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¿Será Obama un nuevo Roosevelt?

16 desembre, 2008 - EE.UU.

Vicenç NavarroEl Plural
En contra de lo que se dice a menudo, la Historia nunca se repite. Que haya parecidos en distintos momentos históricos, de acuerdo. Pero repetirse, repetirse, nunca. Esto viene a colación de las semejanzas que existen entre la Gran Depresión que ocurrió a principios del siglo XX, y la crisis económica y financiera que estamos y estaremos experimentando por varios años ahora, que podrían llamarse la Segunda Gran Depresión. Hay en ambos periodos históricos muchos elementos en común que contribuyeron a la crisis. Uno de ellos es la enorme polarización de las rentas, con ganancias sin precedentes en el capital financiero (antes de iniciarse la crisis) que era y es el centro de una economía altamente especulativa, y que va acompañada de un enorme empobrecimiento de las clases populares, que tienen dificultades para llegar a fin de mes. Esta polarización de las rentas con descenso de la capacidad adquisitiva de la población significó en la Primera Gran Depresión que no hubiera suficiente demanda de productos que estimulara la economía. De ahí la propuesta realizada por Keynes, de que se tenía que aumentar los salarios y el gasto público a fin de estimular tal demanda. Una situación casi idéntica ha estado ocurriendo ahora en los países desarrollados de ambos lados del Atlántico, en el que la crisis es resultado del enorme endeudamiento de la población por un lado, y la enorme actividad especulativa de la banca por el otro, facilitada por su desregulación, que nos ha llevado a la enorme crisis financiera, que junto con la crisis económica de falta de demanda constituyen la tormenta económica perfecta que estamos viviendo.
Mientras que algunas de las causas de las crisis financieras y económicas son semejantes en ambos lados del Atlántico, las respuestas a la crisis están siendo distintas. En EE.UU. se habla de Obama como el nuevo Franklin D. Roosevelt. Y es cierto que hay elementos muy semejantes entre los dos dirigentes políticos. Uno de ellos es que cuando Franklin D. Roosevelt fue elegido Presidente de EE.UU. por primera vez en 1934 (en medio de la Gran Depresión) ganó con un programa muy moderado, siendo él una persona más bien conservadora que en absoluto estaba al nivel de lo que la situación le exigía. Varios de sus nombramientos en su equipo económico fueron muy próximos a grupos económicos y financieros, algunos de ellos responsables de las crisis. Hasta aquí las semejanzas de Obama con Roosevelt son muy notables. Obama ganó con un programa escasamente progresista y el equipo económico que ha nombrado tiene un pasado más neoliberal que keynesiano, habiendo sido parte del grupo económico de la Administración Clinton que desreguló el capital financiero, una de las causas de la crisis financiera actual (ver mi artículo ¿Es el equipo de Obama pragmático y no ideológico?, publicado en EL PLURAL el 5/12/08). Tal desregulación ocurrió antes que la Administración Bush: ocurrió en la Administración Clinton.
Las respuestas del New Deal
Ahora bien, Franklin D. Roosevelt cambió rápidamente y la causa del cambio fue una gran movilización obrera. En Chicago, por ejemplo, la clase trabajadora estaba en la calle con conflictos en los barrios obreros entre la población y la policía. Tal agitación social fue responsable de que se estableciera el New Deal que tuvo dos pilares. Uno fue el aumento del gasto público para crear empleo, invirtiendo en la modernización del país (el gasto total del New Deal fue equivalente al 56% del PIB). Otro pilar fue el reforzamiento de los sindicatos, estableciendo la Ley Wagner (the Wagner Act) que favoreció el crecimiento de los sindicatos, estableciendo a la vez las bases del sistema de regulación del mercado de trabajo. Su objetivo era equilibrar la relación mundo empresarial-mundo sindical, que estaba excesivamente sesgado a favor del primero a costa del segundo. Como dijo el Presidente Roosevelt, “hasta ahora nos han dicho que lo que es bueno para el empresario es bueno para el país. Nosotros queremos acentuar que lo que es bueno para el trabajador es bueno para el país”. Y así fue. El crecimiento de los salarios fue una de las causas del crecimiento de la demanda aunque el mayor estímulo de la economía fue la II Guerra Mundial en la que el gasto público alcanzó el 129% del PIB.
La situación actual en EE.UU.
Existe hoy en EE.UU. una crisis de enormes dimensiones. Sólo en Noviembre se perdieron 533.000 puestos de trabajo, habiéndose perdido durante este año dos millones de puestos de trabajo. Tal situación está dando pie a una tensión social que puede alcanzar dimensiones desconocidas. El caso más reciente ha ocurrido también en Chicago, donde los trabajadores de una fábrica, informados de que estaban despedidos, tomaron la fábrica y desde entonces viven en ella. Y se ha despertado una enorme simpatía popular hacia ellos. Ha habido una movilización espontánea apoyada por los sindicatos y por la izquierda del Partido Demócrata, el Rainbow Coallition, liderado por Jesse Jackson senior. La mayoría de trabajadores son hispánicos. Y la enorme simpatía hacia ellos ha sorprendido a los trabajadores. Como una de las trabajadoras ha dicho, “esperábamos que nos llevaran a la cárcel, pero la enorme simpatía popular nos está protegiendo”. Y Obama ha expresado su simpatía y apoyo a los trabajadores. Por cierto, es importante que el lector español sepa que cuando una persona pierde su trabajo en EE.UU. pierde también la cobertura sanitaria de él o ella y su familia. Ello explica la resistencia de los trabajadores a ir a la huelga debido al temor de que si el empresario les despide pierdan, no sólo el salario sino también la cobertura sanitaria suya y de sus familias. Ello explica que EE.UU. sea el país de la OCDE con menos huelgas.
Pero junto a la tensión laboral hay una enorme tensión política debida al enorme descrédito de la clase política, descrédito del cual Obama se ha beneficiado al no ser percibido como parte del establishment federal de EE.UU. Ahora bien, algunas de sus primeras medidas han creado gran desencanto y resistencia popular. Una de ellas fue el apoyo suyo a la propuesta del Secretario Paulson (el ministro de Economía del gobierno Bush) que implicó un apoyo masivo a la banca, una medida sumamente impopular. Cerca de un 70% de la población ha indicado que estaba en contra de tal ayuda federal y sólo un 20% la apoyó. Por otra parte, los sindicatos que apoyaron en principio a Hillary Clinton y más tarde apoyaron masivamente a Obama frente a John McCain, expresaron también su decepción y preocupación con los nombramientos del equipo económico. Y el equipo de transición liderado por Joe Podesta que había sido del equipo de Clinton, preparó la propuesta de aumentar el gasto público para crear empleo, preparada por el Instituto de Investigación de Economía Política de la Universidad de Massachussets (tal universidad es una de las canteras más importantes de economistas progresistas de EE.UU.) y el Center for American Progress. Tal propuesta de expansión del gasto público representa la medida más expansionista conocida hasta ahora e implica un gasto de alrededor de 700.000 millones de dólares. Su objetivo más importante es la creación de empleo a través de: 1) obras públicas en carreteras, puentes y ferrocarriles; 2) instalar banda ancha en todas las escuelas; 3) crear un sistema informático electrónico sanitario; 4) construir escuelas y centros sanitarios y otros servicios públicos. Su modelo es el programa no sólo New Deal de Franklin D. Roosevelt, sino también del Presidente Dwight D. Eisenhower cuando en 1956 pasó la Ley Federal de Ayuda a las Carreteras (Federal Aid Highway Act) que construyó 42.795 millas de carreteras, gastándose 128.000 millones de dólares, de los cuales el gobierno federal pagó 114.000.
La otra gran propuesta que los sindicatos están apoyando es la Employee Free Choice Act (EFCA), que facilitaría la sindicalización de los trabajadores, dificultada enormemente por el mundo empresarial. Las encuestas muestran que la gran mayoría de los trabajadores quisieran sindicalizarse (los convenios colectivos sólo cubren a los trabajadores sindicalizados), pero tienen miedo de que el empresario les despida o tome represalias. La propuesta EFCA facilitaría la sindicalización. Obama la apoyó durante su campaña electoral, pero su jefe de gabinete, el Sr. Emmanuel, no ha querido indicar si la Administración Obama la apoyará o no. Que ocurra o no dependerá de la presión popular.
La respuesta del gobierno federal con una expansión muy notable del gasto público contrasta con la moderación en la respuesta a la crisis por parte de la Unión Europea y sus países miembros -incluido el de España-. El gobierno Zapatero ha indicado que invertirá 15.000 millones de euros en creación de empleo a través de obras públicas, siendo uno de los gobiernos europeos que ha comprometido más en este objetivo. El equivalente a la inversión de Obama en España sería alrededor de 80.000 millones de euros. Y esta limitada respuesta se explica, en parte, por los criterios y reglas que la UE ha seguido durante sus años de existencia, siguiendo el Pacto de Estabilidad (que pone frenos al incremento del gasto público) y el Banco Central Europeo que tiene como objetivo primordial (y prácticamente único) el control de la inflación en lugar de la creación de empleo. A no ser que estos criterios y normas cambien, la respuesta de la UE a la crisis económica será muy insuficiente. Sería de desear que hubiera una movilización de la sociedad civil (incluyendo los sindicatos) para presionar al gobierno español a que invierta mucho más en creación de empleo de lo que está proponiendo.

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