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Pensiones Públicas

18 setembre, 2010 - Estatal

Nuestro sistema de pensiones estará seguro mientras exista una ciudadanía informada y alerta que sepa exigir el uso de mecanismos de recaudación adecuados y solidarios. Modificar las reglas de juego de las pensiones actuales puede resultar necesario para asegurar su futuro y para mejorar su función distributiva.

Daniel Vila Garda – ATTAC Madrid.
Hoy la pensión pública mínima es de 587,80 euros al mes, el superávit de la seguridad social (sí, superávit, ha leído bien) en los seis primeros meses de 2010 ha sido de 6.134,77 millones de euros y el fondo de reserva público acumulado, creado en 2003, es hoy superior a 62.500 millones de euros.
No son datos estimados, porque como sabemos en esto de las pensiones públicas se tiene una gran afición por las estimaciones de los expertos. Pero ¿quién nombra a esos expertos?
Su objetivo permanente es marcar la fecha a partir de la cual quebrará el sistema público de pensiones (a veces, para parecer objetivos, dicen “dejará de ser sustentable”) y para ello apelan a dos recursos: proyecciones demográficas y de evolución del PIB sesgadas y una consideración exclusivamente financiera de las pensiones. Y callan acerca del rumbo de los fondos de pensiones privados.
El sistema de reparto de nuestras pensiones públicas es mucho más que un asunto financiero y las pensiones son mucho más que un asunto económico. Estamos en el centro de un modelo de articulación social que se asienta sobre la solidaridad intergeneracional y reconoce la conveniencia de las decisiones políticas (que aquí quiere decir ciudadanas) sobre los asuntos colectivos. La justa distribución de la renta en cada momento histórico es uno de estos asuntos.
Las finanzas privadas no saben anticipar siquiera sus propias crisis y son los recursos públicos quienes las salvan de la quiebra.
Nuestro sistema de pensiones estará seguro mientras exista una ciudadanía informada y alerta que sepa exigir el uso de mecanismos de recaudación adecuados y solidarios.
Modificar las reglas de juego de las pensiones actuales puede resultar necesario para asegurar su futuro y para mejorar su función distributiva. Pero, para ello hay que reforzar la articulación social y no destrozarla en beneficio de aquellos que nos venden la ilusión suicida de que podemos ser felices en un mundo de individuos aislados.
¿Están en peligro las pensiones públicas? Sí, si se dejan en manos de los llamados “mercados financieros” y de políticos que se someten a sus intereses.

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