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	<title>ATTAC Mallorca &#187; medio ambiente</title>
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	<description>Justícia Econòmica Global</description>
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		<title>Los riesgos neoliberales de alimentarse</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 11:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[crisis alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Gustavo Duch – Consejo Científico de ATTAC España Introducción La pseudoalimentación actual tiene un metabolismo bien curioso: mientras las empresas de la agroindustria nos dan de comer, son ellas las que se engordan. Una receta similar al parasitismo pero mucho más cruel. La obesidad de la cuentas corrientes de las multinacionales de la alimentación (Cargill, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gustavo Duch</strong> – Consejo Científico de ATTAC España<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Introducción</strong><br />
La pseudoalimentación actual tiene un metabolismo bien curioso:  mientras las empresas de la agroindustria nos dan de comer, son ellas  las que se engordan. Una receta similar al parasitismo pero mucho más  cruel. La obesidad de la cuentas corrientes de las multinacionales de la  alimentación (Cargill, Nestlé, Glencore…) es la consunción, la pobreza y  el hambre de más de mil millones de personas en el planeta.<br />
Pero  también -y por eso le llamo pseudoalimentación- este sistema tiene otros  efectos secundarios: que nos alimenta mal o fatal y es un factor muy  relevante en el aumento de obesidad en el mundo y en el aumento de  diabetes, cáncer y enfermedades circulatorias; que destruye los  ecosistemas, ensucia las aguas y caliente la atmósfera; y que además es  el responsable directo de la muerte de 3 millones de personas anualmente  por comer de sus platos. Son las víctimas de las toxoinfecciones  alimentarias.<br />
Alimentos contaminados<br />
Hay pocos datos  estadísticos mundiales sobre las enfermedades producidas por ingerir  alimentos contaminados. Según las autoridades de higiene alimentaria de  Singapur, que mantienen un sistema sanitario de los alimentos bastante  estricto, unos 1.500 millones de personas en todo el mundo son afectadas  anualmente por brotes de enfermedades cuya fuente de contagio son los  alimentos. De ellas –datan-  mueren tres millones. Por ejemplo, en los  EEUU se dan  76 millones de intoxicaciones alimentarias (26.000 casos  por cada 100.000 habitantes, de los que 5.000 mueren), 2 millones en el  Reino Unido (3.400 casos por cada 100.000 habitantes) y 750.000 en  Francia (1.210 casos por cada 100.000 habitantes).<br />
En algunas  ocasiones la toxoinfección se produce al final de la cadena alimentaria,  en el propio hogar, por descuidos en la conservación de los alimentos,  por manipulación o cocción inadecuada, etc. y ahí los sistemas de  control higiénico sanitarios de los alimentos lo tienen muy difícil para  actuar. Sus sistemas de vigilancia, que cada vez son más rigurosos, se  concentran en las fases iniciales de producción, transformación y  comercialización. Pero ni con todos sus sentidos en alerta constante son  suficientes para evitar los clásicos brotes de salmonelosis o las más  preocupantes alarmas alimentarias como las ‘epidemias’ de E.Coli,  dioxinas o la peste porcina. Así que cabe hacerse tres preguntas.  ¿Contamos con el sistema apropiado para garantizarnos seguridad  alimentaria? ¿A qué responden las normativas para la seguridad  alimentaria? Y por último  ¿Quién controla a los controladores de la  seguridad alimentaria?<br />
Garantías para nuestra seguridad alimentaria.<br />
Si revisamos las capacidades, presupuestos altísimos y metodología de  máximo nivel que en los países ricos se dedican para el control de los  alimentos que llegan a las mesas, y revisamos las cifras mencionadas de  intoxicaciones agudas y crónicas por alimentación defectuosa,  advertiremos que quizás ‘el control’ no es el problema. Que no es un  problema de falta de medios (aunque también veremos más adelante, que no  siempre se utilizan correctamente) y que quizás nos falta reconocer que  se ha permitido un sistema alimentario global tan poderoso, tan  gigantesco, y tan concentrado, que es finalmente incontrolable. Un King  Kong sin jaula que pueda contenerlo.<br />
Por varias razones. En primer  lugar no debemos olvidar que éste sistema alimentario no tiene como  premisa producir alimentos sanos y de calidad, sino que está orientado a  maximizar los beneficios vendiendo grandes cantidades de comida barata,  por lo que hay que conseguir –en todas las fases de la cadena de  producción- abaratar los costes. Así tenemos un modelo que no paga como  se merece a las manos artesanas que cultivan los alimentos, niñas y  niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas, se maltrata  hormonalmente a los animales para que crezcan a velocidades innaturales  (¿será por eso que le llamamos comida rápida), se recortan presupuestos  en procesos de transformación, y un largo etc. De hecho la famosa crisis  de las vacas locas y la crisis de las dioxinas en Alemania a finales  del 2010 tienen ese origen. En la búsqueda por aumentar los márgenes  comerciales se alimentaba a las vacas vegetarianas con proteínas de  origen vacuno; y los piensos que contaminaron muchas granjas alemanas  estaban elaborados a partir de residuos de aceites para uso industrial o  subproductos de la elaboración de combustibles agrícolas. Así, con tan  fino paladar, lo difícil, es no enfermar.<br />
En segundo lugar está el  peligro de la ‘gran escala’ en el cual funciona este sistema alimentario  global. Un foco infeccioso en un punto de la cadena, aparentemente  aislado, adquiera mucha amplitud. El informe de la organización GRAIN,  ‘Sanidad alimentaria para quién. El bienestar de las corporaciones  contra la salud de la gente’, cita un interesante ejemplo al respecto. A  finales del 2008, más de 700  personas en los EEUU enfermaron de  salmonelosis por consumir productos con una pasta de cacahuete en mal  estado. Más de 1.800 productos en las estanterías de los supermercados  contenían esta mantequilla que provenía de una única y gran empresa  procesadora de cacahuete. No hubiera sido extraño que cualquiera de esos  productos entrara en algún lote de exportación, globalizando la  toxoinfección, igual que la alimentación está globalizada.<br />
Una particular forma de regular la salubridad de la alimentación<br />
Si una característica es común en los sistemas de control alimentario  es la interesada presunción que convierte a todo aquello que provenga de  esa industria alimentaria globalizada, empaquetada, mil veces  transformada, con muchos kilómetros en sus mochilas, con etiquetas de  trazabilidad… en alimentos más seguros que un tomate adquirido  directamente a un agricultor. De hecho, y como leemos en el informe de  GRAIN referido, «rara vez las regulaciones o estándares frenan las  prácticas corporativas de una manera significativa. Por el contrario,  tienden a reforzar el poder de la gran industria mientras minan e  incluso criminalizan la producción campesina, en pequeña escala, y las  tradiciones locales de producción alimentaria.<br />
Y el ejemplo que  GRAIN pone en este caso es el proceso que se sigue en Colombia para  implementar una legislación que prohíba la venta de leche sin  pasteurizar en áreas urbanas. Bajo la excusa del Tratado de Libre  Comercio entre Colombia y la Unión Europea y compromisos con la  Organización Mundial de Comercio puede aprobarse una normativa que deje a  más de dos millones de campesinos y vendedores minoristas de leche sin  trabajo; y represente, para unos 20 millones de personas colombianas, la  mayoría pobre, una dificultad para adquirir a un precio justo leche  local: una fuente de nutrición accesible y esencial, que al hervirla en  los hogares se vuelve segura con gran facilidad. Bajo la premisa de  modernizar y hacer más competitivo el sector lácteo nacional ante la  entrada de leche europea, aparece un criterio de ‘sanidad alimentaria’  que beneficia sólo a las grandes corporaciones.<br />
Demasiado a menudo,  las normativas sanitarias parecen estar dictadas por intereses  comerciales, y de hecho así se les llama, ‘barreras sanitarias’. Como en  el caso de Colombia aparecen dictámenes que lejos de convertirse en un  impedimento para la aparición de enfermedades de origen alimentario, se  convierten en aduanas para permitir o impedir el paso de algunos  productos sí y otros no. El ‘chocante’ criterio sanitario suele ser: sí a  los intereses de las grandes corporaciones alimentarias, cuyos  productos disponen de pasaporte universal y visados siempre en regla. No  a la pequeña agricultura.<br />
El sospechoso control de la Seguridad alimentaria.<br />
Las normativas que deciden aprobar o no el uso de un transgénico, la  cantidad de veces que un cultivo puede ser fumigado con uno u otro  pesticida o los datos que deben aparecer en el etiquetaje de los  alimentos son adoptadas por los Gobiernos de los Estados y, en el caso  de Europa, por el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, siguiendo  las directrices internacionales del Codex Alimentarius (una comisión  mixta de la FAO y la OMS) y a partir de informaciones y evaluaciones  científicas adoptadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria  (EFSA).<br />
Pero la independencia de la EFSA está en entredicho. La  biografía de las y los representantes de la EFSA está demasiado cercana a  la agroindustria como para poder asegurar dictámenes objetivos e  independientes.<br />
Por las denuncias de  José Bove, Eurodiputado y  Vicepresidente de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, y  con la información del Corporate Europe Observatory (CEO) sabemos de  diferentes casos, y muy graves, de ‘puertas giratorias’ por donde  circulan representantes de la EFSA. De las corporaciones del sector  alimentario pasan a la EFSA y al sentido contrario.<br />
La presidenta de  la junta directiva de la EFSA, Diána Bánáti, era también presidenta de  la junta directiva del ILSI, una de las mayores asociaciones de  promoción de semillas transgénicas. Otro miembro de la junta directiva,  Matthias Horst, ha estado trabajando para la Federación Alemana de  Industrias de Alimentación y Bebidas (donde se encuentran  multinacionales como Nestlé, Kraft o Unilever)  durante más de 35 años.  Milán Kováč, también de la junta del EFSA ha estado en el consejo de  administración del ILSI Europa durante siete años y fue miembro de la  junta de asesoramiento científico del think thank patrocinado por la  industria alimentaria, EUFIC (European Food Information Council- Consejo  Europeo de Información Alimentaria) desde el año 2000. Y así algunos  casos más de importantes cargos de la EFSA relacionados con lobies  financiados por la industria alimentaria para facilitar, por ejemplo, la  introducción de las plantas transgénica en los cultivos europeos. «Gira  que te gira» que decía Eduardo Galeano.<br />
De todas formas, en un  modelo neoliberal, están mal vistas las regulaciones públicas –ni tan  siquiera en asunto de sanidad- y existe una peligrosa tendencia de dejar  los mecanismos de control alimentarios al autocontrol empresarial.    Más barato para fondos públicos dedicados a salvar a entidades bancarias  y financieras. Es el caso de la gripe A, pues la explotación porcina  sospechosa de causar el brote vírico, las granjas Carroll en México,  propiedad de Smithfield fue absuelta por los informes… de los propios  veterinarios de la empresa.<br />
Este tipo de autoregulación ‘por motivos  sanitarios’ también está dando juego a los intereses comerciales de la  nueva plaga del s XXI, las cadenas monopólicas de supermercados, que ya  tienen tentáculos en todos los continentes. En base a estándares propios  o estándares privados voluntarios de nivel europeo, son ellas las que  marcan las condiciones de los productos a sus proveedores, haciendo  entonces inalcanzable sus estanterías para las y los pequeños  productores. Una forma más para favorecer sus negocios verticales, pues  son las propias grandes superficies las que está integrando a su negocio  de distribución, también, la fase de producción.<br />
Soberanía Alimentaria también es Seguridad Alimentaria<br />
Una vez más tenemos dos modos de entender la alimentación enfrentados.  La fabricación industrial de mucha comida a bajo coste, y que ha  arrasado con el sistema de vida de millones de personas campesinas,  pescadoras, pastores, etc. y dicen es el único capaz de alimentar a la  creciente población mundial; o el sistema que –con una experiencia  previa de 10.000 años, no necesita justificarse: la agricultura,  ganadería y pesca a pequeña escala.<br />
Ambos pueden producir alimentos  (o sucedáneos), y ambos modelos pueden tener sus fallas que generan  alimentos contaminados. Pero mientras que la producción y consumo a  pequeña escala de alimentos puede tener un seguimiento y garantías  superiores al complicado e indomesticable entramado de la alimentación  industrial, los  impactos finales son totalmente diferentes.<br />
La salud, y que la alimentación sea parte de ella, también depende de contar con  Soberanía Alimentaria.</p>
<p><em>Artículo publicado en Le Monde diplomatique en español</em><br />
<a href="http://http//gustavoduch.wordpress.com/" target="_blank"><br />
<em>PALABRE-ANDO</em></a></p>

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		<title>El show de Durban: Diplomacia zombie para el apartheid climático</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 06:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Joan Buades</strong> – ATTAC Mallorca</p>
<p>Si  os gustaron las “emociones” del siglo XX, preparaos para las que  viviremos durante el siglo presente&#8230; Recién despachada la cumbre  climática de Durban, en tiempo de descuento y con la mayoría de las  delegaciones quemando carbono en insostenibles vuelos de larga distancia  no afectados por el Protocolo de Kioto, necesitamos recurrir a la  ironía y a la historia para darnos cuenta de dónde estamos como especie.</p>
<p>A  diferencia del paroxismo de Copenhague de hace dos años, cuando parecía  que el mundo tenía al alcance un compromiso firme con la protección del  clima hasta que a los VIP de la gobernanza mundial se les vio el  plumero y todo se fue a pique, en Durban, in extremis, se ha llegado a  un “acuerdo” que les salva la cara ante los telediarios. Básicamente,  consiste en tres grandes “compromisos”: prorrogar el Protocolo de Kioto,  que vence a finales del año que viene, hasta el 2015, promover de aquí a  entonces la aprobación de un texto legal que incluya objetivos para  todos y no solo para los estados industrializados como pasaba en Kyoto  y, mientras tanto, crear un “Fondo Verde” para que llegue dinero al Sur  de cara a su adaptación al cambio climático en curso. Además, está el  anuncio que el próximo año habrá una 18ª Cumbre en Qatar. Es decir, que  hay frenesí negociador para rato&#8230;</p>
<p>Todo ello, se ha podido  embutir en un formato menor, donde han brillado por su ausencia los  mandatarios de las grandes potencias contaminantes (del chino Jiabao a  la brasileña Roussef pasando por prestidigitador Obama y el dúo  Merkozy). Seguro que estaban ocupados en  “resolver-la-crisis-europea-para-evitar-la-recesión-mundial-buscando-soluciones-vía-eurobonos-y-créditos-financieros-de-los-países-emergentes”  (creo que he resumido bien el hilo musical que acompaña la mayor  ofensiva neoliberal de los “mercados” contra la idea de democracia y de  derechos sociales desde tiempos de Reagan y Thatcher). El tiempo es oro,  nunca mejor dicho, y no iban a perderlo en Durban, claro.</p>
<p>No todo  el mundo se lo traga, ya se sabe. En la unión mundial de gente  indignada que reivindica una democracia planetaria donde el clima y la  idea de una sola humanidad tengan prioridad, la sit-com de Durban no ha  hecho gracia. Se critica el guión, pero sobre todo los personajes, los  diplomáticos negociadores, porque no eran creíbles: parecían zombies,  gente que hace las cosas mecánicamente como si estuviera privada de  voluntad. Representaban como espectros un papel que exigía compromiso  con la trama de la vida, con los 7.000 millones de personas que vivimos  ahora aquí y los 2.000 millones más que estarán en 2050.</p>
<p>Porque 14  años después de Kioto y pasadas 17 cumbres mundiales, el estado del  clima que hemos conocido los últimos 12.000 años es extremadamente  delicado. Basta decir que las emisiones de gases letales han subido un  49% desde 1990, el año de referencia. En plena crisis económica global  que habría que disminuir las emisiones, 2010 ha sido el peor de la  historia, con un crecimiento del 5.9%. El “escenario” que dibuja este  ritmo de desequilibrio climático es un Planeta que verá incrementada la  temperatura media quizá hasta el doble de los +2 º C de aumento máximo  sostenible que defienden tanto el IPCC como el “acuerdo” de Copenhague  si no queremos caer en un escenario de catástrofe general.</p>
<p>La  diplomacia zombie se deleita en acusar a China e India —dos Estados  &#8220;emergentes&#8221; que acogen más de un tercio de la humanidad— de incrementar  irresponsablemente sus emisiones. China, por ejemplo, ha duplicado las  emisiones entre 2002 y 2010. Así, las grandes regiones contaminantes  históricas (Norteamérica, la UE, Australia y Japón), que han generado  dos tercios de los gases de efecto invernadero desde 1850, pueden  lavarse las manos de cualquier compromiso concreto y relevante de  reducción de emisiones.</p>
<p>Este es el trasfondo interpretativo de  Durban. Su traducción real es el de un cuadro de incentivos para la  aceleración de la hecatombe climática. Significa un aplazamiento de tres  años de la firma de cualquier tratado vinculante, mantiene la ficción  de la prórroga de Kioto (que preveía la reducción de un 5,2% de los  gases invernadero de los estados industriales en 2012 en relación al  1990) sin comprometer a nada los nuevos &#8220;tigres&#8221; emisores y retrasa la  entrada en vigor de cualquier mecanismo en el 2020.</p>
<p>Además, el  “acuerdo” incluye dos diamantes en bruto. Por un lado, el futuro tratado  ya no se basaría en las exigencias científicas del IPCC de la ONU —que  tantos quebraderos de cabeza han dado a las transnacionales petroleras y  del carbón— sino meramente en la mera “investigación”. Seguro que los  lobbies que han promovido la operación “Climagate” han brindado con Moët  &amp; Chandon. Por otra parte, los estados industriales pondrán 100.000  millones de dólares anuales en el Fondo Verde para el Sur empobreciendo  pueda salir adelante. Pequeño problema: en ninguna parte consta ni cómo  los pagará ni cómo se gestionarán. Lo único claro es que habrá que  esperar a 2020 para que se ponga en marcha. ¿No provoca grima la  tomadura de pelo al Sur más pobre, aquel que no ha creado el problema  pero que es el primero en sufrir traumáticamente las consecuencias del  cambio climático?</p>
<p>Así, Durban se revela como una apuesta de los  encargados políticos del capitalismo de casino para desentenderse del  Sur, que constituye ahora mismo un 80% de la humanidad. Todo seguirá  igual: buscando el crecimiento de base fósil a toda costa, sin  limitaciones por motivos climáticos y sin comprometer ninguna ayuda real  a las víctimas inocentes y masivas. ¿Quién decía que el apartheid había  sido derrotado?</p>
<p>Entre las previsiones que podemos hacer para la  mitad de este siglo, es que, desgraciadamente, este nuevo apartheid hará  verosímil la cifra, colosal, de 1.000 millones de refugiados climáticos  que conjeturaba en 2009 la Organización Mundial de las Migraciones  (IOM). Al amparo de la devastación climática, vamos camino a que se  quintuplique el volumen de migraciones humanas actuales. A la vista de  la regresión actual xenófoba y populista en buena parte del Norte,  ¡cuántas convulsiones sociales no están incubando con consecuencias  apocalípticas!</p>
<p>Y, claro, durante esta década, para el año que  viene mismo en Qatar, ya no quedará ni el subsecretario del  subsecretario con ganas de ir a otra cumbre climática. Este formato de  solución ha acabado por falta de capacidad de liderazgo político global  en un contexto de guerra relámpago neoliberal contra los restos del  Estado del Bienestar en los estados de Norte y de ajuste de cuentas del  nuevo imperialismo chino e indio hacia sus maltratadores históricos.  Habrá que dar prioridad a la construcción, desde abajo y lo más en red  posible, de espacios y experiencias de vida con emisiones cero que den  una oportunidad al Sur, a la agricultura regional y ecológica y el  desarrollo masivo de energías limpias. Es la única forma de generar la  suerte como especie que necesitaremos cada vez más. Sabiendo, con  Hölderlin, que “allí donde hay peligro, crece también la salvación”.</p>
<p><em>Fuente: Alba Sud</em></p>
<p><em>Publicado en Mientrastanto.e<br />
</em></p>

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		<title>Marchando hacia el precipicio</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 09:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>

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		<description><![CDATA[Noam Chomsky – La Jornada Una tarea de la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, que en la actualidad está teniendo lugar en Durban, Sudáfrica, es extender las decisiones políticas previas, limitadas en alcance y solamente parcialmente aplicadas. Estas decisiones se remontan a la Convención de 1992 de la ONU y al Protocolo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm">
<p style="margin-bottom: 0cm"><strong>Noam Chomsky</strong> –<em> La Jornada</em></p>
<div id="article-text">
<p style="margin-bottom: 0cm">
<p>Una tarea de la Convención Marco sobre Cambio Climático de 	Naciones Unidas, que en la actualidad está teniendo lugar en 	Durban, Sudáfrica, es extender las decisiones políticas previas, 	limitadas en alcance y solamente parcialmente aplicadas.</p>
<p>Estas decisiones se remontan a la Convención de 1992 de la ONU y 	al Protocolo de Kyoto de 1997, al que Estados Unidos rehusó unirse. 	El primer periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto termina en 	2012. El ambiente más o menos general anterior a la conferencia fue 	capturado por <em>The New York Times</em> en un titular: Asuntos 	urgentes, pero bajas expectativas</p>
<p>Conforme los delegados se reúnen en Durban, un informe sobre un 	nuevo resumen actualizado de sondeos realizados por el Consejo de 	Relaciones Exteriores y el Programa sobre Actitudes Políticas 	Internacionales (PIPA, por sus siglas en inglés) revela que los 	públicos de todo el mundo y en Estados Unidos dicen que sus 	gobiernos deben dar a una prioridad más alta al calentamiento 	global y apoyan vigorosamente acciones multilaterales para 	atenderlo.</p>
<p>La mayoría de los ciudadanos estadounidenses está de acuerdo, 	aunque el PIPA aclara que el porcentaje “ha estado declinando 	durante los últimos años, de forma que la preocupación de Estados 	Unidos es significativamente más baja que el promedio mundial —79 	por ciento, en comparación con 84 por ciento”.</p>
<p>Los estadounidenses no perciben que hay un consenso científico 	acerca de la necesidad de acción urgente sobre el cambio 	climático&#8230; Una gran mayoría piensa que se verá afectada 	personalmente eventualmente por el cambio climático, pero sólo una 	minoría cree que está siendo afectada ahora, contrariamente a la 	opinión de la mayoría de los otros países. Los estadounidenses 	tienden a subestimar el nivel de preocupación entre otros 	estadounidenses</p>
<p>Estas actitudes no son accidentales. En 2009 las industrias de 	energía, apoyadas por el cabildeo corporativo, lanzó varias 	grandes campañas que arrojan dudas sobre el casi unánime consenso 	de científicos sobre la severidad de la amenaza de calentamiento 	global inducido por los seres humanos.</p>
<p>El consenso es sólo casi unánime porque no incluye a los muchos 	expertos convencidos de que las advertencias acerca del 	calentamiento global no son suficientemente fuertes, y por el grupo 	marginal que niega por completo la validez de la amenaza.</p>
<p>La cobertura habitual de este problema, dijo, se basa en lo que 	es llamado mantener un balance: la abrumadora mayoría de los 	científicos en un lado, y los negadores en el otro. Los científicos 	que emiten las advertencias más sombrías son ignorados en su mayor 	parte.</p>
<p>Un efecto de esto es que escasamente una tercera parte de la 	población de EU cree que existe un consenso científico sobre la 	amenaza del calentamiento global, mucho menos que el promedio 	mundial, y radicalmente inconsistente con los hechos.</p>
<p>No es un secreto que el gobierno estadounidense está arrastrando 	los pies en cuanto a asuntos climáticos. Los públicos de todo el 	mundo han criticado en gran parte la forma en que Estados Unidos 	está manejando el problema del cambio climático, según el PIPA. 	En general, Estados Unidos ha sido ampliamente visto como el país 	que ha tenido el efecto más negativo sobre el ambiente del mundo, 	seguido por China. Alemania ha recibido las mejores calificaciones.</p>
<p>A veces es útil, para tener una perspectiva sobre lo que está 	ocurriendo en el mundo, adoptar la posición de observadores 	extraterrestres inteligentes que contemplan las extrañas 	ocurrencias en la Tierra. Observarían, asombrados, que el país más 	rico y poderoso en la historia del planeta ahora encabeza a los 	<em>lemmings</em> en su alegre avance hacia el precipicio.</p>
<p>El mes pasado, la Agencia Internacional de Energía Atómica 	(AIEA), formada en 1974 a instancias del secretario estadounidense 	de Estado Henry Kissinger, emitió su informe más reciente sobre el 	acelerado incremento de las emisiones de carbono provenientes del 	uso de combustible fósil.</p>
<p>LA AIEA calculó que si el mundo sigue avanzando por su ruta 	actual, el presupuesto de carbono se habrá agotado para 2017. El 	presupuesto es la cantidad de emisiones que puede mantener el 	calentamiento global en un nivel de 2 grados Celsius, considerado el 	límite de seguridad.</p>
<p>El economista en jefe de la AIEA, Fatih Birol, dijo: La puerta se 	está cerrando&#8230; Si no cambiamos la dirección ahora en cuanto a 	cómo usamos la energía, terminaremos más allá de lo que los 	científicos nos han dicho que es el mínimo (para seguridad). La 	puerta se habrá cerrado para siempre.</p>
<p>También el mes pasado, el Departamento de Energía 	estadounidense informó acerca de las cifras de emisiones para 2010. 	Las emisiones aumentaron en la mayor cantidad registrada hasta 	ahora, citó la Associated Press, lo que significa que los niveles 	de gases de invernadero son más elevados que el peor de los 	escenarios posibles anticipados por el Panel Internacional sobre 	Cambio Climático en 2007.</p>
<p>John Reilly, codirector del Programa sobre Cambio Climático del 	Instituto de Tecnología (IPCC, por sus siglas en inglés) de 	Massachusetts, dijo a la Ap que los científicos han considerado, en 	general, que las predicciones del IPCC pecan de conservadoras –a 	diferencia del pequeño grupo que negadores que atraen la atención 	pública. Reilly informó que el escenario del peor de los casos 	estaba aproximadamente a la mitad de los cálculos de posibles 	resultados dados a conocer por científicos del MIT.</p>
<p>A medida que estos ominosos informes eran dados a conocer, el 	diario <em>Financial Times</em> dedicó en una plana entera a las 	optimistas expectativas de que Estados Unidos podría llegar a ser 	independiente en cuanto a energía durante un siglo con la nueva 	tecnología para la extracción de combustibles fósiles 	norteamericanos.</p>
<p>Aunque las proyecciones son inciertas, informa el <em>Financial 	Times</em>, Estados Unidos podría pasar de un salto sobre Arabia 	Saudita y Rusia para convertirse en el mayor productor del mundo de 	hidrocarburos líquidos, contando tanto el petróleo crudo como los 	líquidos ligeros de gas natural.</p>
<p>De ocurrir este feliz suceso, Estados Unidos podría esperar 	conservar su hegemonía mundial. Más allá de algunos comentarios 	sobre el impacto ecológico a escala local, el <em>Financial Times</em> nada dijo acerca de qué tipo de mundo emergería de esas 	emocionantes perspectivas. La energía es para quemarse, y que se 	lleve el diablo al ambiente global.</p>
<p>Prácticamente todos los gobiernos están dando al menos pasos 	vacilantes para hacer algo acerca de la catástrofe que se avecina. 	Estados Unidos está la cabeza en esto –al revés. La Cámara de 	Representantes de Estados Unidos, dominada por los republicanos, 	ahora está desmantelando las medidas ambientales introducidas por 	Richard Nixon, que en muchos aspectos fue el último presidente 	liberal.</p>
<p>Este comportamiento reaccionario es una de muchas señales de la 	crisis de la democracia estadounidense durante la generación 	pasada. La brecha entre la opinión pública y la política pública 	ha crecido hasta convertirse en un abismo en asuntos centrales del 	debate político actual, como el del déficit y los empleos. Sin 	embargo, gracias a la ofensiva propagandística, la brecha es menos 	de lo que debiera ser en el asunto más serio de la agenda 	internacional hoy en día –y posiblemente en la historia.</p>
<p>Se puede perdonar a los hipotéticos observadores extraterrestres 	si llegan a la conclusión de que al parecer estamos infectados por 	algún tipo de locura letal.</p>
<p><em>Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el 	Instituto Tecnológico de Massachusetts.</em></div>
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		<title>Ruralizar y crear empleo</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 12:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[crisis alimentaria]]></category>
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		<description><![CDATA[Gustavo Duch Guillot &#8211; Consejo Científico de ATTAC España En España superamos los cinco millones de parados, una cifra inaceptable que tiene mucho que ver con la crisis actual. Pero también en este problema de desempleo debemos mirar al campo, tanto en el análisis como en las propuestas. Pues resulta que en Europa nos encontramos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gustavo Duch Guillot</strong> &#8211; Consejo Científico de ATTAC España</p>
<p>En  España superamos los cinco millones de parados, una cifra inaceptable  que tiene mucho que ver con la crisis actual. Pero también en este  problema de desempleo debemos mirar al campo, tanto en el análisis como  en las propuestas. Pues resulta que en Europa nos encontramos con un  despoblamiento de las zonas rurales muy grave, y la agricultura o sector  primario hace mucho que dejó de ser la base de la economía. Según el  último censo publicado por el EUROSTAT esta realidad es demasiado  evidente: <strong>¡en solamente ocho años, la Unión Europea ha perdido 3 millones de explotaciones!</strong> Es decir, aproximadamente, cada minuto ha supuesto la desaparición de  una unidad agrícola y los puestos de trabajo que eso significa.</p>
<p>Y  todo ello fruto de aplicar políticas productivistas que ya es hora de  desterrar. La Política Agraria Común que ahora se está revisando ha sido  responsable de ello, subvencionando durante mucho tiempo a las grandes  unidades agrícolas, favoreciendo la intensificación y dejando que los  precios los marque el libre mercado. Un modelo dirigido a ser ‘potencias  industriales’ que pensó que la agricultura también debería acomodarse a  tal principio, y se acabó con la economía rural y miles de puestos de  trabajo.</p>
<p>Pero proveer de alimentos a la población, y a la vez  cuidar bosques y paisajes, es un trabajo de lo más necesario, de hecho:  es imprescindible. Y esa es la propuesta, porque hay espacio,  posibilidades y mucho futuro: <strong>ruralizar la economía y recampesinizar el Planeta</strong>, obteniendo en el proceso muchos, pero muchos, puestos de trabajo dignos y rentables.</p>
<p>Aunque  ni las condiciones de suelo, clima e historia son comparables vale la  pena recordar (como explican Albert Berry y Liisa L. North, Profesores  en la Universidad de York en Toronto) «lo que hicieron los taiwaneses,  los japoneses y los coreanos después de la Segunda Guerra Mundial cuando  expropiaron las unidades agrarias de más de tres hectáreas y ejecutaron  reformas agrarias radicales que formaron la base de la seguridad  alimentaria de familias, para el crecimiento y la diversificación  económica posterior a nivel nacional». Con una cantidad de tierra  suficiente como medio de vida para una familia (en Taiwán fue un poco  más de una hectárea), con políticas fuertes de apoyo a este minifundio  –aquí siempre despreciado- y servicios públicos apropiados, en los tres  países la productividad agrícola creció, las condiciones de vida en el  campo se mejoraron rápidamente, y lo más importante, el empleo agrario  aumentó considerablemente. «Los tres países asiáticos mencionados  –continúan explicando- no son los únicos cuyas experiencias han  demostrado la relación positiva entre desarrollo rural equitativo  (basado en la pequeña y mediana agricultura) y el desarrollo económico  nacional. En términos históricos podemos mencionar Dinamarca, Finlandia o  Noruega. (…) Las comparaciones latinoamericanas también nos prestan  lecciones. Llama la atención el abismo que existe entre, por un lado,  las buenas condiciones de vida y la historia de paz social y política en  la Meseta Central de Costa Rica, caracterizada por sus pequeñas y  medianas propiedades cafeteras, y por otro lado, la miseria, represión  política y  violencia que predominan en las zonas de plantaciones  grandes de café en los países vecinos como El Salvador y Guatemala».</p>
<p><strong>P<strong>ensar  e invertir en recuperar la pequeña agricultura, no es un paso atrás,  sino que es la base de una economía sostenible y equitativa</strong></strong>,  que además nos alimenta. Sólo necesitamos atrevimiento (y poco  presupuesto) para poner en marcha medidas de redistribución de la tierra  frente a los grandes latifundios o monocultivos; ofrecer facilidades  para acceder a tierras productivas; apoyar la desintensificación de  tantas unidades agrarias sobredimensionadas; o evitar, cuando llega la  jubilación de las y los actuales propietarios, el cese de actividades  con la incorporación de jóvenes…</p>
<p>Dichas medidas deberían venir  acompañadas con políticas claras de protección de esta agricultura  (promocionando los circuitos cortos de comercialización; políticas de  precios remunerativos; aranceles en frontera; etc.) y añadir lógicamente  apoyos básicos de capacitación, asesoría técnica o irrigación, pero  siempre con claridad, sin fisuras, en favor de una agricultura basada en  principios agroecológicos. Porque ya no hay dudas –tampoco científicas-  de las bondades de esta forma de practicar la producción de alimentos.  El Instituto Rodale, después de 30 años de investigación comparativa  entre campos de cultivos convencionales y agroecológicos concluye que  estos últimos son (además de no perjudiciales para el medio ambiente ni  para la salud de la población consumidora) <strong>más viables económica y energéticamente</strong>.</p>
<p>Si  queremos salir de esta crisis y generar puestos de trabajo productivos  en los países industrializados; si queremos combatir la situación de  pobreza y hambre en muchos países del Sur; y si pretendemos dejar un  futuro sostenible a nuestra descendencia, habrá que replantearse la  estructura socioeconómica en la que estamos, donde la ruralidad ha  quedado trágicamente marginada en el fondo de una pirámide invertida que  lógicamente se tambalea.</p>
<p><em>Publicado en El Periódico de Catalunya</em></p>
<p><em><a href="http://gustavoduch.wordpress.com/" target="_blank">PALABRE-ANDO</a></em></p>

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		<title>Ocupar Durban</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 09:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro Nadal &#8211; Consejo Científico de ATTAC España El mundo enfrenta un peligroso proceso de calentamiento global y es urgente tomar acciones decisivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Qué se puede esperar de las negociaciones sobre cambio climático que han arrancado esta semana en la ciudad de Durban, Sudáfrica? No mucho. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Alejandro Nadal</strong> &#8211; Consejo Científico de ATTAC España</p>
<p>El mundo enfrenta un peligroso proceso de calentamiento global y es urgente tomar acciones decisivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Qué se puede esperar de las negociaciones sobre cambio climático que han arrancado esta semana en la ciudad de Durban, Sudáfrica? No mucho.</p>
<p>Cuando se negoció el Protocolo de Kioto (PK) se establecieron metas de reducciones cuantitativas obligatorias a los países que cargaban con mayor responsabilidad histórica en la acumulación de gases invernadero. Este fue el logro más importante de ese tratado. Treinta y siete países industrializados y la Unión Europea fueron incluidos en el Anexo B y fijaron metas para reducir las emisiones de gases invernadero. En promedio, las emisiones se reducirían en 5 por ciento con respecto a los niveles de 1990 durante el periodo 2008-2012.</p>
<p>El establecimiento de compromisos vinculantes en el PK siempre chocó con las visiones neoliberales, en las que el mercado asigna los recursos eficientemente y siempre es necesario reducir la estorbosa intervención pública.</p>
<p>Muy pronto comenzaron las maniobras para socavar las metas cuantitativas del PK. Hoy casi han culminado con la destrucción del tratado. Durban puede ser el lugar en el que se expida el acta de defunción de ese tratado. Terribles serán las consecuencias.</p>
<p>Por eso las negociaciones desde el inicio se concentraron en la forma de reducir el costo de los compromisos adquiridos en el marco del Protocolo de Kioto. Se dijo que había que dotar de flexibilidad a los países del Anexo B. En realidad se trataba de eviscerar el tratado.</p>
<p>Entre otras cosas, se estableció el mecanismo de mercado de emisiones de gases invernadero. Esto correspondía perfectamente a la ideología neoliberal y a las necesidades del capital financiero. Las emisiones de gases invernadero podrían convertirse en otro novedoso instrumento para manejar activos financieros, bursatilizarlos y comercializarlos por todo el planeta… aunque no se supiera a ciencia cierta cuál sería su contenido. Literalmente, los cielos se pusieron en venta.</p>
<p>Además se establecieron los llamados mecanismos de desarrollo limpio y el de implementación conjunta. El primero permite a los países obligados a reducir sus emisiones de GEI ejecutar proyectos de reducciones de esos gases en países subdesarrollados. Estos proyectos generan créditos de reducción de emisiones certificadas que pueden contabilizarse para cumplir con las metas fijadas en el protocolo de Kioto.</p>
<p>Estos créditos también pueden venderse en el mercado mundial de bonos de carbono y se les ha querido presentar como un ingenioso mecanismo que integra decisiones de inversión y cambio tecnológico con las virtudes del mercado libre. Una empresa en un país industrializado puede continuar usando su tecnología contaminante, pero puede compensar los efectos negativos al generar proyectos que reducen emisiones en otros países. Se supone que la mayor flexibilidad en los países industrializados permite alcanzar las metas de reducciones en esas naciones más rápidamente. La realidad es que estos mecanismos no sólo son ineficientes, sino que pueden hacer más lento el proceso de eliminación de la dependencia en las fuentes de energía fósil.</p>
<p>La implementación conjunta es el tercer mecanismo en el PK. Este instrumento permite a países del Anexo B obtener créditos a través de proyectos en otros países del mismo anexo. Esos créditos pueden ser usados para compensar emisiones y, en teoría, también proporcionan una mayor flexibilidad para cumplir con las metas de reducciones de GEI.</p>
<p>Hoy está a la vista de todos el fracaso estrepitoso de los mecanismos del Protocolo de Kioto. Las emisiones de gases invernadero no se han reducido y, al contrario, se aceleraron desde el año 2000. El deshielo en las regiones polares se ha acelerado y el Amazonas alcanzó los niveles más bajos en la historia, testimonio de la lenta desaparición de sistemas glaciares en los Andes. El deshielo de la capa del subsuelo que ha permanecido permanentemente congelada (permafrost) en la tundra y otras regiones peri-glaciales tendrá como efecto la liberación de una gran cantidad de gas metano, uno de los más poderosos gases de efecto invernadero. Todo esto no presenta buenos augurios en materia de cambio climático.</p>
<p>En lugar de tomar medidas urgentes, los países más poderosos están empeñados en proteger y conservar el modelo económico de la globalización neoliberal. En Durban, ese objetivo chocará con lo que queda del Protocolo de Kioto y buscará destruirlo y enterrarlo para siempre. En contra de todo lo que ha revelado la investigación científica hasta hoy, las negociaciones desembocarán en compromisos voluntarios de los países que generan más emisiones de GEI. Y no hay que engañarse: un régimen sobre cambio climático en el que cada país declara sus metas de reducciones voluntarias no va a dar buenos resultados. Sería bueno que los pueblos de la tierra pudieran ocupar Durban y encargarse directamente de las negociaciones.</p>
<p><em>Artículo publicado en La Jornada</em></p>
<p><em><a href="http://http://nadal.com.mx" target="_blank">http://http://nadal.com.mx</a></em></p>

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		<title>Tratado sobre patologías alimentarias</title>
		<link>http://www.attacmallorca.es/2011/10/20/tratado-sobre-patologias-alimentarias/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 08:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>

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		<description><![CDATA[Jerónimo Aguado /Gustavo Duch -  Junto a la Soberanía Alimentaria La alimentación, cuando existe, debe ser fuente de nutrición y salud: de vida. Pero en la medida que avanza un modelo único, global e industrializado para producir, transformar y consumir alimentos, aparecen una serie de síntomas que alertan de todo lo contrario. Son síntomas patognomónicos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jerónimo Aguado /Gustavo Duch</strong> -  <em>Junto a la Soberanía Alimentaria</em></p>
<p><em><a title="Ver todas las entradas en Junto a la Soberanía Alimentaria" href="http://gustavoduch.wordpress.com/category/junto-a-la-soberania-alimentaria/"></a></em></p>
<p>La alimentación, cuando existe, debe ser fuente de nutrición y salud: de vida. Pero en la medida que avanza un modelo único, global e industrializado para producir, transformar y consumir alimentos, aparecen una serie de síntomas que alertan de todo lo contrario. Son síntomas patognomónicos, es decir, manifestaciones percibidas por el paciente y que un buen médico sabe reconocer, que aseguran que el sujeto padece un trastorno clásico de la alimentación de nuestros días. A saber:</p>
<p><strong>Sofocones</strong>: cuando la temperatura de nuestro cuerpo supera sus valores normales, cuando empezamos a transpirar, jadear y sacar la lengua. Cuando la ropa nos sobra y buscamos las sombras de los árboles, cuando el abanico nos acompaña a todas partes, cuando en toda España en Octubre vamos en manga corta, ¿estamos ante problemas hormonales o sufrimos una epidemia de fiebres tifoideas? Pues no, estos síntomas, corresponden si duda alguna  a  un calentamiento del Planeta que compromete (y esto sí es una crisis en mayúsculas) la posibilidad de la vida, afectando inicialmente a las poblaciones del Sur. Como viene insistiendo La Vía Campesina a partir de los estudios de la organización GRAIN (recientemente galardonada con el Premio Noble Alternativo 2011) al menos un 50% de las emisiones de gases CO2 con efecto invernadero provienen del sistema alimentario global: cultivamos con petróleo, transportamos y conservamos en base a petróleo, para finalmente comer plásticos con sabor a petróleo.</p>
<p><strong>Taquicardias</strong>: cuando estando tranquilamente en tu puesto de trabajo, frente a la televisión o paseando por el campo, irrumpe en tu vida un buen susto, el corazón y sus palpitaciones se disparan. Te llevas la mano al pecho y respiras hondo, podría ser un principio de ataque de ansiedad. ¿Has comido tú en los últimos días pepinos de esos que acaban de salir por las noticias? ¿Has estado tú los últimos días en ese restaurante sospechoso? Las periódicas alarmas alimentarias es lo que tienen, que nos aseguran un sobresalto tras otro.Cuando conoces con más detalle el cómo se ha llegado a una de estas crisis, a la aceleración cardíaca se le suma un brote de <strong>irritaciones</strong> en todo el cuerpo como consecuencia directa de la indignación que te causa. Y más cuando sabemos que todos estos riesgos alimentarios podrían minimizarse si cambiáramos a un modelo de alimentación local, a pequeña escala y agroecológico.</p>
<p><strong>Debilidad</strong>: cuando las digestiones son muy pesadas y te sientes débil para ponerte en marcha, actuar o ser, puedes creer que tu organismo está caduco o enfermo. Pero no, en realidad es que ningún organismo humano está preparado para alimentarse con tantos kilos de carne, y toneladas de azúcar y grasas. Es la dieta ‘moderna’. Dicen que se produce mucha carne porque la población consumidora así lo exige. No es cierto, nos pasan la pelota de la responsabilidad. Se consume mucha carne porque detrás de este consumo hay muchas ganancias a repartir: las corporaciones de piensos y sojas, las corporaciones de la genética animal, las integradoras de engorde, las grandes superficies, etc. La población consumidora se debilita en su obesidad, y el mundo rural se debilita con la desaparición de miles y miles de familias que gestionaban pequeñas fincas agroganaderas.</p>
<p><strong>Flaqueza</strong> del cuerpo y del espíritu. Así se encuentras millones de seres humanos a los que les han robado el derecho a la alimentación: han sido expulsados de las tierras, o les dejan las parcelas más inapropiadas; se les impide el acceso al mar donde pueden pescar; se condenan endeudados por la compra de semillas transgénicas y sus pesticidas correspondientes; etc. En barracones sembrados por las periferias de las urbes o en campamentos de refugiados no pueden cultivar su alimentación, son simplemente, receptores de limosnas.</p>
<p>Y un<strong> llanto</strong> permanente se diagnostica en toda la parroquia que espera la atención del oftalmólogo. Podría tratarse de una conjuntivitis alérgica pero hay poco polen esta primavera. De hecho, y por eso tanta pena, hay pocos árboles en el planeta. La agricultura intensiva se ha encargado de su sacrificio para ganar tierras que serán monocultivos de cereales para los animales o para los automóviles. Y la poca vegetación que se mantiene está contaminada por herbicidas en el suelo y muchos humos en la atmósfera. Por eso lloramos, por la Madre herida.</p>
<p><em>Publicado en Junto a la Soberanía Alimentaria</em></p>
<p><em>Gustavo Duch es miembro del Consejo Científico de ATTAC</em></p>
<p><em><a href="http://http://gustavoduch.wordpress.com/" target="_blank">PALABRE-ANDO </a></em></p>

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		<title>La amarga miel de los transgénicos</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Sep 2011 08:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[industria]]></category>
		<category><![CDATA[justicia]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[mercados]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro – La Jornada Maíces transgénicos Bt de Monsanto están provocando resistencia en los gusanos de la raíz que atacan el maíz, plaga que según la trasnacional están diseñados para combatir. El entomólogo Aaron Gassman, de la Universidad del Estado de Iowa, encontró en investigaciones recientes que las larvas de un escarabajo del maíz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Silvia Ribeiro</strong> –<em> La Jornada</em></p>
<p>Maíces transgénicos Bt de Monsanto están provocando resistencia en los gusanos de la raíz que atacan el maíz, plaga que según la trasnacional están diseñados para combatir. El entomólogo Aaron Gassman, de la Universidad del Estado de Iowa, encontró en investigaciones recientes que las larvas de un escarabajo del maíz desarrollaron inmunidad a la toxina Bt, por la exposición continua a ésta que implican los cultivos transgénicos insecticidas.</p>
<p>Mientras Monsanto dice que es solamente un hallazgo localizado, Tom Philpott, de la revista <em>Mother Jones</em>, analiza los hechos y nos recuerda que es como encontrar una cucaracha en la alacena: aunque sólo veamos una, es señal de que la infestación ya se ha extendido (MotherJones.com, 8 sept 2011).</p>
<p>En efecto, investigadores de la Universidad de Illinois que tienen estudios similares en curso, advierten que el fenómeno se podría estar expandiendo por todo el cinturón maicero de Estados Unidos. Monsanto, Syngenta, DuPont y otras transnacionales de transgénicos culpan –como siempre– a los agricultores: afirman que si los agricultores respetaran la obligación de plantar un mínimo de 20 por ciento del área con maíz no transgénico, esto no hubiera sucedido. Pero por las dudas, aseguran que ya están desarrollando transgénicos para matar insectos por otras vías. O, como todas ellas están entre las mayores vendedoras de agrotóxicos del globo, recomendarán usar más cantidad de veneno y más tóxico.</p>
<p>Este inminente desastre –la plaga del gusano de la raíz es un problema serio en Estados Unidos y México, por lo que la resistencia podría convertirse en una catástrofe–, se suma al hecho reconocido por las autoridades de los mayores países cultivadores de transgénicos, de que se han generado más de 20 hierbas invasoras (mal llamadas malezas) resistentes al herbicida glifosato, desde que se comenzó con los transgénicos. Algunas, como el amaranto, se han transformado en una plaga que hacen inviable los cultivos, porque solo se pueden retirar manualmente. Por ello, en esos países se están aplicando agrotóxicos cada vez más peligrosos, como Dicamba y otros que se habían retirado de los mercados por su alta toxicidad e impactos en la salud y ambiente.</p>
<p>También a principios de septiembre 2011,  el Tribunal de Justicia Europeo, prohibió la venta de miel contaminada con polen de maíz transgénico. El caso lo presentó un agricultor de Alemania, que se contaminó porque sus colmenas estaban a 500 metros de donde el gobierno de Baviera colocó un campo experimental de maíz transgénico Mon810, evento que ha sido prohibido en varios países europeos. Esto ya tiene un impacto contra los exportadores de miel de países como Chile y Argentina, donde hay cultivos de maíz transgénico, que perderán el mercado. El caso muestra que la contaminación es inevitable cuando los transgénicos llegan al campo, incluso tratándose de cultivos experimentales.</p>
<p>Todas las situaciones y daños referidos se aplican a México, ya que existen las mismas condiciones o incluso peores: si en Estados Unidos los agricultores no respetan las demandas de cultivos refugio, imaginen como será aquí si se autoriza la siembra comercial.</p>
<p>Sin embargo, el gobierno mexicano, desoyendo los argumentos y recomendaciones de la mayoría de los científicos y expertos nacionales en maíz, así como de cientos de organizaciones indígenas, campesinas, ambientalistas, sociales, sindicales y muchas otras, se empeña, contra casi toda la población, en seguir autorizando siembras experimentales de maíz transgénico –incluso con las mismas variedades que se nombran en este artículo y otras peores–, e insiste en aprobar siembras piloto, que no son más que una formalidad para la posterior siembra comercial a gran escala.</p>
<p>La principal razón que arguye para ello, es la necesidad de aumentar la producción de maíz en México, ya que se importa más de 30 por ciento del consumo de maíz en el país. Si bien esta cifra de importación es real, esta forma de plantearlo oculta datos fundamentales. Para empezar, el maíz transgénico produce lo mismo o menos que el híbrido, aunque es mucho más caro.</p>
<p>Pero además, si se analizan las propias cifras oficiales, México es sobradamente autosuficiente en maíz para alimentar a toda la población e incluso para una buena parte de otros usos, como alimentación animal y otros.</p>
<p>El maíz que se importa es para abastecer la demanda construida por unas cuantas empresas trasnacionales, principalmente para la producción industrial y confinada de aves, cerdos y ganado, que por la forma de cría son una pésima fuente de alimento humano, llenos de diversas sustancias químicas como antibióticos y hormonas. Además esas fábricas son un factor de brutal contaminación de suelos, aire y aguas. Si esa cría animal fuera descentralizada, en pequeña escala y basada en una diversidad de forrajes, alcanzaría el maíz y la producción animal dejaría de ser un problema, sería mucho más sana, dando trabajo y alimento a muchísima más gente,  mientras promueve las culturas, la biodiversidad y la soberanía alimentaria.</p>
<p>En su lugar, la apuesta del gobierno es autorizar la siembra de maíz transgénico de las trasnacionales, para dárselo barato a otras trasnacionales, que se han ido apropiando de cada vez más sectores de la producción alimentaria en México. De paso, contaminar transgénicamente el maíz campesino, lo cual destruirá la miel y muchas otras producciones campesinas y orgánicas.</p>
<p><em>Investigadora del Grupo ETC</em></p>

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		<title>Política agraria común, menos común de lo que parece</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 11:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[beneficios]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Vicent Boix – El parque de las hamacas En el año 2010, cerca de 900.000 personas y entidades del estado español, se beneficiaron de los más de 5.000 millones de euros en ayudas económicas enmarcadas dentro de la Política Agraria Común (PAC). Sin embargo, estas espectaculares cifras no deben confundir, pues una cosa es repartir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicent Boix</strong> – <em>El parque de las hamacas</em></p>
<p>En el año 2010, cerca de 900.000 personas y entidades del estado español, se beneficiaron de los más de 5.000 millones de euros en ayudas económicas enmarcadas dentro de la Política Agraria Común (PAC). Sin embargo, estas espectaculares cifras no deben confundir, pues una cosa es repartir y otra muy distinta es hacerlo con justicia y equidad. Según el informe “Una injusticia llamada PAC”, editado recientemente por la organización Veterinarios Sin Fronteras, el 16% de los favorecidos por las subvenciones en el estado español lograron hacerse con el 75% del monto total. Los 58.000 mayores beneficiarios (7% del conjunto) se embolsaron cerca de 2.600 millones de euros, es decir la mitad.</p>
<p>Entre los agraciados se encuentran terratenientes, hacendados y aristócratas, como la familia “Osborne”, que recibió más de un millón de euros. Pero también hay grandes empresas del agronegocio, que suelen adquirir productos de agricultores y ganaderos para manufacturarlos y venderlos después. Por ejemplo, “Azucarera Ebro” -que percibió 61 millones de euros de las ayudas de la PAC- controla la mitad del mercado del azúcar en el estado español y tiene intereses en los agrocombustibles. Según este informe, pertenece a la British Sugar Company, una de las mayores corporaciones a nivel mundial en el sector y que además posee inversiones en África. Esta transnacional ha recibido más capital de la PAC, que la Xunta de Galicia o la Junta de Castilla León para sus programas de desarrollo rural. Dicha cantidad es mucho más elevada que la destinada en 2010 por el Ministerio de de Medio Ambiente, Rural y Marino, a su Plan Integral de actuación para el fomento de la Agricultura ecológica.</p>
<p>Han existido otras compañías españolas relacionadas con la alimentación, beneficiadas por las subvenciones públicas de la PAC. Aunque favorecidas por cantidades menores, no deja de ser llamativo que reciban dinero público ciertas empresas de la alimentación que, al adquirir productos del agricultor y ganadero, se aprovechan de su situación de dominio para pagarles cantidades irrisorias que a veces no permiten cubrir los costos de producción. También es llamativo que reciban ayudas corporaciones como “Mercadona”, “Carrefour” y “Lactalis”, que según este informe de Veterinarios Sin Fronteras, sumaron en 2010 más de 1.000 millones de euros en beneficios.</p>
<p>Esta bonanza económica empresarial dista mucho de la paupérrima situación económica que vive la agricultura y la ganadería en España, donde cientos de miles de personas pasan momentos agónicos para mantener sus trabajos. Frente a las esplendorosas cifras de las grandes empresas, la renta agraria ha descendido un 27% desde 2003. Y tanto en ministerios como en despachos ejecutivos, saben que el problema principal deriva de un mercado libre que ha favorecido que unas pocas empresas del agronegocio monopolicen la transformación, la intermediación y la venta de alimentos, imponiendo sus reglas y precios a agricultores, ganaderos y consumidores.</p>
<p>Por eso es ridículo e indignante que reciban ayudas los que luego asfixian al agricultor y le obligan a dejar el campo para engrosar las listas del paro. Porque con unas ayudas destinadas a promocionar el sector primario se está premiando a los verdugos que lo torturan sin cesar. Y que esto suceda año tras año, huele ya demasiado. También es curioso, muy curioso, que aquellos que claman al cielo por un comercio libre de ataduras y por un estado ausente del mercado, sean los primeros en parar las manos y llenarse los bolsillos.</p>
<p>En otra coyuntura comercial más ecuánime, el campo no requeriría ayudas porque durante mucho tiempo no las recibió y fue rentable y generoso. Más que subvenciones, lo que se necesita urgentemente es legislación y normas que confieran dignidad y un trato justo, sobre todo, en los precios de compra a ganaderos y agricultores.</p>
<p><em>Escritor, autor del libro El parque de las hamacas. Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, ver más <a href="http://www.elparquedelashamacas.org/html/biografia.html">aquí</a>.</em></p>
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		<title>Cómo explico yo el capitalismo</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Sep 2011 14:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Gustavo Duch – Consejo Científico de ATTAC Si fuera historiador y nutricionista, que no soy ni lo uno ni lo otro, escribiría un tratado sobre cómo entender el capitalismo y sus apetitos. Todos esos conceptos complicados que muchas veces se nos escapan quedarían, mejor o peor, explicados con ejemplos sencillos y tangibles. Cuando leemos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gustavo Duch</strong> – Consejo Científico de ATTAC</p>
<p>Si fuera historiador y nutricionista, que no soy ni lo uno ni lo otro, escribiría un tratado sobre cómo entender el capitalismo y sus apetitos. Todos esos conceptos complicados que muchas veces se nos escapan quedarían, mejor o peor, explicados con ejemplos sencillos y tangibles.</p>
<p>Cuando leemos que el capitalismo se basa en la propiedad privada, empezaría la lección por el cercamiento de tierras en la Inglaterra feudal. Lo que era un bien de usufructo colectivo, la tierra cultivable, quedó vallado, protegido y mandado por y para unos pocos. El desarrollo de industrias competitivas (y que sólo se alimentaban del lucro económico, olvidándose de los derechos más básicos) se hizo patente en los millones de campesinos esclavizados y expulsados de su residencia, edificando la revolución industrial y volcando las riquezas de los países periféricos hacia los países centrales. El poder corporativo, otra de las características del capitalismo, tiene también los mejores ejemplos y mucho recorrido en el campo agrícola –quizás ahí nació– con las grandes compañías fruteras y hoy con un puñado de empresas que controlan las semillas, granos, cereales y todo lo que es comestible. Por último, el nulo respeto por el medio ambiente, que nos creemos que está bajo nuestro dominio y explotación, también queda reflejado en la intensificación de la agricultura y la ganadería.</p>
<p>Es decir, me gustaría escribir un tratado que demostraría cómo en la agricultura fue donde el capitalismo antes actuó y donde antes se conocieron sus nefastos efectos. Es por eso que para las poblaciones rurales de todo el planeta, la crisis que padecemos actualmente no es más que un accidente coyuntural, una piedra en un camino de socavones. La conocen desde hace décadas: hambre, desempleo, falta de servicios, trabajo basura, desprecio político…</p>
<p>Si fuera sociólogo, encontraría también una correlación clara entre quienes han sufrido los estragos del capitalismo y quienes –desde hace tiempo– están en lucha contra él. Y sabría explicarles por qué el movimiento mundial de campesinos y pequeños agricultores, La Vía Campesina, aglutina a más de 200 millones de seres humanos movilizados contra las empresas de agronegocios que se están adueñando de la agricultura, contra el acaparamiento de tierras y contra el libre comercio.</p>
<p>Sin ser historiador, nutricionista ni sociólogo, lo que sí puedo afirmar es que las luchas de La Vía Campesina han sido un elemento clave para frenar las políticas de libre comercio impulsadas centralmente desde la Organización Mundial de Comercio, lo que ha llevado a los defensores de este modelo capitalista y desregulado a la multiplicación de tratados de libre comercio bilaterales entre varios países o varias regiones. El más precoz, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá, EEUU y México, nos ha dejado en sus más de 15 años de aplicación resultados claros: la agricultura industrializada de los poderosos ha empobrecido y desplazado a la agricultura indígena –madre y padre del maíz–. El más reciente, entre Colombia y la Unión Europea, promete darnos frutos similares.</p>
<p>La Política Agraria Común de la Unión Europea que favorece la ganadería industrial y sus corporaciones tiene desde hace años un problema de excedentes de leche. Este modelo de sobreproducción y concentración ha sido el causante de la ruina de miles y miles de pequeñas ganaderías y lecherías de las zonas rurales europeas, muy evidentes en el norte peninsular. Lejos de revertir la situación, la solución que se propone es más mecanismos que beneficien a estas grandes industrias, con instrumentos que favorezcan la exportación de leche a países como Colombia, donde el respectivo TLC permitirá su entrada en torrentes.</p>
<p>Un tratado que trata de eliminar barreras es un acuerdo que deja una lucha desigual entre industrias lácteas europeas todopoderosas, altamente subvencionas (la UE dedica 16.000 millones de euros anuales a este sector), con sistemas de producción muy intensivos y bajos costes, frente a millones de pequeñas ganaderías locales.</p>
<p>Colombia es autosuficiente con su producción láctea. Del total, un 43% se produce y distribuye en una cadena popular que apenas recibe el apoyo estatal y que maneja un volumen de 7,75 millones de litros diarios que van tanto a los hogares, como a millares de pequeñas y medianas industrias de derivados lácteos que producen quesos campesinos, cuajos, mantequilla casera, almojábanas, arequipes, crema de leche, kumis, postres, yogur casero, sabajón, avenas lácteas, “panelitas” y muchas otras exquisiteces. Los consumidores atendidos, que deberán hervir la leche para garantizar su higiene, llegan casi a 20 millones de personas, los “jarreadores” (transportistas de la leche) se acercan a 50.000 y, finalmente, el valor de este negocio es de más de tres billones de pesos anuales (cerca de 1.700 millones de dólares), cifra nada despreciable para apetitos voraces.</p>
<p>Es este 43%, estos 1.700 millones de dólares distribuidos entre mucha población, lo que un modelo capitalista no puede dejar de aprovechar. En breve, con el tratado en marcha y sin aranceles a la importación a la leche extranjera, pasará a ser parte de las multinacionales de la industria láctea. Las mismas que ya engordaron en España a base de comerse a campesinas y campesinos.</p>
<p><em>Artículo publicado en Público</em></p>
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<p><a title="PALABRE-ANDO. Porque contar es otra forma de caminar" href="http://gustavoduch.wordpress.com/">PALABRE-ANDO</a></p>

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		<title>Enfadarse en vacaciones</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Sep 2011 11:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
		<category><![CDATA[industria]]></category>
		<category><![CDATA[medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[participación]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Vicent Boix / Gustavo Duch</strong> &#8211; <em>El Periódico del Mediterráneo</em></p>
<p>La Fundación Antama ya está presente con su columna institucional junto a la noticia de la no autorización de un arroz transgénico experimental en Vinaròs. La fundación en cuestión tiene como misión favorecer la ‘excelencia’ de los cultivos ‘frankestenianos’ por España y hablar de sus bondades y lo que haga falta para que su implantación sea total. Su aspiración es un planeta Tierra cultivado con unas pocas variedades de ‘sus’ semillas.</p>
<p>Pero ¿Por qué se enfadan tanto? ¿Por qué aluden a la importancia de los Organismos Genéticamente Modificados en el futuro agrícola? El cultivo en cuestión, nos han explicado hasta la saciedad, no tiene interés industrial, solo es un ensayo para combatir una enfermedad que afecta a 300 personas en toda España (y que ya tienen tratamientos). Es decir, no es un transgénico para apoyar a los agricultores (ninguno lo es) sino una invención de la tecnología farmacéutica.</p>
<p>La vertiginosa réplica de Antama elude hábilmente el asunto principal, la falta de documentación del cultivo experimental que ha sido clave para que la Conselleria denegara el permiso; y por el contrario, se ceba con la declaración de Vinaròs como zona libre de transgénicos. La fundación cuestiona que un municipio se declare “zona libre de”, porque según ellos atenta a la libertad individual y no es de su competencia.</p>
<p>Antama discute el eje básico de la democracia, que el pueblo puede opinar y decidir, en este caso a través de un plenario municipal. Se entiende y respeta que una fundación que defiende los intereses de grandes corporaciones del agronegocio, se oponga a la declaración, pero parece grave que les moleste la actuación de la sociedad civil, que buscando los canales de representación legítimos, socializando y debatiendo el tema entre las partes implicadas, con las organizaciones que representan los sectores, hacen aquello que debería de ser norma: construir democracia participativa, construir propuestas colectivas.</p>
<p>Lo colectivo no piensa con la mano en el bolsillo.</p>
<p>Gustavo Duch Guillot es miembro del Consejo Científico de ATTAC</p>
<p><a href="http://http://gustavoduch.wordpress.com" target="_blank">PALABRE-ANDO</a></p>

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