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Qué tiene que suceder para que se actúe de otra forma

24 maig, 2012 - Estatal

Carlos Berzosa –  Consejo Científico de ATTAC
La economía española se encuentra al borde del abismo. El desastre financiero de Bankia, y lo que puede venir debido a la situación de otras instituciones financieras, ponen a la economía española en una situación de riesgo evidente. Nunca mejor dicho esto, pues la prima de riesgo crece hasta límites, que se consideraban hace poco tiempo, inaceptables. Las bolsas bajan y muestran una gran inestabilidad. El Gobierno se encuentra desconcertado y desaparecido. La frase del ministro de economía: “ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer y ahora nos tiene que ayudar Europa”, no puede ser más lacónica y refleja un estado de ánimo de impotencia verdaderamente preocupante. Da a entender que tira la toalla. La probabilidad de que la economía española sea intervenida es muy grande, y no hay que desechar la posibilidad del ‘corralito’.
El problema principal reside en que en contra de lo que dice el ministro no se ha hecho precisamente lo que había que haberse llevado a cabo. El economista francés Attali en un libro publicado nada más iniciarse la crisis, esto es en 2008, y con el nombre de “¿Y después de la crisis qué?” dice: “la crisis financiera aún puede manejarse. Esta generación cuenta con medios humanos, financieros y tecnológicos para que la crisis parezca un accidente en el camino”. Cuatro años después resulta evidente que la crisis financiera no se sabido manejar, por eso hemos llegado a dónde estamos y en un estado que en lugar de mejorar empeora por momentos.
Un grupo de economistas, extranjeros y españoles, no hemos hecho otra cosa que denunciar las medidas que se estaban poniendo en marcha para combatir la crisis. Las diferencias que podamos tener, en cuanto enfoque y posiciones teóricas, no ha sido un impedimento para que se produzcan coincidencias en la crítica de cómo se estaba afrontando un problema tan grave como el que estamos viviendo. Hemos predicado en el desierto. La evolución de los hechos, no obstante, nos ha dado la razón. A mi, desde luego, me hubiera gustado equivocarme, pues esta crisis está generando muchos damnificados y está tirando por la borda a las generaciones jóvenes y su preparación académica y profesional.
Los economistas que han tenido predicamento en el poder han fracasado totalmente y sus remedios, que no eran otros que los que nos condujeron a la gran recesión, han demostrado su total ineficacia. Su miopía para entender la complejidad de lo que estaba pasando ha sido demasiado escandalosa. En realidad, lo que habría que hacer es retirarles de la circulación. Sus ideas han quedado absolutamente desacreditadas ante lo que se nos ha venido encima. En su mayor parte han sido prisioneros de las malas ideas que han predominado como dominantes en el mundo económico en las últimas décadas. No han sabido reaccionar a tiempo y no han tenido ni siquiera la capacidad de ser flexibles en sus razonamientos y en sus propuestas. La crisis rompe las reglas y ante hechos nuevos hay que responder con propuestas distintas.
Para la economía española, desde instancias oficiales, organismos internacionales, la patronal, y el grupo de economistas de los 100, se ha insistido hasta la saciedad en la importancia de hacer una reforma laboral más, de las muchas que se han llevado a cabo, y rebajar las pensiones. Ahora, se pone el énfasis en la necesidad de realizar recortes económicos y sociales para combatir el déficit público. Se consideran todas estas medidas como condición necesaria para salir de la crisis y generar empleo. Estos economistas oficiales, no han dicho nada sobre la desigualdad, la concentración de riqueza, y los males del sistema financiero. Tampoco hacen propuestas para reformar el sistema fiscal en una dirección progresiva y no regresiva, que es lo que se está haciendo actualmente y con la finalidad de recaudar más ingresos ante la caída que han sufrido como consecuencia de la baja actividad económica.
Como se puede comprobar, nada de esto ha servido ni siquiera para tranquilizar a los mercados, de los que ya he dicho en más de una ocasión que son insaciables. Los mercados a los que no se ha limitado su poder, y este es uno de los grandes dramas al que nos enfrentamos, se mueven con fines de búsqueda de ganancias rápidas, por lo que desconfían de una economía que no crece, que tiene un sistema financiero endeble, y una gran deuda privada con el exterior. Hay que afrontar todo esto: la falta de crecimiento, el saneamiento del sistema financiero, y lo que es más grave, y a los que se presta escasa atención, la deuda privada externa.
Han sido cinco años de crisis y no se despeja el horizonte. La crisis tiene unas causas estructurales, a las que ya nos hemos referido con frecuencia: la desregulación, la primacía de las finanzas sobre la economía productiva, la globalización sin control, la desigualdad y la creencia ciega en la eficiencia de los mercados. La forma de atajarla es lógicamente abordando los factores que han contribuido a generarla. Nada de esto se ha hecho y tampoco se ha sabido atender al enfermo cuando ha llegado en estado crónico.
La crisis de Bankia es muy grave por lo que esta entidad representa. La responsabilidad principal la tienen los gestores que han dirigido Caja Madrid en los últimos dieciséis años, y luego han pilotado una fusión que ha sido un grave error. También hay una responsabilidad en el Banco de España, que no ha atajado el problema en su raíz, esto, hace cuatro años, en el momento que se produjo el estallido de la burbuja inmobiliaria, y posteriormente ha dado una salida falsa y equivocada a las Cajas de Ahorro.
Se han perdido años con proposiciones y medidas incorrectas a escala global, en la Unión Europea, y en la economía española, como afirma Krugman en su último libro “¡Acabad ya con esta crisis!: “la creciente bibliografía sobre nuestro desastre económico inquiere: ¿Cómo ha pasado esto? Yo, en cambio me pregunto: ¿y ahora qué hacemos? “ La respuesta no es fácil”, puntualizo yo, sobre todo ante una situación que nació podrida por las hipotecas basura, los derivados tóxicos, el endeudamiento y la desigualdad, se ha podrido aún más con el paso del tiempo. Lo que sí tengo claro es que hay que hacer cosas distintas a las que se han realizado hasta ahora, y espero que Hollande sea capaz de introducir un rumbo nuevo en Europa, y nos libere de la disciplina equivocada impuesta por Merkel, y que a su vez también se volverá contra Alemania.
Artículo publicado en Sistema Digital.


 

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