido acusado formalmente por fraude por la SEC) al mismo tiempo que calmaba a su audiencia en torno a las expectativas de alcance de dicha reforma.
La reforma es un documento de poco más de 2300 páginas cuyo contenido adolece de ser poco específico dejando en manos de los reguladores el poder de administrar el impacto de las nuevas regulaciones. Una nueva batalla entre lobistas y defensores de los consumidores se avecina. Pero si bien es cierto que la nueva legislación no impone a los bancos una serie de fuertes medidas que desde el inicio fueron propuestas -la creación de un impuesto al sector en su conjunto de 50 mil millones de dólares ; el restablecimiento puro y simple de la ley Glass-Stegall ; la creación de una agencia de protección al consumidor con independencia verdadera o la regulación de los llamados paraísos fiscales- no es menos cierto que el sector ha sido afectado por una serie de medidas las cuales inciden en el nivel de riesgo sistémico en que este se desenvolvía.
Dentro de estas podemos mencionar las nuevas exigencias para los préstamos de hipotecas, las cuales obligan a los bancos a obtener completa información sobre los ingresos del solicitante y de su capacidad real de pago, al mismo tiempo que prohíbe el otorgamiento de incentivos (premiums) a los corredores (brokers) para que contraten préstamos hipotecarios lesivos a los prestatarios (altas tasas de interés). Esta medida provocará una disminución considerable de las hipotecas subprime las cuales como es sabido, estuvieron en el centro de la crisis.
Conjuntamente con éstas ha sido reducida aunque no eliminada, la capacidad de los bancos de negociar con contratos de derivados no regulados (los que según algunos alcanza la suma de us$600 trillones) haciendo que estas transacciones se hagan a través de un mercado centralizado o cámara de compensación la cual obligaría a las partes a una mayor transparencia y seguridad de los mercados. Con esta nueva regulación se estarían evitando fenómenos especulativos como los que en el pasado hemos visto en los mercados de materia prima (petróleo, alimentos etc.) y en el sector inmobiliario con el caso de la AIG.
En lo que concierne a los bancos “demasiado grandes para fracasar” , si bien es cierto que esta reforma no concede al gobierno el poder suficiente para disolverlos unilateralmente, de hecho sí ha restringido ampliamente la utilización del dinero de los contribuyentes para su liquidación, a saber: 1) limita el pago a los suplidores del banco a lo que legalmente le correspondería en un proceso de bancarrota, 2) la corporación federal de seguro de depósitos (FDIC en sus siglas en ingles) pagaría la liquidación y luego vendería los activos del banco para cubrir los costos y en el caso de que estos resultasen insuficientes, pudiera cubrirse implementando multas a otros bancos, y 3) podría en ultima instancia hacer devolver a sus principales ejecutivos las bonificaciones pagadas a estos en los últimos dos años .
Estas en apariencia simples regulaciones, aunadas a cientos de otras más, imposibles de abordar en un solo artículo, habrán de afectar la cultura de libertinaje que amenazó con el colapso de la economía mundial.
Nadie podrá evitar el surgimiento de nuevas crisis del sistema (aun existen mercados no regulados en otras partes de mundo) así como tampoco la aparición de nuevas burbujas en el futuro, pero de lo que sí estamos seguros es de que esta reforma, la más integral de todas, se ha convertido en un triunfo político del presidente Obama y del Partido Demócrata y obligará a todos los participantes a actuar con mucha mayor moderación y cordura en el futuro inmediato.

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