Menu

Reagan lo hizo

5 juny, 2009 - EE.UU.

Paul KrugmanThe New York Times
“Esta es la legislación para las instituciones financieras más importante de los últimos 50 años. Ofrece una solución de largo plazo para las instituciones de préstamos con problemas… De cierta forma, creo que conseguimos el objetivo.”
Eso fue lo que declaró Ronald Reagan en 1982, cuando firmó el decreto ley Garn-St. Germain para instituciones depositarias.
Él estaba, como quedó claro, equivocado en su solución de los problemas de las instituciones de préstamos. Muy al contrario, la ley transformó los problemas entonces pequeños de aquellas instituciones financieras en una verdadera catástrofe. Pero él estaba correcto en lo que se refiere al impacto de aquella ley. Lo que sí se acertó, sin embargo, fue la peor crisis económica desde la Gran Depresión, 25 años más tarde.
Cuanto más buscamos los orígenes de este desastre económico actual, más claro queda que la equivocación que volvió esta crisis inevitable se llevó a cabo al inicio de la década de 1980, durante la era Reagan.
Los ataques a la economía Reagan normalmente se enfocan en la disparidad creciente y en la irresponsabilidad fiscal. Efectivamente, Reagan llegó en una era en que una pequeña minoría se volvió rica, mientras que familias en las clases trabajadoras pasaban por dificultades. Reagan también rompió las reglas establecidas de prudencia fiscal.
Sobre eso: Tradicionalmente, el gobierno de los Estados Unidos sólo llegó a déficits significativos de presupuesto en tiempos de guerra y emergencia económica. La deuda federal como porcentaje del PIB cayó vertiginosamente desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años de 1980. Pero el endeudamiento empezó a crecer nuevamente en la era Reagan; cayó nuevamente en el gobierno Clinton, pero volvió a elevarse en la administración Bush, lo que nos dejó mal preparados para enfrentar una emergencia como esta que está hoy sobre nosotros.
El aumento de la deuda pública, sin embargo, controlado por el aumento de las deudas privadas, sólo fue posible a través de la desregulación financiera. Los cambios de las reglas que regulan el sistema financiero norteamericano es el mayor legado de Reagan. Es el regalo que sigue vigente.
El efecto inmediato de la ley Garn-St. Germain, como dije, fue la transformación de un problema en catástrofe. La crisis de las instituciones de préstamos fue borrada del currículo de Reagan, pero el hecho es que la desregulación acabó dándole a la industria -cuyos depósitos eran asegurados por el gobierno- una licencia para apostar con el dinero del contribuyente, en la mejor de las hipótesis, o simplemente tomarlo descaradamente, en la peor de ellas. Cuando el gobierno terminó de hacer las cuentas, el contribuyente ya había perdido 130 mil millones de dólares, en una época en que eso era una cantidad asombrosa.
Pero hubo también un efecto de largo plazo. Los cambios legislativos de la era Reagan básicamente terminaron con las restricciones del llamado New Deal a los préstamos para hipotecas (restricciones esas que, en especial, impedían que familias comprasen inmuebles sin una entrada substancial en dinero).
Esas restricciones se establecieron en la década de 1930 por líderes políticos que habían acabado de atestiguar una crisis financiera terrible e intentaban prevenir otra. Pero en 1980 el recuerdo de la Depresión ya se había marchitado. El gobierno, declaraba Reagan, es el problema y no la solución; la magia del mercado debe ser liberada. Las medidas de prevención fueron eliminadas.
Junto con las normas fracasadas de préstamos para otros tipos de crédito al consumidor, todo llevó a un cambio radical en el comportamiento de los Estados Unidos.
No siempre fuimos una nación de deudas enormes y poco ahorro: En los años 70, los norteamericanos guardaban casi el 10% de su renta, un poco más que en la década anterior. Fue sólo después de la desregulación Reagan que la institución de préstamos desapareció gradualmente del modo de vida americano, culminando en el nivel casi cero de los ahorros a que llegamos en la entrada de la gran crisis. La deuda privada era de sólo el 60% de la renta cuando Reagan asumió, prácticamente el mismo nivel de la administración Kennedy. En 2007 este número llegó al 119%.
Todo eso, pensábamos que era algo bueno: claro, los americanos estaban acumulando deudas y no guardaban un centavo de su salario, pero su economía parecía estar bien, si observásemos los valores galopantes de sus propiedades y de su portafolio de acciones. ¡Ups!
Ahora, las causas aproximadas de la crisis económica actual se atribuyen a eventos que ocurrieron mucho después de que Reagan dejara el cargo: en la superabundancia global de ahorro creado por el superávit de China y de otros países, y en la burbuja inmobiliaria gigante que aquellos excedentes de ahorro ayudaron a crear.
Pero fue la explosión de las deudas en los últimos 25 años que volvieron la economía de los Estados Unidos tan vulnerable. Los mutuarios presionados entraron en mora en masa cuando la burbuja inmobiliaria explotara y el desempleo empezara a subir.
Esa insolvencia causaría el caos del sistema financiero que -mucho gracias a la desregulación de la era Reagan- asumió demasiados riesgos con poco capital.
Hay muchos a quien culpar últimamente. Pero el más grande de los villanos por detrás de esta confusión fueron Reagan y sus asesores; hombres que se olvidaron las lecciones aprendidas en la Gran Depresión y nos condenaron a repetirla ahora.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.