Menu

Parche financiero

31 juliol, 2010 - Entitats financeres

Alberto AmpueroMundo Popular
Se firmó la mayor reforma al sistema financiero desde la Gran Depresión y lo curioso es que en Wall Street no hubo llantos. ¿Por qué?
La respuesta está en que la reforma no limita el tamaño y poder de los bancos más grandes, no resucita la ley Glass-Steagall, que alguna vez separaba la banca (normal) comercial de la banca (de casino) de inversiones. En otras palabras, no hace nada para cambiar la estructura básica de los bancos.
Claro que sería una exageración decir que la reforma es nada; también llamarla ‘transformación mayor del paisaje financiero’.
La reforma está acorde con el diagnóstico oficial sobre las causas de la crisis (la codicia de Wall Street, la falta de regulación estatal) y encaja en la idea de “domar a los mercados” para impedir nuevas crisis.
Todo se habría iniciado en los primeros años de la década de 2000, cuando se produjo un exceso de ahorro, y por lo tanto una gran liquidez, a nivel mundial. Por esa época fondos provenientes de Asia y de Medio Oriente buscaron refugio en USA. A esto se sumó que las empresas tuvieran también excesos de ahorros líquidos. De conjunto, estos ahorros permitieron que hubiera una baja tasa de interés (coincidente con la política de la FED en ese momento) y proveyeron el combustible para la expansión del crédito y de las finanzas. Las bajas tasas de interés también fomentaron el aumento de los precios inmobiliarios y de diferentes tipos de activos financieros. A su vez, la suba de estos activos posibilitó un creciente apalancamiento financiero (los títulos se entregaban como colaterales para pedir más préstamos, que empujaban nuevas alzas de los activos, etc.). Al mismo tiempo se crearon nuevos y complejos instrumentos financieros que generaron la impresión de que el riesgo se dispersaba, y las inversiones eran seguras; lo que metía más combustible a la burbuja. Todo esto llevó a la sobreexpansión de la construcción de viviendas, y a la burbuja inmobiliaria; que fue alimentada por la codicia de los banqueros y la falta de controles.
En conclusión, dice Rolando Astarita. La liberalización de los mercados (realizada en época de Reagan) había llegado demasiado lejos y era hora de ajustar las clavijas.
La Casa Blanca promete “remodelar” la manera en la que se hace negocio en Wall Street y “redefinir” el papel de los reguladores, depositando más poder de supervisión en la Reserva Federal.
Pero la realidad es que los bancos y las instituciones financieras no bancarias la mayor parte de las veces encuentran formas de eludir esas reglamentaciones y obstáculos.
Los banqueros lograron que se descartaran las peores amenazas para ellos, la tasa a la banca, por ejemplo, con la cual se esperaba recaudar unos 19.000 millones de dólares anuales, pero hubo que sacrificarla, para que los republicanos que apoyaban el paquete legislativo no dieran un paso atrás en el momento crucial del voto.
Destaquemos, además, que los banqueros ya están tomando medidas para resarcirse de los mayores costos que pueda ocasionarles la reforma. The New York Times (16/07/10) informa que los bancos están anunciando a sus clientes que aumentarán las comisiones por diversas cuentas, o anularán descuentos.
Significativamente, la agencia de protección del cliente va a funcionar en el ámbito de la Reserva Federal; todo un símbolo de la influencia que seguirán teniendo los bancos en su propia regulación. Digamos también que el personal encargado de regular la actividad financiera desde el Estado proviene, casi invariablemente, de la actividad financiera, algo que los críticos dudan podrá cumplir con esa misión
Pero aún con todas las críticas a los límites de la reforma en sí, no cabe duda de que su promulgación es un triunfo político de primera magnitud para Obama.
Él y su equipo enfrentaron una formidable oposición. El sector financiero gastó casi 600 millones de dólares en cabildeo para evitar que las cosas cambiaran; pero ahora Obama y algunos demócratas usarán el triunfo en el ámbito político y electoral.
Sin embargo, aún no está claro qué tanto apoyo puede lograr Obama tras su victoria legislativa, ya que los estadounidenses siguen molestos por el elevado desempleo y el abultado déficit fiscal.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.