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Posada Génova

6 agost, 2013 - Estatal, Opinió

Sergio Coladoelplural
A la vista de las explicaciones ofrecidas por Mariano Rajoy a los diputados por el caso Bárcenas, no se entiende demasiado bien que se haya resistido tanto a ofrecerlas, ya que ha servido una buena ración de más de lo mismo. Eso sí, con un punto más de agresividad y de obsesión por defenderse atacando a Rubalcaba. Es posible que el presidente añore los tiempos felices en los que era líder de la oposición y con despachar cuatro insultos y un faisán se podía marchar tranquilo a casa.
Más allá de eso, Rajoy ha exhibido un discurso naif que invita a enternecernos con él, y es que se “equivocó” manteniendo su confianza en aquel gestor y extesorero, ¿no podría pasarle a cualquiera? Él es así, simplemente le “engañó”. Explicó el presidente que lo tuvo fácil Bárcenas porque siempre da la cara por sus “colaboradores”. Y de financiación irregular en el PP nada, aunque Rubalcaba sí le ha acusado de ello. El líder del PSOE ha recordado también que sus amistosos SMS al extesorero se produjeron cuando ya habían salido a la luz las cuentas en Suiza y que parecían los mensajes que se mandan a un “socio”. El coordinador federal de IU, Cayo Lara, señaló también cómo el PP ha concurrido a las elecciones con ventaja pero ha ido más lejos al recordar la otra parte indispensable del sistema: los donantes. Habló de “mordidas”, “licitaciones” y competencia “desleal y fraudulenta” por parte de los empresarios que habrían resultado beneficiados en adjudicaciones, inflando los precios y condenando a quienes concursaban honradamente.
El PP coge un rotulador rojo y hace círculos de buenos-malos, honrados-delincuentes, confiados-mentirosos… Varía la circunferencia, a principio de año la estrecharon un poco y le dieron una patada a Bárcenas que se quedó fuera del círculo de confianza camino de Soto del Real. Ellos cogieron a un gerente honrado y lo ascendieron a tesorero intachable que les traicionó, ¿cómo pudieron ser tan ingenuos? ¿Y qué pasó allí dentro para tal mutación? Y es que en Génova 13 por lo visto conviven en armonía sordidez y Disneyland, papeles apestosos con un entorno en tonos pastel azul y rosa. Malotes y pachorros. Agua y aceite, no se mezclan nos dicen, es un milagro. Aunque sean matrimonio. Ana Mato viajó a saludar a Mickey y a Minnie, ¿qué importa quién pague, aunque sea la Gürtel? ¿De verdad hay que hacer preguntas desagradables cuando el mundo puede ser maravilloso?
A veces hay escenificaciones del bien y del mal reveladoramente caricaturescas. Antes de marcharse a triunfar en EEUU, Alfred Hitchcock rodó en 1939 su última película inglesa, Posada Jamaica. Siglo XVIII, un honorable juez de paz y potentado local en un pueblo marinero en el que merodean piratas que saquean la costa y rapiñan barcos naufragados. Todo ellos con una sórdida posada frente al mar como centro de la trama. La gracia de la película –y no desvelo nada porque se comprueba muy pronto- es que el juez de paz es el cabecilla de los piratas y lleva una doble vida: la honorable frente a la sociedad y la de controlador de los circuitos y resortes de la delincuencia y el contrabando. No era necesidad, era avaricia y ambición de control absoluto, y la adrenalina del riesgo de un caduco aristócrata.
Hace años, cuando Bárcenas era todavía honorable, el periodista Bernard Cassen, de Le Monde Diplomatique y de ATTAC, advertía en una conferencia en Madrid de que el dinero negro y los paraísos fiscales -las Suizas o los islotes bancarios caribeños- no eran ninguna anomalía del sistema, sino su gasolina y su oxígeno. Las fronteras de los circuitos legales e ilegales se difuminan y confunden ya desde antes de que las grandes rutas marítimas avanzaran en la globalización comercial. En las posadas jamaicanas o genovesas –otro puerto de gran tradición, tanto comercial como corsaria- se daban cita gobernadores -embozados o a cara descubierta- con sus licencias y patentes de corso, piratas, contrabandistas y contables -que lo eran precisamente por su habilidad para esconder tesoros y dibujar mapas-.

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