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Sólo un “chin-chin”

2 juny, 2010 - Opinió

Koldo Campos Sagaseta Rebelión
Cuando mi hija Irene tenía poco más de 2 años, un día, sorprendió en el suelo de la cocina a una solitaria hormiga. Fascinada la fue acompañando, a cuatro patas, a lo largo de algunas baldosas hasta que me preguntó:
-Papá mira, una hormiguita… ¿La mato?
Ya ni recuerdo la razón por la que, solidario con la hormiga, intercedí por ella.
Irene, que no parecía dispuesta a aceptar mis alegaciones en favor de la hormiga, me propuso a cambio:
-Sólo un “chin-chin”.
Un “chin-chin” en buen dominicano viene a ser un poco, un poquito… Irene sólo pretendía matarla un pedacito, un algo, un diez por ciento quizás.
Irene estaba entonces muy lejos de saber que las decisiones, las medidas que se adoptan en la vida, generalmente, no admiten paliativos.
Y lo cuento porque, aunque ciertos periodistas, políticos, ministros y jefes de Estado europeos tienen algunos años más que aquella bebé, a tenor de sus comunicados, o se manejan con la misma candorosa ingenuidad que mi hija o son unos canallas.
Ante el terrorista atentado perpetrado por el ejército israelí en aguas internacionales contra una serie de barcos cargados de cooperantes y ayuda humanitaria para la sitiada ciudad palestina de Gaza, ya han empezado ciertos medios de comunicación y políticos a justificar la masacre, las decenas de muertos y heridos, so pretexto de que la “operación israelí ha sido desproporcionada”.
Hace poco más de un año lo decía el presidente del gobierno español luego de que el mismo ejército israelí, la banda terrorista más sangrienta en Oriente Medio, asesinara a centenares de palestinos en Gaza: “Israel es un amigo de España y por ello debemos decirle la verdad: su respuesta es desproporcionada”.
También Europa, al calor de las mismas amistades, coincidía en denunciar entonces la desproporción de la “respuesta”.
Y tampoco era la primera vez que los abanderados de la moral, de la tolerancia y los derechos humanos en la civilista y democrática Europa, insistían en el problema de la proporcionalidad para referirse al genocidio que el bárbaro estado israelí viene llevando a cabo impunemente contra el pueblo palestino.
Entonces no fueron capaces de señalar cuál debía ser la proporción correcta, si acaso 300 muertos en lugar de los 1.500 cadáveres que dejó la “desproporcionada respuesta” israelí en los territorios ocupados; si hubiera sido bueno, quizás, un centenar de niños palestinos muertos en vez de los 400 asesinados; si el uso de las bombas de racimo puede tener cabida en una respuesta proporcionada que Europa apruebe; si bombardear un hospital o instalaciones de la Cruz Roja o de las Naciones Unidas se ajusta a una debida proporción…
Ante la última salvajada terrorista de su socio y amigo, esa recua de cínicos sinvergüenzas que gobiernan los destinos de Europa tampoco ahora nos ilustra sobre la debida proporción en que ese fascista estado puede atentar contra la vida y sembrar el terror impunemente. Sólo el gobierno israelí ha dejado clara su necesidad de “defenderse” y hasta podría, quizás ya lo esté haciendo, apelar en su defensa a un uso proporcionado de la violencia, tal y como se lo requieren sus cómplices, dado que 16 muertos sobre 700 cooperantes que viajaban en la flotilla de la paz apenas es el 0.02 por ciento del pasaje. Tampoco hundieron los barcos ni los bombardearon con fósforo blanco, y hasta prestaron asistencia sanitaria a los supervivientes.
A lo que tampoco Europa da respuesta todavía es a la proporción de resoluciones de Naciones Unidas que puede seguir ignorando el estado israelí sin que ello le represente sanción alguna, incluyendo una posible y, por supuesto, proporcional invasión, o a los años que debe seguir esperando Palestina para recuperar sus territorios ocupados. De hecho, 65 años han transcurrido desde la resolución 181 de Naciones Unidas, en 1947, conocida, curiosamente, como “resolución de la partición de Palestina”, sin que semejante espera parezca lo suficientemente proporcionada como para recuperar su derecho a ser.
Irene ha crecido, y ya no se dedica a perseguir hormigas por la casa a las que aplastar moderadamente, para que el pisotón resulte proporcionado y termine cuantos antes. Peor todavía, ahora se dedica a ver y escuchar los informativos, a leer los periódicos, y así ha acabado sabiendo que todo principio jurídico, ético, constitucional, que todo derecho humano o razón pura… cabe en un chín-chín.

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