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Sólo les queda el miedo

19 gener, 2015 - Estatal, Opinió

Javier Echeverría Zabalza – ATTAC Navarra-Nafarroa
En estos últimos años la represión ha ido aumentando de forma exponencial, tanto en Navarra como en el Estado: múltiples detenciones en huelgas, manifestaciones y asambleas, y también por ideas o actividades puramente políticas; 250.000 euros en multas en toda la geografía de Navarra por diferentes tipos de protesta; endurecimiento del entramado legal a través de la modificación del Código Penal o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como “Ley Mordaza”; establecimiento de unas altas tasas judiciales que impiden el acceso a la justicia de los sectores con menos recursos; aprobación de unas normativas y ordenanzas municipales represivas; etcétera. Está claro que su objetivo es inocular un miedo sistemático en la población con el fin de paralizar o disminuir la movilización de la gente contra sus políticas.
Aunque parezca lo contrario, este incremento de la represión es un síntoma de su debilidad. La élite en el poder y sus acólitos ya no pueden seguir mandando sobre la base de la manipulación y el engaño, no pueden mantener los consensos sociales sobre los que han basado hasta ahora su dominación. Podríamos decir que el sentido común que habían conseguido implantar en la mayoría de la gente se está quebrando y en su lugar se está conformando otra hegemonía sociocultural, otro sentido común en el pensar, sentir y vivir sobre nuevas bases: que no somos responsables todos y todas de esta situación, sino que es una pequeña élite y su cohorte de mercenarios y corruptos quienes nos han traído hasta aquí; que la crisis no es una fatalidad sino que, tras crearla, es la excusa que están aprovechando para quitarnos nuestros derechos, para enriquecerse a nuestra costa con las políticas que nos están imponiendo, para profundizar enormemente las desigualdades sociales extendiendo la pobreza a amplios sectores sociales, incluso con empleo; que este estado de cosas se puede cambiar si nos lo proponemos entre todas y todos, con más participación, organización inclusiva y democracia; que es posible construir otra sociedad y otro mundo mucho más justo y humano, en el que las prioridades sean las necesidades y el bienestar de las personas y la sostenibilidad de la vida, en lugar del máximo beneficio; que, para que todas las personas podamos vivir bien, la solidaridad debe prevalecer sobre el egoísmo; etcétera.
Este es el motivo de su miedo, de las medidas que están tomando y de las nuevas leyes que están aprobando. La misma causa por la que el FMI, la Troika, Alemania… están amenazando a la gente de Grecia con el apocalipsis ante un posible cambio sociopolítico en ese país. El mismo sentido que tienen los discursos del miedo que empiezan a abundar por aquí ante un 2015 apasionante por los posibles cambios sociopolíticos que pueden tener lugar, en Navarra y en el Estado. Utilizan el miedo y nos amenazan porque ellos empiezan a tener pánico por la posibilidad de perder sus privilegios, por el riesgo de tener que dejar un poder que lo tienen patrimonializado.
Pero lo tienen difícil si nosotros y nosotras trabajamos duro y lo más unidas posible. Se están sentando las bases para construir una amplia mayoría social, una amplia unidad popular. Aquí, en Navarra, hace tiempo que venimos trabajando en este sentido y tenemos una confluencia entre diferentes cada vez mayor: en la reflexión y en la acción, en el fomento de la participación y organización de la ciudadanía, en la respuesta a sus agresiones de manera coordinada. Hemos descubierto que el mestizaje es imprescindible si realmente queremos ganar. “Denok batera”, “Parlamento social”, “Kalea denona”, “Asamblea por el Cambio Social”, “debates colaborativos” y unas cuantas iniciativas más son una buena muestra de ello.
Sin embargo, no hay que minusvalorarlos. Tiene un inmenso poder y a partir de ahora vamos a asistir a una ofensiva furibunda para que cunda el pánico. Dirán que, si se produce el cambio de verdad, tendremos el desastre. Utilizarán el “que vienen los vascos”, o los “antisistema”, o los rojos, los verdes, los blancos, los morados, los negros…
Acceder a las instituciones no quiere decir hacerse con el poder. Lo primero hay que hacerlo, pero luego queda lo más difícil: llevar a cabo el cambio social que necesitamos y asentarlo. Pensemos en experiencias propias y ajenas del siglo pasado, en lo que pasa actualmente en algunos países de Latinoamérica o en otras muchas experiencias de cambio social. Utilizarán su inmenso poder financiero, económico, político, mediático… para boicotearnos, para hacernos fracasar. Por eso necesitamos una sociedad empoderada, muy activa y organizada. Esa sociedad todavía no la tenemos, al menos en la medida que necesitamos, y hay que trabajar sin descanso para conseguirla. Sin esto no tendremos el cambio.
Con todos los colores, juntos y organizados, se forma el arco iris. Y el arco iris anuncia que la tormenta ha pasado y que viene un tiempo de sol y esperanza. Si seguimos disputándoles la hegemonía y vamos todas y todos a una, respetando las diferencias que tenemos y destacando lo mucho que nos une, seguro que podremos superar todas las dificultades que nos salgan en el camino y conseguir el cambio social que anhelamos. Denok batera joanez, ez gaituzte geldituko. Aunque utilicen el miedo y la represión. Lo último que les queda.

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