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Por qué la economía española no se recuperará

11 febrer, 2012 - Estatal

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España
Para un estudioso de la realidad económica de los países de la Eurozona (que no esté absorbido por el dogma neoliberal dominante en los mayores “fórums” financieros y económicos) es fácil ver cuáles son los mayores problemas que existen en esta zona monetaria, problemas precisamente creados por las políticas neoliberales impuestas por las instituciones que dominan la gobernanza de tales países, tanto en su esfera financiera como en la política. Uno es el problema de la demanda, es decir, de la escasa capacidad de consumo de la mayoría de la población. Esta escasez de demanda contribuye en gran manera al escaso crecimiento económico de los países de la Eurozona. Y otro problema es que los Estados, que en este momento están endeudados hasta la médula, tienen escasos recursos para llenar el vacío creado por la escasa demanda en el sector privado.
El endeudamiento de los Estados no se debe a su “excesivo” gasto público –como los neoliberales continúan acentuando- sino a sus limitados ingresos, resultado, no sólo del escaso crecimiento económico, sino también de las ayudas millonarias a los bancos y a las enormes reducciones de impuestos que ocurrieron en estos países, reducciones que beneficiaron, sobre todo, a las rentas del capital de las cuales derivan la mayoría de ingresos los sectores más adinerados de la población, es decir, los súper ricos. Estos súper ricos se han estado forrando de dinero invirtiendo en actividades especulativas (creando burbujas, bien sea inmobiliarias, bien de alimentos, bien sea de lo que sea) y comprando deuda pública a unos intereses hiperbólicos y exagerados. Ahora bien, ha llegado el momento de que los fondos donde los súper ricos invierten su dinero –los bancos, las compañías de seguros, sus pensiones privadas, los fondos de alto riesgo y otros instrumentos (todo ello conocido como el capital financiero)- tienen también un problema grave: han comprado deuda pública a unos intereses exagerados muy beneficiosos para ellos, pero lo han hecho tanto, que en estos momentos su propia viabilidad depende de que estos intereses se paguen (o que otros bancos compren los bonos públicos que tienen). Y el pánico les entra cuando comienzan a sospechar que tal vez los Estados no puedan pagarles. Y ello está ocurriendo ya en Grecia, y se está extendiendo a otros países de la Eurozona. De pronto, parece que tendrán que reducir sus ganancias y comenzar a acumular pérdidas.
¿Por qué los bancos dudan de que los Estados puedan pagarles lo que les deben?
La respuesta a esta pregunta clave conlleva una cierta esquizofrenia. Por un lado, los llamados “mercados financieros” creen que las cuentas de los Estados se están desmadrando, es decir, que tienen déficits públicos muy altos, y las finanzas públicas colapsarán. De ahí su insistencia en que los Estados tienen que reducir sus déficits públicos a fin de que los bancos les tengan confianza de nuevo. Es lo que se conoce como “recobrar la confianza de los mercados”.
Pero (y es ahí donde aparece la esquizofrenia) cuando se hacen recortes de gasto público, se baja la demanda y el crecimiento económico y se reducen los ingresos al Estado, con lo cual, paradójicamente, el déficit público, en lugar de bajar, continúa subiendo. Es lo que pasa en Grecia (y en España). La estupidez (y no se puede decir de otra manera) de reducir el gasto público en tiempos de recesión está llevando a un suicidio económico. Y los bancos comienzan a ser conscientes de ello. De ahí que ahora tengan dudas de que los Estados con el crecimiento tan bajo, e incluso negativo, puedan reducir su déficit. Y llevan razón en esta percepción. Es imposible crecer económicamente con las “políticas de austeridad” que los Gobiernos españoles (de Zapatero y de Rajoy) y europeos están llevando a cabo.
Se ha establecido así un círculo vicioso. Los bancos presionan para que haya recortes para reducir el déficit de los Estados, pero cuando ello ocurre, baja el crecimiento económico, con lo cual, los Estados dejan de ingresar recursos y aumenta el déficit. Se ha creado de esta manera tal parálisis, que los bancos incluso han dejado de comprar deuda pública, pues ya no se fían de nada ni de nadie. Y cuando reciben más de 500.000 millones de euros (que el Banco Central Europeo les regala, es decir, se los da sin ninguna condición, a un ridículo interés del 1%), lo primero que hacen los bancos es guardarse el dinero (depositándolo en el BCE para que se lo guarde). Mientras, el crédito al ciudadano y a la mediana y pequeña empresa brilla por su ausencia. Las grandes empresas, sin embargo, no tienen ningún problema de crédito, pues tienen más dinero de lo que se puedan gastar. En aquellos países como España, donde la mayoría del empleo lo crean medianas y pequeña empresas, la economía está cayendo en picado y el desempleo está subiendo.
¿Cómo se arregla esto?
En primer lugar, interrumpiendo las políticas neoliberales que han causado el problema que se está imponiendo (utilizo este término porque cada una de ellas es altamente impopular). El hecho de que se mantengan y continúen imponiéndose es porque benefician a unos intereses muy poderosos, incluyendo la banca y las grandes empresas, que están consiguiendo lo que han deseado siempre: debilitar al mundo del trabajo y privatizar el Estado del Bienestar.
Lo que hay que hacer es precisamente lo opuesto, tal como ocurrió en otras ocasiones en que las economías estaban en Recesión y Depresión. Las recesiones de principios del siglo XX (la Gran Depresión) y la existente al final de La II Guerra Mundial en Europa se solucionaron a base de unas políticas expansivas de gasto público, con el objetivo de crear empleo. Los Estados pueden generar recursos imprimiendo dinero y gravando a los sectores más pudientes de la población, que obtienen la mayoría de sus ingresos de las rentas del capital, que se gravan mucho menos que las rentas del trabajo. Y con este dinero pueden crear mucho empleo a través de inversiones públicas, tanto en infraestructuras fiscales (necesarias para el desarrollo económico), como sociales (necesarias para garantizar el Bienestar social de la población). Si España tuviera la política fiscal de Suecia con sus políticas de recursos humanos, el Estado español ingresaría 200.000 millones de euros más, creando cinco millones de puestos de trabajo, consiguiendo que los empleados en el Estado del Bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social, entre otros) pasarán de ser de uno de cada diez adultos (como hoy, uno de los más bajos de la UE-15), a uno de cada cuatro, como en Suecia. Existe una gran urgencia en que el Estado (ya sea central, como autonómico o local), cree empleo en los servicios públicos del Estado y, muy en especial, en los servicios del Estado del Bienestar, que están subfinanciados y donde hay gran escasez de recursos humanos. Pero, además de ello, los Estados tienen que establecer bancas públicas (en lugar de continuar ayudando a la banca privada) que garanticen la disponibilidad del crédito. Con el dinero que se han gastado ayudando al capital financiero privado podrían haberse establecido bancos públicos que garantizaran la disponibilidad del crédito.
 ¿Podrían llevarse a cabo tales políticas expansivas en España? ¿Lo permitiría la Unión Europea?
Y ahí está el “quid” de la cuestión. Cuando uno propone medidas expansivas (y lo he estado proponiendo desde el inicio de la crisis), la respuesta inmediata es que esto no puede hacerse en el ámbito de un solo Estado. Pero ello no es cierto. Vemos los datos. Y ruego a los que estén en desacuerdo que provean otros datos. El Gobierno español podría haber hecho muchas cosas diferentes, incluso en las coordenadas existentes hoy. Por ejemplo, en lugar de recortar 600 millones de euros en los servicios domiciliarios, destruyendo empleo, se podrían haber ahorrado estos fondos (evitando la destrucción de empleo) y continuar financiando los servicios domiciliarios a base de reducir el subsidio público a la enseñanza religiosa en los centros públicos, que significa un gasto incluso mayor. O en lugar de reducir los salarios y el empleo público, se podrían conseguir muchos más fondos haciendo que las rentas del capital se graven al mismo nivel que las rentas del trabajo o prohibiendo las transacciones en metálico por encima de 1.000 euros, y así disminuir el fraude fiscal. De esta manera, el Estado se ahorraría incluso más millones que los que se consiguen con los recortes sociales, y con estos fondos se podría crear empleo (ver el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, que Juan Torres, Alberto Garzón y yo publicamos recientemente).
Ni que decir tiene que la salida de la recesión podría facilitarse si se hicieran políticas expansivas a nivel de toda la Unión Europea, o al menos a nivel de la Eurozona. Esta sería mi solución preferida. Pero no veo que ello ocurra en las coordenadas políticas actuales y futuras. El BCE y la Comisión Europea, además del Consejo Europeo, están empapados del dogma neoliberal que refleja el enorme poder que el capital financiero y la gran empresa tienen en ellos. Incluso la “nueva” socialdemocracia continúa estancada en esta sabiduría convencional neoliberal. Como bien señala el economista George Irvin de la Universidad de Londres, en “Social Europe”, es frustrante ver al PD, el Partido Demócrata Italiano (una de cuyas raíces es el que fue el Partido Comunista Italiano) apoyando las políticas de austeridad del mal llamado tecnócrata Monti (un banquero ultraliberal) o el candidato socialista francés François Hollande, presentarse como un parangón de la rectitud fiscal, o al laborista Ed Ball (encargado de temas económicos en el partido de la oposición) indicando que si el Partido Laborista recupera el poder mantendrá los recortes de David Cameron, o al Partido Socialdemócrata alemán evitando comprometerse en políticas expansivas a nivel europeo, por no hablar de la socialdemocracia española que hasta el día de hoy no ha hecho ninguna propuesta de políticas expansivas, siendo su única propuesta la de disminuir la intensidad y la rapidez de los recortes. Sería de desear que la enorme crisis que está ocurriendo en la Eurozona hubiera dado pie a un cambio profundo de sus propuestas políticas, pero ello no está ocurriendo. Continuar esperando es injusto para los millones y millones de personas que están sufriendo como consecuencia de tales políticas neoliberales de austeridad.
De ahí que las izquierdas deberían considerar iniciar una reflexión y debate sobre la conveniencia de que España salga del euro. Suecia, que está en la Unión Europea, está saliendo de la recesión (con un crecimiento de un 3%) mejor que Finlandia, que tiene el euro. De nuevo, esta no sería mi primera solución, pero lo que no es tolerable es que a España se la condene a perpetuar la situación actual, en la que el 48% de jóvenes están en el paro. De todos los escenarios posibles, la situación actual es la peor. El debate en sí puede reavivar la búsqueda de alternativas a las políticas actuales, además de reforzar la postura de España en sus negociaciones con las fuerzas neoliberales que dominan la Eurozona, pues lo último que éstas desean es que los países que despectivamente llaman PIIGS (cerdos en inglés) se salgan del euro: ello significaría un enorme desastre para sus bancos (cuyo comportamiento contribuyó a la crisis que estos países están sufriendo). A no ser que se explore lo inexplorable, el Estado español continuará imponiendo políticas en sentido opuesto a lo que debería hacerse, y terminaremos en una Gran Depresión. Y si no se lo creen, continúen esperando y lo verán.
Artículo publicado en Fundación Sistema
 

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