Menu

Reformar todo, pero cómo

23 octubre, 2008 - Crisi sistémica

Juan Torres López y Alberto Garzón EspinosaAltereconomía
Las medidas que han venido tomando los líderes mundiales para afrontar la crisis económica están orientadas sobre todo a procurar a los bancos la liquidez que han volatilizado en los últimos años y a tratar de devolver la confianza a los mercados. Para ello no han dudado ni siquiera en nacionalizar bancos, poniendo así patas arriba la sacrosanta libertad de mercado que siempre nos han querido hacer creer que es el principio que permite que la economía funcione mejor.
Pero las medidas tomadas hasta ahora ni han permitido poner fin a la oleada de quiebras ni, por supuesto, a la transmisión a la economía real de los problemas financieros que ha creado la banca internacional. Es preciso avanzar mucho más, les guste o no a los grandes capitostes de las finanzas, y poner sobre el tapete una nueva forma de entender la actividad bancaria, las relaciones financieras internacionales y la financiación de la vida económica.
Las medidas que están tomando son caras, costosas en dinero pero también en términos sociales, y poco efectivas porque no afectan a los problemas estructurales que han provocado la situación actual. Los responsables de la economía mundial están abocados a concretar fórmulas de futuro, nuevas reglas del juego y criterios de funcionamiento y de responsabilidad para los próximos tiempos.
Seguramente, lo que se está discutiendo ahora es quién llevará la iniciativa y cómo hacer frente a los primeros costes que generará la ruptura que inevitablemente vendrá a continuación. Y lo más posible es que eso se traduzca en una serie de conferencias internacionales a celebrar en los próximos meses.
Asistiremos entonces a la exposición de muchas posturas diversas, de intereses distintos que no siempre se expondrán con gran nitidez y sinceridad. Y también a un juego soterrado de influencias y presiones para evitar que los poderosos de siempre dejen de serlo, por muy grave que haya sido el estropicio que han provocado.
Tienen tres grandes problemas delante de sí. En primer lugar, establecer una nueva regulación de las finanzas internacionales que evite la opacidad, la especulación irracional y la financiarización desbocada de los últimos decenios. En segundo, crear nuevas condiciones para la actividad bancaria que aseguren los flujos de financiación que necesita la actividad económica real. El tercero, hacer frente al declive del dólar como moneda de reserva y referencia internacional, algo hoy día inevitable por la situación de la economía estadounidense.
No todos desean que todo eso se afronte. Y no todos disponen de fórmulas que puedan o deseen ser asumidas por los demás. Y, por supuesto, no todas las fórmulas que se vayan a ir barajando van a tener las mismas consecuencias en la economía internacional, en los países y en los grupos sociales.
Por eso sería imprescindible que el debate venidero no fuese solo una discusión entre líderes, expertos o grupos de presión sino una deliberación abierta en el conjunto de la sociedad.
El pasado reciente nos ha permitido contemplar el desastre que supone dar barra libre a los especuladores, dejar a los bancos centrales al margen del control social y hacer de la política monetaria un instrumento independiente de los demás objetivos de la política económica, no poner coto a la actividad bancaria desnaturalizada por la especulación financiera y, en definitiva, dejar que las finanzas se separen de la economía real.
Ahora es el momento de poner fin a esos desmanes, pero eso no se logrará si las decisiones las toman los mismos de siempre.
Por ello nos parece que en estos momentos es más imprescindible que nunca la movilización intelectual y ciudadana. Las izquierdas deben proponer alternativas, hacer un esfuerzo ingente por trasladar a los ciudadanos las causas de la crisis y las respuestas distintas que se requieren para que no sean los desfavorecidos quienes sufran sus peores consecuencias.
Cualquier otra tarea es ahora mismo secundaria.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.