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Responsabilidades y liderazgo

13 juliol, 2010 - Crisi sistémica

Juan Tugores Ques Expansión.com
En un mundo en que la internacionalización económica ha sido mucho más amplia que la sociopolítica, se plantea el problema de la responsabilidad en la provisión de un razonable marco de reglas y compromisos de estabilidad globales, lo que a veces se denomina un “sistema” internacional.
En las épocas en que ha habido un liderazgo claro de una potencia, ésta ha asumido de facto la tarea, mientras que en las etapas de multipolaridad la alternativa ideal de cooperación ha fallado a menudo, dando lugar a tensiones que cuando han ido demasiado lejos han resultado conflictivas (generando un “no-sistema”, en la jerga).
Un problema crucial que se encuentran los países más importantes son las eventuales tensiones entre sus prioridades domésticas y sus eventuales responsabilidades al frente del sistema internacional.
A finales de los 1960 y principios de los 1970, Estados Unidos priorizó una política económica generadora de más inflación y tipos de interés más elevados de los que razonablemente convenían al conjunto de la economía mundial: el sistema de tipos de cambio fijos de Bretton Woods no sobrevivió, prefiriéndose entonces generalizar la flotación de divisas a otras propuestas, como la versión original de la tasa Tobin, coadyuvando a la crisis de 1973-1974.
A escala regional europea, a finales de los 1980 y principios de los 1990, Alemania priorizó las urgencias domésticas para financiar la reunificación con unos tipos de interés elevados, que originaron serias tensiones en el Sistema Monetario Europeo –una primera amenaza de descarrilar la moneda única, incluso antes de su nacimiento– y contribuyeron a la recesión de 1993-1994.
En la actualidad, la transición a un mundo con liderazgo más multipolar complica las cosas. Las experiencias históricas muestran riesgos de inestabilidad ante la dilución de las responsabilidades, presentando los llamamientos a la coordinación internacional rendimientos decrecientes como muestra ha evidenciado la cumbre de Toronto del G-20.
Consciente de las tensiones, China trata de lanzar mensajes de flexibilización de su tipo de cambio
Encaje de intereses
Pero son apreciables entre las grandes potencias heterogeneidades en el encaje entre intereses domésticos y los internacionales, y asimismo compromisos muy diversos con las responsabilidades de alcance global.
Consciente de estas tensiones, China trata de lanzar mensajes de flexibilización de su tipo de cambio, ante la insistencia de muchos (pero no todos) en que la infravaloración artificial de su moneda perpetuaba de forma egoísta un modelo de supercompetitividad perjudicial para el resto del mundo, en la línea del compromiso del G-20 de que los países con superávit exterior expansionen la demanda interna y la reorientasen a componentes más domésticos que redujesen o desacelerasen su contribución a los desequilibrios externos.
Estados Unidos dice asumir de forma pragmática su alícuota de contribución al “crecimiento sólido y equilibrado” mediante aumentos de su ahorro, de momento privado y se anuncian planes para reducir el drenaje del (des)ahorro público, aunque con pragmatismo, en línea asimismo de moderar su déficit exterior.
Y la situación más polémica es la de Alemania: por posición exterior, le correspondería aportar demanda tanto desde la perspectiva de la economía global, a la china, como desde el punto de vista de una economía europea convertida es el eslabón débil de la recuperación mundial, en buena parte debido a los excesos indisociables de los acreedores alemanes y los deudores del Sur y del Este del Viejo Continente.
Pero frente a ello, Alemania prioriza las que percibe como urgencias domésticas de consolidación fiscal, pese a los riesgos contractivos no sólo teóricos, sino contrastados en episodios históricos anteriores como los ya mencionados.
Frente a los que sostienen que Alemania debe “predicar con el ejemplo” para exigir austeridad y disciplina a los países con más excesos acumulados, especialmente a los que ya no disponemos de la herramienta de ajuste del tipo de cambio nominal –pero, recordemos, sí del tipo de cambio real–, tal vez sea más razonable la alternativa de que sería más eficiente, y más a la altura de las corresponsabilidades teutonas en la situación presente, requerir esa austeridad ofreciendo desde el liderazgo europeo un planteamiento más expansivo… que, además, reforzase la contribución de Alemania y de Europa a las delicadas responsabilidades globales.

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