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Rompiendo barreras en los derechos de las mujeres

8 març, 2010 - Opinió

Helen Clark La Jornada
Han pasado 15 años desde que mujeres y hombres de todo el mundo se reunieron en China para la Conferencia sobre la Mujer, donde se firmó la Declaración de Beijing. Desde entonces, han habido verdaderos avances en cuanto a la eliminación de obstáculos para la igualdad de la mujer. Ese progreso significó un tremendo esfuerzo y compromiso, y se debe agradecer a todos aquellos que contribuyeron incansablemente.
Sin embargo, aún hay muchas mujeres en todo el mundo que no disfrutan de ese progreso en la esfera política ni en la económica, ni en la social.
Como ex jefa de gobierno, sé que llegar a la cima política es posible, pero también sé que es difícil de lograr para las mujeres. Las nueve mujeres que en la actualidad son jefas de Estado o de gobierno merecen elogios por haber ascendido a esa posición, así como también las mujeres que ocupan escaños en los parlamentos. Pero las mujeres, actualmente, sólo representan el 18 por ciento de los legisladores a nivel mundial, por lo tanto, aún estamos lejos de la meta del 30 por ciento que se propuso hace 15 años. Al ritmo actual de progreso, llevaría otros 40 años para alcanzar la paridad de género en los cuerpos legislativos nacionales. Aplaudo las iniciativas que se están emprendiendo en algunos países para aumentar la cantidad de mujeres legisladoras, y animo a otros a considerar la implementación de tales medidas.
Las mujeres se están incorporando a la fuerza de trabajo en cantidades cada vez mayores, pero casi dos tercios de las mujeres en el mundo en vías de desarrollo tienen empleos vulnerables, trabajando por cuenta propia o para la familia sin remuneración. En Asia meridional y África subsahariana, ese tipo de trabajo representa más de 80 por ciento del trabajo de las mujeres. La crisis económica ha obligado a las mujeres a tomar este tipo de trabajo, con poca protección social. Se deben aplicar las perspectivas de género para promover la recuperación, de forma que las mujeres también puedan beneficiarse.
En materia de educación, los avances han sido desparejos. En algunos países, las mujeres se ubican al frente en todos los niveles del sistema educativo y representan la mayoría de los estudiantes en algunos programas de educación superior. En otros países, la educación primaria y secundaria para las niñas es inferior o no está disponible, lo que impide que las nuevas generaciones de mujeres, y de hecho naciones enteras, alcancen su máximo potencial. Esto debe cambiar.
La salud de las mujeres, especialmente la salud reproductiva, continúa siendo un grave problema y con frecuencia ignorado. Más de medio millón de mujeres mueren cada año –o una mujer por minuto– debido a complicaciones durante el embarazo o el parto. 25 años después que comenzó la epidemia del VIH/sida, la inequidad de género y las relaciones de poder desiguales mantienen a la mujer en peligro. Mientras que la mitad de la población que vive con VIH/sida a nivel mundial son mujeres, en África subsahariana aproximadamente 60 por ciento son mujeres, y en algunas zonas las niñas son entre 2 y 4.5 veces más susceptibles que los niños a contraer la infección.
En 2008, La Resolución del Consejo de Seguridad 1820 fue la primera resolución que reconoce la violencia sexual relacionada con el conflicto como un asunto de paz y seguridad internacional. Este paso tan importante debe ser seguido por acciones para asegurar que los perpetradores de violencia sexual y de género sean procesados judicialmente. El reciente nombramiento de Margot Wallstrom como la primera subsecretaria general de las Naciones Unidas para la Violencia Sexual en los Conflictos garantizará que estos asuntos continúen siendo prioritarios para la ONU.
Las mujeres pobres tienen acceso limitado a los recursos y la información, derechos restringidos, y movilidad limitada, todo lo cual las hace especialmente vulnerables a las consecuencias del cambio climático. Por su bien y por el bien de nuestro planeta, este año necesitamos avanzar hacia un nuevo acuerdo sobre el clima.
Para lograr igualdad real para la mujer, debemos continuar trabajando por su empoderamiento político, económico y social. La nueva entidad de género creada por Naciones Unidas proporcionará una poderosa voz para las mujeres y niñas en estas áreas, y yo espero que produzca cambios en las vidas de las mujeres del mundo en los próximos años.
Me siento verdaderamente inspirada por los muchos ejemplos de progreso sustancial que cada día se observan para las mujeres. Mi sueño, este Día Internacional de la Mujer, es ver que el progreso se extendió de manera que todas las mujeres del mundo obtengan mayor seguridad económica, social y personal en sus vidas.

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