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¿Qué decir a los estudiantes?

9 octubre, 2010 - Opinió

Alejandro Nadal – Comité Científico ATTAC España
La economía mundial está en dificultades. Pero no es lo único que está en problemas. La teoría económica también está en crisis. Y los estudiantes se dieron cuenta de ello antes que sus profesores.
En 2000 un grupo de estudiantes de economía en Francia comenzó un movimiento de protesta contra la forma en que desarrollaba la enseñanza de esta disciplina. Se difundió un manifiesto criticando el abuso en la construcción de modelos cada vez más abstractos y alejados de los problemas de la economía real. La queja más importante era que los programas docentes estaban dirigidos hacia modelos irrelevantes, cada vez más alejados de los problemas del mundo real.
La protesta rebasó el ámbito de las universidades francesas y pronto fue refrendada en muchas universidades de Europa. La rebelión dio lugar a una nueva red de economistas autodenominada “post-autista”, en referencia a la tendencia de la teoría convencional (u ortodoxia neoclásica) a encerrarse en su discurso sin escuchar las señales del mundo. Hoy ofrece una publicación electrónica gratuita (Real-World Economics Review, paecon.net) y un blog (rwer.wordpress.com) interesante.
Desgraciadamente la crítica de los estudiantes es poco certera. Eso es peligroso pues el movimiento corre el riesgo de ser improductivo y de ser recuperado por la ortodoxia de la que tanto se quejan los estudiantes y algunos de sus maestros.
En el blog se ha abierto un debate sobre la crisis de la teoría económica alrededor de una entrada cuyo título es el de este artículo. La discusión muestra que si la rebelión de los estudiantes está justificada, sus reclamos y reivindicaciones están fallos de puntería.
Los estudiantes se quejan de que en la docencia se abusa de los modelos abstractos alejados de los problemas reales. Esto puede dar lugar a una apreciación equivocada sobre lo que efectivamente ocurre en las aulas. Y un análisis erróneo necesariamente conducirá a conclusiones desacertadas y poco efectivas a la hora de buscar cambios.
Para empezar, la enseñanza de modelos teóricos no es en sí misma un problema. La única manera que tenemos de aprehender el mundo real es a través de estructuras teóricas. Las categorías que sirven para hablar del mundo real fueron construidas y sus conceptos responden a modelos teóricos más o menos completos. Así que de entrada, esa dicotomía sobre modelos teóricos y mundo real merecería una discusión más cuidadosa.
Los estudiantes también se quejaron del abuso en la enseñanza de los modelos de la teoría ortodoxa. Pero, al contrario de lo que este reclamo indica, la verdad es que uno de los problemas centrales en la vida académica es que la teoría ortodoxa, neoclásica, no es objeto de una enseñanza rigurosa.
Éste es un punto clave: la ortodoxia no se enseña bien y por eso ha perdurado tanto. Esto se aplica a universidades privadas y públicas. Por eso que cada año se producen legiones de economistas profesionales que piensan que aprendieron, en algún momento de su carrera, que existe una teoría que demuestra dos cosas. Primero, que los mercados asignan eficientemente los recursos en una economía. Segundo, que las remuneraciones de los agentes en una economía son proporcionales a su contribución al producto nacional.
Ambas ideas carecen de una base científica, racional. Los modelos teóricos de la ortodoxia neoclásica nunca lograron su propósito. O para decirlo de otro modo, sólo alcanzaron resultados negativos. Demostraron que el proceso de formación de precios de equilibrio está indeterminado (la eficiencia es un atributo del equilibrio). También demostraron que la medida del factor llamado capital no es independiente de la distribución del ingreso y, por lo tanto, es incorrecto hablar de la cantidad de capital como algo que determina el nivel de las ganancias.
Estos resultados negativos en la teoría del mercado y la distribución quedaron plenamente demostrados en la década de los setenta. Y fue precisamente el uso de modelos matemáticos, abstractos y alejados de la realidad, lo que permitió alcanzar estos resultados negativos.
Pero estos resultados no son objeto de enseñanza en las universidades. No están considerados en los planes docentes a nivel de la licenciatura, quizás porque se les considera (erróneamente) demasiado complicados. Y en la maestría y doctorado la docencia está dominada por ejercicios que buscan refinar los modelos ortodoxos en bancarrota, que no fueron objeto de enseñanza en la licenciatura.
Por eso sobrevive la teoría neoclásica. Por la ausencia de una enseñanza completa de sus limitaciones y de sus brutales deficiencias. La ignorancia es y ha sido el principal aliado de este instrumento de dominación ideológica.
¿Qué decir a los estudiantes? ¿Qué tal si les decimos, para empezar, que hay que estudiar a fondo el modelo ortodoxo para hacer una crítica rigurosa y exhaustiva de ese discurso autista, alejado del mundo real? Sin ese trabajo, la recuperación de la teoría neoclásica (para la cual la crisis no debería existir) será inevitable.
Artículo publicado en La Jornada.
http://nadal.com.mx

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