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	<title>ATTAC Mallorca &#187; socialdemocracia</title>
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	<description>Justícia Econòmica Global</description>
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		<title>Se requieren cambios más profundos en la socialdemocracia que los que se están proponiendo</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 06:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
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		<category><![CDATA[socialdemocracia]]></category>
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		<description><![CDATA[Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC Aunque parezca difícil es importante recordar que hace aproximadamente doce años la socialdemocracia gobernaba en la mayoría de los países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países más desarrollados económicamente de la Unión Europea) y dentro de los países de la Eurozona. Hoy apenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicenç Navarro</strong> – Consejo Científico de ATTAC</p>
<p>Aunque parezca difícil es importante recordar que hace aproximadamente doce años la socialdemocracia gobernaba en la mayoría de los países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países más desarrollados económicamente de la Unión Europea) y dentro de los países de la Eurozona. Hoy apenas existen gobiernos socialdemócratas en la UE-15 y en la Eurozona.</p>
<p>Mucho se ha escrito sobre las causas de este hecho. Pero todo indica que una de las causas más importantes de este declive fue la adopción por parte de tales gobiernos socialdemócratas de políticas de claro corte neoliberal que incluían políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social), políticas fiscales regresivas (reducción de impuestos y aumento de su regresividad), desregulación de los mercados financieros (facilitando la especulación) y laborales (facilitando el despido) y otras intervenciones, que fueron todas ellas altamente impopulares entre sus bases electorales. La evidencia de ello es robusta y no da lugar a dudas. La captación de los equipos económicos de los gobiernos socialdemócratas por parte del pensamiento neoliberal fue una causa determinante de su declive político, declive que se mostró, no sólo en un descenso muy marcado de su apoyo electoral, sino también en una reducción muy significativa del número de militantes y simpatizantes de tales partidos. El desencanto de las bases de los partidos socialdemócratas hacia tales políticas y hacia los dirigentes que las llevaban a cabo, alcanzó unas dimensiones nunca vistas antes en su historia.</p>
<p>Su caída electoral en picado fue la causa de que las derechas recuperaran el poder. Una vez en el gobierno, estos partidos conservadores y liberales (en realidad neoliberales) han extendido todavía más estas políticas que han profundizado la recesión, aprovechándose de ésta para poder conseguir lo que siempre desearon, es decir, el debilitamiento del mundo del trabajo y del Estado del Bienestar. La gran impopularidad de tales políticas ha aumentado las posibilidades de que los partidos socialdemócratas puedan recuperar el poder político y gobernar de nuevo.</p>
<p>Lo auténticamente preocupante, sin embargo, es que la gran mayoría de tales partidos no han hecho los cambios necesarios en sus políticas económicas, sociales y fiscales (ni tampoco en su personal directivo) que puedan abrir un capítulo nuevo de esperanza para poder salir de lo que va en vía de convertirse en la II Gran Depresión. Tales partidos no han roto con el pensamiento neoliberal que continúa dominando las mayores instituciones que gobiernan la UE-15 y la Eurozona, ni tampoco han presentado una alternativa, claramente expansionista, que permita resolver la situación económica y social de la Unión Europea. Como bien escribe George Irvin, profesor de Economía de la Universidad de Londres, en su último artículo “Have Social Democrats Surrendered?” en (Social Europe Journal), es enormemente decepcionante ver el continuismo entre la “nueva” y la “anterior” socialdemocracia. El supuestamente nuevo PD italiano, el Partido Demócrata de izquierdas (continuador del que fue en su día poderoso Partido Comunista italiano) apoya las políticas neoliberales del mal llamado “gobierno tecnócrata” del Sr. Monti (un banquero ultraliberal). El candidato socialista francés, François Hollande, hace gala de su rectitud fiscal como manera de mantener su credibilidad (entendiendo credibilidad como austeridad). Ed Balls, el portavoz de temas económicos del Partido Laborista, indica que el futuro gobierno laborista mantendrá los recortes del Sr. David Cameron, en caso de que gane las próximas elecciones. Los dos candidatos a la Secretaría General del Partido socialdemócrata español no han hecho ni críticas de las políticas económicas neoliberales del gobierno Zapatero (del cual formaron parte), ni han hecho propuestas claramente expansivas de gasto público para crear empleo, remarcando, en cambio, que los recortes debieran ser menos acentuados (recortes que inició el gobierno Zapatero) de los que realiza el gobierno conservador-neoliberal del PP y la reducción del déficit público debería ser más lenta que lo programado, pero, por lo demás, no hay ninguna apuesta por una gran inversión y aumento notable del gasto público.</p>
<p>Como indica George Irvin, no ha habido un cambio suficiente en la socialdemocracia europea que permita albergar esperanzas para el futuro. Después de todo no es tan difícil ver qué es lo que debiera hacerse en estos momentos de crisis. Es necesaria una inversión masiva en creación de empleo, como ocurrió con el New Deal en EEUU a principios del siglo XX o en los años cuarenta y cincuenta en Europa, en la reconstrucción que siguió a la II guerra Mundial, facilitada por el Plan Marshall. La socialdemocracia europea, por mucho que diga lo contrario, todavía no considera que el mayor problema económico en la UE sea el desempleo y la escasa capacidad adquisitiva de la población, en lugar de la deuda y el déficit público. Parecen no ser conscientes de que estos últimos se resolverán cuando se resuelva el primero, no al revés, como la sabiduría convencional neoliberal predica.</p>
<p><strong>¿Es posible el New Deal en la Unión Europea y en España?</strong></p>
<p>La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. La Unión Europea tiene los recursos para hacer esta expansión masiva del gasto público con el objetivo de crear empleo en los sectores deficitarios que van desde el Estado del Bienestar a los sectores energéticos y economía alternativa. (Por cierto, la crítica a la socialdemocracia podría también aplicarse a la mayoría de los partidos verdes mayoritarios que no han hecho propuestas de inversión pública masiva a nivel europeo). En realidad, la gran paradoja es que, a pesar del aumento de la productividad que ha estado ocurriendo en todos los países de la UE-15, las rentas del trabajo han disminuido como porcentaje de la renta nacional, y los ingresos al Estado también han estado bajando en la gran mayoría de países de la Eurozona y de la UE-15, incluyendo España. Las rentas del capital, sin embargo, han subido enormemente. Esta realidad, ampliamente documentada en muchos escritos (véase el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de Juan Torres, Alberto Garzón y Vicenç Navarro), muestra que sí que hay recursos. El problema es que están mal distribuidos, con excesiva concentración de las rentas en los sectores más pudientes de la sociedad. Y ahí está la raíz del problema, tanto en la UE como en España. No puede haber una inversión masiva encaminada a estimular la economía sin una reforma fiscal redistributiva de gran calado que permita un aumento muy notable de la inversión pública. Tal como he señalado en otro artículo (“El abandono de las políticas redistributivas por las izquierdas gobernantes”. Sistema Digital. 06.01.12), el abandono de las políticas redistributivas por parte de la socialdemocracia (y de los partidos verdes) ha llevado a la crisis actual. A no ser que cambien y recuperen su compromiso con la redistribución, no habrá salida de la crisis. El principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su habilidad y capacidad” es tan relevante ahora como en la historia de tal movimiento.</p>
<p>La mala distribución de los recursos ha significado un enorme empobrecimiento del Estado. El fraude fiscal, predominantemente de las rentas superiores, ha alcanzado unos niveles sin precedentes, tanto en la UE como en España. Las cifras estimadas a nivel de la UE consideran que el fraude fiscal representa como promedio el 13% del PIB de la Unión Europea, porcentaje que aumenta mucho más en los países de la periferia. En España es un 23%. Y hay que repetir que este fraude se concentra sobre todo en las rentas superiores, tal como el caso español muestra claramente. Según los técnicos de la Agencia Tributaria del Estado español, el 72% de todo el fraude fiscal en España lo realizan las grandes fortunas, las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (que representan un 0,01% de todas las empresas) y la banca. Este 72% representa 64.000 millones de euros, cantidad equivalente a todos los recortes que está realizando el Estado español. ¿Se atreverán los partidos socialdemócratas a enfrentarse con los grandes evasores fiscales? La experiencia hasta ahora ha sido deprimente.</p>
<p><em>Artículo publicado en El Plural.</em><br />
<a href="http://www.vnavarro.org" target="_blank"><em>www.vnavarro.org</em></a></p>

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		<title>Los errores de la visión neoliberal de la crisis del euro</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Dec 2011 06:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Unió Europea]]></category>
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		<description><![CDATA[Vicenç Navarro &#8211; Consejo Científico de ATTAC España Este artículo critica la versión neoliberal, bien representada en el artículo de David Brooks del New York Times, y ampliamente compartida por las derechas de Estados Unidos y de Europa, incluyendo las españolas y catalanas, sobre la crisis del euro y la supuesta responsabilidad que los países [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: medium;"><br />
</span><strong>Vicenç Navarro</strong> &#8211; Consejo Científico de ATTAC España<br />
<strong> </strong></p>
<p><strong>Este artículo critica la versión neoliberal, bien  representada en el artículo de David Brooks del New York Times, y  ampliamente compartida por las derechas de Estados Unidos y de Europa,  incluyendo las españolas y catalanas, sobre la crisis del euro y la  supuesta responsabilidad que los países PIIGS tienen en la génesis de la  crisis.</strong></p>
<p>En España, cuando se piensa en temas económicos del The New York  Times, inmediatamente se piensa en Paul Krugman, el Premio Nobel de  Economía, que escribe una columna regular en aquel rotativo, proveyendo  una visión keynesiana de la crisis de la Eurozona que, con algunas  matizaciones, define bastante claramente lo que ocurre en tal unidad  monetaria y porque está ahora en profunda crisis.</p>
<p>Poco conocido es otro columnista, David Brooks, que es la voz de la  derecha estadounidense en The New York Times que tal rotativo lo  mantiene para presentarse como un diario equilibrado. Últimamente ha  publicado un artículo “El espíritu de empresa” que se ha hecho famoso.  Refleja muy bien el punto de vista de las derechas estadounidenses sobre  la crisis del euro, y que coincide con el sostenido por el gobierno de  derechas alemán y grandes sectores de las derechas, incluyendo las  españolas y las catalanas. Acaba de publicarse (10.12.12) en el diario  catalán Ara (que también publica artículos de Krugman con una visión  diferente). Para tal autor, el problema radica en el comportamiento de  los países del Sur de Europa, como Grecia, Portugal, España e Italia  que, viviendo por encima de sus posibilidades, estuvieron gastando de  una manera irresponsable, pidiendo prestado a los bancos alemanes y  otros del centro de Europa, los cuales tienen toda la razón en exigir  que se les devuelva el dinero prestado. Y esto es lo que el gobierno  Merkel está pidiendo que se haga. No es justo –según Brooks- que los  alemanes estén ayudando a los sureños –a través del BCE-, rescatando a  aquellos países que “tienen unos sectores públicos enormes, muy por  encima de lo que pueden pagar”. David Brooks defiende así la postura de  la Sra. Merkel, diciendo que Alemania ya ha hecho su deber y ahora es  tiempo de que los españoles  e italianos hagan el suyo. Que Alemania les  ayudara ahora, sin más, sería recompensar un comportamiento  irresponsable. Antes de recibir ayuda, tienen que mostrar que pueden ser  responsables. Es interesante subrayar que esta visión de las causas de  lo que ocurre está aceptada, incluso por sectores del equipo económico  del socialismo español (véase el artículo “Debates sobre la  socialdemocracia en España” en <a href="http://www.vnavarro.org/" target="_blank">www.vnavarro.org</a>).</p>
<p>El problema de tal teoría es que ignora los datos fácilmente accesibles que muestran el error de sus supuestos. Veámoslo.</p>
<p>En  primer lugar, los datos no muestran que España tiene un sector público  hipertrofiado. El gasto público por habitante es, en España, el más bajo  de la UE-15. Lo mismo en cuanto al porcentaje de la población adulta  que trabaja en el Estado: es sólo el 9%, uno de los más bajos de la  UE-15 (el promedio de la UE-15 es el 15%, y en Suecia es el 25%). ¿Dónde  está la hipertrofia?</p>
<p>Veamos otro dato. Brooks dice que la crisis viene de que España se  gasta más de lo que tiene, habiendo actuado de una manera licenciosa y  exuberante durante muchos años. De nuevo, los datos no apoyan tal  supuesto. El Estado español, cuando la crisis comenzó en 2007, estaba en  superávit, y la deuda pública era de las más bajas existentes en la  UE-15. En realidad, España había sido el discípulo ejemplar de los  establishments neoliberales europeos y el gobierno Zapatero recibió en  más de una ocasión un gran aplauso (incluyendo el de la señora Merkel)  por sus medidas de austeridad. ¿Dónde está, pues, la exuberancia en el  sector público?</p>
<p>Vayamos ahora a la exuberancia en el sector privado. Y ahí sí que  hubo una gran exuberancia y especulación. Pero, por lo visto, el Sr.  Brooks desconoce el papel clave que jugó la banca alemana en facilitar y  estimular el endeudamiento de las instituciones financieras españolas,  adquiriendo en el proceso unos beneficios auténticamente exuberantes. La  banca privada tanto española como alemana y sus supervisores –tanto el  Banco Central Europeo, como el Banco de España y el Banco Central  Alemán- actuaron con un elevado nivel de irresponsabilidad, en el caso  de los bancos y complicidad en el caso de los Bancos Centrales. David  Brooks, en su canto a la banca alemana, ignora que ésta estaba metida en  la burbuja inmobiliaria especulativa española hasta la médula, de lo  cual consiguió grandes beneficios, hasta que la burbuja explotó.</p>
<p>Y, por último, David Brooks también ignora como funciona el BCE y su  relación con la banca alemana. Cuando se dice que el BCE ayuda a España  comprando deuda pública, no lo hace con dinero alemán que le presta la  banca alemana. La banca alemana tiene una enorme influencia sobre el BCE  pero el dinero del BCE no es dinero alemán. El dinero del BCE lo  imprime de las máquinas que producen dinero, y lo utiliza para comprar  los bonos públicos de España a unos intereses, con lo cual, no le cuesta  ni un céntimo al ciudadano alemán o a sus bancos. En realidad, el BCE  gana dinero no sólo imprimiéndolo, sino recibiendo unos intereses.</p>
<p>Por lo visto, Brooks ignora que el hecho de que los bancos alemanes y  su Banco Central no quieran que se compren bonos públicos, no es porque  los pensionistas alemanes están ayudando al Estado español (cosa que no  hacen), sino que temen que imprimiendo moneda aumente la inflación, el  enemigo nº 1 de la banca en cualquier país. Ahí está el problema. El  problema con ello es que, como ha admitido el nuevo director del BCE,  Mario Draghi, existe el peligro de que, en lugar de inflación podamos  tener deflación si acabamos en una Gran Recesión a la que,  indudablemente estamos abocados a llegar con estas políticas promovidas  por la sra. Merkel y que tienen el apoyo del Sr. David Brooks y de otros  pensadores neoliberales a los dos lados del Atlántico. Así de claro.</p>
<p><em><a href="http://www.vnavarro.org/" target="_blank">www.vnavarro.org</a></em></p>

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		<title>El insuficiente debate en la socialdemocracia sobre la política económica a seguir</title>
		<link>http://www.attacmallorca.es/2011/11/28/el-insuficiente-debate-en-la-socialdemocracia-sobre-la-politica-economica-a-seguir/</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 06:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Unió Europea]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>
		<category><![CDATA[socialdemocracia]]></category>

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		<description><![CDATA[Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España El Periódico de Catalunya publicó recientemente (13.11.11) un debate a cuatro páginas entre dos de los economistas más conocidos en Catalunya, el Profesor Josep Oliver, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, y el Profesor Antón Costas, Catedrático de Política Económica de la Universidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicenç Navarro</strong> – Consejo Científico de ATTAC España</p>
<p><em>El Periódico de Catalunya publicó recientemente (13.11.11) un debate a cuatro páginas entre dos de los economistas más conocidos en Catalunya, el Profesor Josep Oliver, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, y el Profesor Antón Costas, Catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona. Ninguno de los dos pertenece a la sensibilidad neoliberal que domina gran parte del pensamiento económico en los círculos académicos y mediáticos en Catalunya. Y creo que ambos se considerarían neo-keynesianos, es decir, ambos son favorables a la intervención del Estado (sea central, autonómico o municipal) en los espacios económicos a favor de la regulación activa de lo que se ha venido llamando los mercados. Josep Oliver fue uno de los economistas más influyentes en el gobierno tripartito, y continúa siéndolo en el Partido Socialista de Catalunya. Y Antón Costas, algo más distante del mundo político, tiene claras simpatías socialdemócratas y tiene una gran presencia en los círculos de economía, siendo Vicepresidente del Círculo de Economía de Catalunya.</em></p>
<p>Puesto que el debate es una transcripción escrita de un intercambio oral, ocurrido en la sede de tal rotativo, incluye ciertas simplificaciones que, seguro que no fueron emitidas por los dos economistas, sino que son consecuencia de la transcripción. La síntesis y resumen de un debate que seguro que llevó más de media hora, lleva inevitablemente a esta situación. Pero, en general, es una buena transcripción del debate moderado por Josep María Ureta (máximo responsable de la sección económica de tal rotativo) y permite ver la postura de ambos economistas. Aconsejo su lectura.</p>
<p>El debate intenta presentar dos posturas distintas. Aparecen frecuentemente expresiones como “no estoy de acuerdo”, “lo veo distinto”, y otras, que muestran una diferencia clara de opiniones. Sorprende la semejanza casi idéntica del punto de vista expresado por Josep Oliver acerca de las causas de la crisis del euro con la postura expresada por el binomio Merkel-Sarkozy. Interpreta la situación de los países de la periferia de la Eurozona como resultado de la falta de disciplina y responsabilidad, tanto de los agentes privados como públicos, en tales países. Afirma que tanto el sector privado como el público se endeudaron excesivamente y de ahí deriva la crisis, que conlleva la necesidad de tomar medidas de austeridad que permitan pagar las deudas y recuperar la credibilidad a nivel internacional y la solvencia a nivel nacional. Y, también como Merkel y Sarkozy, cree necesaria una devaluación doméstica encaminada a aumentar la productividad y expandir las exportaciones, de las cuales depende la recuperación económica. Vaticina una situación de gran austeridad y dificultades para España en los próximos diez años. El futuro, pues, se presenta complicado pudiendo empeorar la ya difícil situación actual.</p>
<p>Antón Costas es menos pesimista y acentúa más le necesidad de estimular la economía, a base de aumentar el gasto público, aunque cree que las posibilidades de que el gasto público pueda aumentar son mínimas, debido a la situación fiscal del país, postura que también es compartida por Josep Oliver. En una declaración de este último, se afirma que la demanda interna “la tienes tocada” y poco se puede hacer. En una observación anterior, el mismo Josep Oliver indica que el mercado de trabajo no tirará de esta demanda debido al colapso de la burbuja inmobiliaria y gran destrucción de puestos de trabajo y consecuente crecimiento del desempleo, a lo cual añade como causa de dificultad para el crecimiento de la demanda, el escaso crecimiento demográfico que determinará un descenso de la población de 700.000 personas en el periodo hasta 2015. Es importante señalar que Josep Oliver no cree que la demanda que podría generarse con un aumento del gasto público sea la mejor opción para estimular la economía. Indica que “ya lo hicimos en el año 2009 y no sirvió de mucho”. De ahí su conclusión de que la única manera es el aumento de la demanda generada por el aumento de las exportaciones. De ello, Oliver deriva la gran urgencia e importancia de que se oriente la economía rápidamente hacia este sector, aunque, por muy rápido que esto pase, predice como anoté antes, un futuro malo para los próximos años. A lo cual, Antón Costas está de acuerdo, aún cuando cree que la recuperación puede ser más cercana que la que señala Josep Oliver.</p>
<p>Esta es la postura de lo que podríamos definir con todo respeto (e incluso estima personal) de dos de los economistas más influyentes en la socialdemocracia catalana. Creo que he resumido correctamente la postura de ambos. Ni que decir tiene que el debate contiene una gran riqueza de argumentos y posturas -algunas de las cuales comparto-. Pero en lo esencial estoy profundamente en desacuerdo, pues el análisis de las causas es limitado y sus soluciones insuficientes. Debido a que reflejan las posturas ampliamente sostenidas en los espacios socialistas españoles, merecen una discusión y crítica.</p>
<p><strong>Porqué la postura actual de la socialdemocracia española es errónea</strong></p>
<p>En primer lugar la génesis de la crisis no puede explicarse correctamente sin entender la polarización de las rentas que ha ocurrido en Catalunya, en España y en los dos lados del Atlántico Norte, es decir, EEUU y Europa. A diferencia de los economistas neoliberales, que son la mayoría en los medios de mayor difusión, Josep Oliver y Antón Costas explican el retraso en la recuperación como consecuencia de la falta de demanda, situándose en la sensibilidad keynesiana. En esto estoy de acuerdo. Pero esta falta de demanda se originó con el declive de las rentas del trabajo, acentuada todavía más con el aumento del desempleo. Por otra parte, la burbuja inmobiliaria se debe, no tanto al crecimiento de la demanda de vivienda y a la facilidad con que la población pudo conseguir crédito (por muy importantes que ambos factores hayan sido en la génesis de la crisis), sino a las prácticas especulativas de las rentas del capital, invertidas en las actividades inmobiliarias en lugar de las productivas. A no ser que haya una redistribución masiva de las rentas (hecho de mayor carácter político que económico) es improbable que se vaya en la dirección ajustada.</p>
<p>Lo cual lleva al segundo punto con el que estoy en desacuerdo: el desmerecer la experiencia española de estímulo de la economía, como base para favorecer la expansión del gasto público como medida de estímulo económico. El hecho de que la experiencia española con su estímulo no fuera suficiente no tiene en cuenta que hay muchas maneras de estimular la economía. No es suficiente, o incluso apropiado, bajar los impuestos como las medidas más acertadas para generar demanda. Depende de a quién se bajen los impuestos. Y tampoco es suficiente aumentar el gasto público. Depende en qué se invierta. La experiencia muestra claramente que la inversión directamente encaminada a crear empleo (y muy en especial en los sectores donde se requiere abundante mano de obra, como los sectores sociales) es la más estimulante. Y esto apenas se hizo en España o en la Eurozona. Y ahí está el problema. La socialdemocracia debería recuperar dos áreas o principios un tanto olvidados: uno es las políticas fiscales redistributivas (de las cuales hay un amplio campo de expansión) que permitan aumentar los ingresos al Estado (demasiado bajos en España); y el otro la inversión pública en la infraestructura social y física del país. Como también debería recuperar la creación de instituciones públicas que garantizaran la disponibilidad de crédito, incluyendo nacionalización de la banca.</p>
<p><strong>Los necesarios cambios en la Unión Europea y en la Eurozona</strong></p>
<p>A nivel de la UE, lo que se requiere es un cambio muy notable de modelo, distinto al alemán. Y ahí creo que Josep Oliver está profundamente equivocado. Como he escrito extensamente, el modelo alemán no es la solución ni para Europa ni para Alemania. Lo que el gobierno Merkel tenía que haber hecho es hacer lo que Oskar Lafontaine proponía cuando era Ministro de Economía del gobierno Schröder. Aumentar los salarios, para aumentar la demanda que estimulará la economía alemana y europea. Centrarse en la exportación es un profundo error (como, por cierto, lo está también demostrando China). Se necesita un estímulo generado por el incremento de la demanda interna a base de aumentar los salarios y el gasto público, incluyendo el social, políticas opuestas a las que Merkel, Sarkozy y Oliver están proponiendo. Ello requiere también que, como señala acertadamente Antón Costas, el Banco Central Europeo actúe más como el Federal Reserve Board de EEUU que como un lobby de la banca alemana. La configuración actual donde los centros álgidos del poder están en manos de ex dirigentes de la banca (a los cuales se les llama tecnócratas) es una receta para el desastre.</p>
<p>Por fin, recientemente, sectores de la socialdemocracia, incluyendo la alemana (que tiene que competir electoralmente con Die Linke, la Izquierda, de Oskar Lafontaine, que dejó el SPD), están aceptando muchas de las tesis de Lafontaine, incluyendo la propuesta de estímulo de la economía a base de aumento de la demanda interna, aumentando los salarios y el gasto público. Ello exige que el aumento de la productividad vaya al asalariado en lugar de, como ahora, al empresariado y a las rentas del capital. Otro requisito es que haya una reforma tributaria redistributiva que genere los recursos con los cuales pagar la necesaria expansión en inversiones sociales, físicas y energéticas que creen empleo rápido.</p>
<p>Y también reconocen tales sectores de la socialdemocracia alemana (que hace ya tiempo que han estado presionados por los partidos a su izquierda) de que hay que transformar el BCE en un banco central semejante al Federal Reserve Board de EEUU (con mayor dependencia y supervisión pública que tal Banco Central Estadounidense), creando una agencia del Tesoro Europeo que emita eurobonos, garantizados por las instituciones europeas, además de crear un Banco para el Desarrollo. Es decir, prácticas opuestas a las que están defendiendo las derechas en Europa. El hecho de que estas políticas se vean como utópicas o irrealizables en España, muestra el enorme dominio del pensamiento neo-liberal en nuestro entorno, que influencia también el pensamiento económico de la socialdemocracia.</p>
<p><em>Fuente: Sistema Digital</em></p>
<p><em><a href="http://www.vnavarro.org/" target="_blank">http://www.vnavarro.org/</a></em></p>

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		<title>La crisis de la socialdemocracia. Busquemos salidas</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Nov 2011 14:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crisi sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[movilizaciones populares]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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		<description><![CDATA[Carlos Martínez  &#8211; Attac Andalucía Crisis política y social democracia Desde un punto de vista solamente político, uno de los grandes problemas que vivimos es la crisis y desnaturalización de la socialdemocracia que ha dejado a las clases populares de Europa sin uno de sus referentes políticos principales. El problema que existe es necio no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> Carlos Martínez  &#8211; </strong>Attac Andalucía</p>
<p><strong>Crisis política y social democracia</strong></p>
<p>Desde un punto de vista solamente político, uno de los grandes problemas que vivimos es la crisis y desnaturalización de la socialdemocracia que ha dejado a las clases populares de Europa sin uno de sus referentes políticos principales. El problema que existe es necio no analizarlo al objeto de ver como lo superamos. Lo más grave es que cuando esta fuerza política se convierte en socioliberal hace ya unas décadas y se convierte claramente, -no por que no lo fuera ya algo antes- en una fuerza del sistema.</p>
<p>La ampliación de la Unión Europea a la Europa del Este, la antigua Europa ligada a la URSS, amplía el problema y aún sabiendo que no es políticamente correcto el enumerarlo, hay que analizarlo puesto que es un operación frente a la que la izquierda francesa (puede que la más lúcida del continente), manifestó su oposición por estás rápidas incorporaciones, apoyadas con entusiasmo por los Estados Unidos de América, que desnaturalizarían el sueño de una Europa democrática y social y fortalecerían su derechización introduciendo una quinta columna pro-norteamericana en el continente.</p>
<p>Estaba claro que estas incorporaciones de urgencia, apoyaban las tesis neoliberales, incluso desde las nuevas socialdemocracias del este, a pesar de ser algunas de ellas antiguos partidos comunistas reconvertidos. La Unión Europea es en estos momentos algo imposible para las izquierdas, mientras los pueblos del este no comprendan y vean ellos mismos las profundas negatividades del capitalismo y que éste es posible superarlo en democracia.</p>
<p>Pues bien, así ha sido al pie de la letra. Los estados del antiguo bloque del este apoyan todos los pronunciamientos, directivas y reglamentos de la Unión, más neoliberales y son los principales aliados de Gran Bretaña y de Alemania, además de ser actualmente el mercado principal de la potencia germana, que dicho sea de paso juega sus propias cartas en el complicado tablero de ajedrez europeo.</p>
<p>El fenómeno europeo de la socialdemocracia  tiene su propia crisis, que afecta y mucho a cualquier solución política del continente. Pues la socialdemocracia, también fue engullida por la revolución conservadora. Los dirigentes socialdemócratas aceptaron las tesis del reequilibrio del estado del bienestar y de la necesidad de limitar las prestaciones del estado providencia, que ellos mismos habían contribuido a crear de forma decisiva. También asumieron las privatizaciones, implementado y ejecutando muchas. Las mismas que conservadores y liberales.</p>
<p>La socialdemocracia de la tercera vía, gracias a Guiddens, Blair y Shcrroeder se convierte en socioliberalismo y se queda sin un mensaje claro hacía las clases populares. Ya no tienen ninguna nueva ilusión que conquistar, ni sociedad sin clases y justa a la que aspirar. Han renunciado a sus principios y además no son especialmente capaces de digerir las propuestas innovadoras como las verdes y/o ecológicas. Son partidos del sistema y se derechizan transformándose en una suerte de partidos liberal-progresistas, que protegen a los mercados por encima de todo.</p>
<p>Los socialdemócratas cuando gobiernan ejecutan políticas de derechas y neoliberales. De hecho la socialdemocracia europea ha sido clave en la construcción de la Unión Europea, mercantil, economicista y profundamente neoliberal, que las clases populares europeas sufren. Nunca se ha opuesto con contundencia a directivas regresivas en lo laboral y profesional como La Bolkenstein o de Servicios de Interés General u otras que han ido “liberalizando” el sistema y desprotegiendo a las clases trabajadoras y populares.</p>
<p>Los Verdes, se están igualmente acomodando al sistema, en el caso alemán a pasos agigantados, influyendo decisivamente en el resto de los partidos verdes europeos. Son además estos partidos verdes, muy anti comunistas, tal vez por razones distintas a los conservadores, pero lo son y de hecho, los verdes alemanes antes pactan con la Democracia Cristiana que con Die Linke.</p>
<p>En el caso español, se puede aplicar todo lo anteriormente dicho a la situación que hemos vivido y sufrimos en la actualidad. Felipe González derechiza su partido y lo acomoda aunque mantiene a algunos ministros y ministras a su izquierda. Con Zapatero, todo alcanza tintes tan dramáticos como esperpénticos. Zapatero llega a la secretaría general gracias a la izquierda del PSOE, ante la posibilidad de que venza el derechista, católico y demagogo José Bono. Pero finalmente Zapatero, le supera y vence. Sacando las tropas de Irak, logrando avances en materia de derechos civiles e igualdad de genero, pero sin embargo, aconsejado no se por quién, entiende que el Gobierno no debe intervenir en la economía y regularla,-incumpliendo de esta forma un regla de oro de la socialdemocracia clásica- para al final y tras el crack de 2008 postrarse ante la banca, las fundaciones conservadoras como FEDEA y las presiones de Alemania y Francia. Zapatero actualmente vive una extraña y personal luna de miel con el PP y Rajoy, en un remedo personal de coalición de facto, captada por los movimientos indignados, de protesta social y la izquierda alternativa, que gráficamente lo definen como “PPSOE”. Y así se confronta su partido, -que lo ha apoyado y seguido casi sin fisuras- a unas elecciones generales, en las que ha logrado que la gente no solo desconfíe de “los socialistas” sino que desee darles la gran patada, aunque se lo piensen algunas y algunos, por aquello de que viene y viene la extrema derecha.</p>
<p>El panorama europeo es, en definitiva, profundamente conservador y fiel aliado de los EE.UU en lo económico político y militar. España, lo es y su presencia en zonas calientes del mundo en aventuras militares que no se puede permitir, así lo atestiguan.</p>
<p>Son sin embargo precisamente dos escisiones por la izquierda de partidos socialdemócratas, las que en estos momentos más se esfuerzan por construir algo nuevo, elaborar una ideología de las clases populares, y que además tienen más credibilidad para emprenderlo, y son Die Linke en Alemania y el Parti de la Gauche en Francia. Aliados además o fundidos con los partidos comunistas respectivos, a los que les aportan frescura y renovación.</p>
<p>Estas son seguramente las vías a seguir, para construir políticas a la izquierda, y en el caso español, para posibilitar la aparición de una nueva fuerza popular, unitaria, antineoliberal y profundamente democrática e inclusiva y participativa que nos permita reemprender el post 20N con garantías de éxito, pues las políticas regresivas y antipopulares que el PP continuará y profundizará nos obligarán a luchar, a resistir, a rechazar.</p>
<p>Es pues de desear que desde las cenizas de la socialdemocracia devenida en socialiberalismo, surja el socialismo. Pero entiendo que la tarea del socialismo y de las y los socialistas aquí y ahora, no es mirarse al ombligo. es colaborar en construir una amplia red de convergencia social que posibilite la toma del poder político de las clases populares, de las y los indignados, de las y los trabajadores. Partiendo desde lo que tenemos y de esa gran obra colectiva que se llama 15M que todas y todos los que no nos resignamos hemos contribuido a levantar. Hemos caminado y aprendido mucho, pero ahora ni podemos ceder, ni podemos ser infantiles. Esto es duro y complicado, pero vale la pena. Cuando muchas y muchos gritamos socialismo o barbarie, es por que, o construimos un mundo nuevo, justo y de todas y todos, o el cambio climático, la guerra, las mafias, los especuladores y los banqueros, acabarán con éste.</p>
<p>Ante este panorama, no estaría mal vencer de una vez nuestros prejuicios eurocentristas y aprender de los procesos latinoamericanos, antineoliberales, patriótico-populares y hacía el socialismo, que partiendo de fuertes movilizaciones populares y pese a la agresividad del imperio y las derechas propias y extrañas, están arrancando de la pobreza a millones de personas y haciendo participar en política a sus pueblos, mientras hasta hace poco más de una década esto era exclusivo de sus oligarquías.</p>
<p><a href="http://portuarioenexcedencia.com/" target="_blank">Portuario en excedencia</a></p>

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		<title>El abandono de las políticas redistributivas por parte de partidos socialdemócratas y sus consecuencias</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 14:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicenç Navarro</strong> – Consejo Científico de ATTAC España</p>
<p>En los últimos treinta años hemos visto el abandono por parte de gran número de partidos pertenecientes a la tradición socialdemócrata (que es, en teoría, la tradición política comprometida en desarrollar el socialismo a través de la vía democrática) del principio redistributivo de la riqueza del país como medida central de su proyecto político. Otras tradiciones políticas han influenciado este cambio. Una variación, derivada de la democracia cristiana, ha sido sustituir las intervenciones públicas encaminadas a desarrollar derechos sociales para toda la ciudadanía (programas universales) por políticas asistenciales, como los programas antipobreza, y otros, destinados a prevenir y evitar la exclusión social. Como señaló Tony Blair, una figura emblemática de la Tercera Vía (que fue muy influyente en los cambios en la socialdemocracia europea), “no me importa que los ricos sean cada vez más ricos. Lo que me importa es que los pobres dejen de ser pobres”. De ahí que muchos partidos socialdemócratas se hayan centrado en la prevención de la pobreza y de la exclusión social más que en el desarrollo y promoción de derechos sociales para toda la población. Consecuencia de ello es que las desigualdades en la sociedad y la concentración de la riqueza en los países gobernados por estos partidos (que en un momento determinado eran la mayoría en la Unión Europea) han aumentado.</p>
<p>Una de las causas del abandono de las medidas redistributivas por parte de la socialdemocracia fue la incorporación en su ideario de otro principio, éste derivado de la tradición liberal, que asume que la eficiencia económica requiere la existencia de desigualdades, contraponiendo la eficiencia a la equidad. De este principio tales partidos derivaban –tal como también asumen los partidos liberales- que las medidas correctoras de la desigualdad afectaban negativamente la eficiencia de la economía, dificultando indirectamente la corrección y reducción de la pobreza. La concentración de la riqueza se percibía como una condición para que la economía creciera y se resolviera la pobreza. Como indicó el mismo Tony Blair a un grupo de militantes del Partido Laborista, “tenéis que daros cuenta que vuestras peticiones de que distribuyamos la riqueza están dificultando resolver el problema de la pobreza. Os preocupáis demasiado de los que están arriba –los ricos- y no os dais cuenta de que, con ello, estáis perjudicando a los de abajo –los pobres-”. Esta postura liberal (en realidad neoliberal) dentro de la socialdemocracia aparece también en la tan utilizada expresión de que “para distribuir, hay que antes crecer”, asumiendo, de nuevo, que hay un conflicto entre eficiencia y equidad, y que ésta última debe sacrificarse en aras de la primera.</p>
<p>De esta manera la desigualdad como categoría de análisis y de intervención ha prácticamente desaparecido de la narrativa socialdemócrata. Y puesto que ni la democracia cristiana ni los partidos liberales nunca consideraron la corrección de las desigualdades como objetivo de sus políticas públicas, el abandono de tales políticas por parte de la socialdemocracia significó la desaparición de tal preocupación y medidas correctivas de los fórums nacionales e internacionales. Como bien señala Robert Wade en su artículo “Global Trends in income inequalities” (Challenge, Sep/Oct. 2011), incluso la palabra “desigualdad” dejó de utilizarse en documentos de las Naciones Unidas. En la conferencia internacional Millennium Developments Goals de las Naciones Unidas, presentada como la conferencia que tenía que analizar objetivos sociales del desarrollo económico, realizada en 2005, se indicó que el objetivo central de los países debería ser eliminar la pobreza sin nunca citar la necesidad de redistribuir la riqueza, asumiendo erróneamente que se podía conseguir lo primero sin incidir en lo segundo. Sólo más tarde, en el informe Equidad y Desarrollo (2006), abordaba el tema de una manera tímida y moderada, como lo hizo también la socialdemocracia, introduciendo el concepto de “igualdad de oportunidades”, que se limitaba a garantizar educación para todos sin referirse, en cambio, a las medidas redistributivas de la riqueza y la renta, asumiendo erróneamente que la igualdad de oportunidades podría alcanzarse sin que se realizaran previamente profundas medidas redistributivas.</p>
<p>Resultado de ello es que las desigualdades de renta han alcanzado unos niveles nunca conocidos en los últimos cien años. Tenemos que remontarnos al periodo pre Gran Depresión, para ver niveles de desigualdad tan acentuados como ahora. Las rentas de los ejecutivos de las grandes empresas, incluyendo las financieras, en la Gran Bretaña del Sr. Tony Blair, eran 1.128 veces más grandes que el salario medio de aquel país. Y la pobreza alcanzó durante su mandato el mayor porcentaje que haya existido en la Gran Bretaña en los últimos cincuenta años. Lo mismo ha ocurrido en EE.UU. y en la mayoría de países de la UE.</p>
<p>En realidad, tal concentración de la riqueza ha sido la causa de la disminución de la capacidad adquisitiva de la mayoría de la ciudadanía, del crecimiento de su endeudamiento, del descenso de la demanda doméstica y del comportamiento especulativo de la banca. Y también por cierto del enorme crecimiento de la pobreza (ver mi artículo en Sistema “Cómo las políticas neoliberales serán responsables de la II Gran Depresión y como ésta podría prevenirse”, 28.10.11 en mi blog www.vnavarro.org). Es más, tal concentración de la riqueza ha limitado enormemente la expresión democrática en los países que se autodefinen como democráticos a los dos lados del Atlántico Norte. La enorme concentración de la riqueza ha dado un enorme poder económico y financiero a tales sectores minoritarios, que a través de su abusiva y desorbitada influencia sobre las instituciones políticas, están imponiendo medidas muy impopulares que están dañando a las clases populares, políticas cuyo único objetivo es el de optimizar su riqueza y concentrarla, todavía más, en sus manos. Éste ha sido el resultado de que la socialdemocracia abandonara las políticas redistributivas.</p>
<p>El posible futuro en España</p>
<p>Una última observación. Las encuestas, no siempre creíbles y frecuentemente manipuladas, muestran una posible victoria del Partido Popular, cuya orientación económica es claramente neoliberal. Independientemente de lo que su programa electoral contenga, es fácil de predecir que sus políticas fiscales y económicas acentuarán todavía más las desigualdades de renta y de propiedad existentes en España, las más altas existentes en la UE-15. Tales políticas tendrán un impacto devastador para el bienestar de las clases populares. Lo que está ocurriendo en la Gran Bretaña es un buen indicador de lo que ocurrirá en España, donde la popularidad del gobierno ha descendido espectacularmente como resultado de tales políticas.</p>
<p>Lo que es preocupante es que este descenso de popularidad no va acompañado de un crecimiento paralelo de popularidad de la alternativa laborista. Y lo mismo podría ocurrir también en España en los próximos años, a no ser que el partido socialista haga una autocrítica profunda de sus recientes políticas fiscales y económicas con propuestas distintas -y en ocasiones opuestas- a las que ha estado haciendo durante su mandato, recuperando su compromiso en reducir las desigualdades. Sin tales cambios tal partido permanecerá en la oposición por muchos años.</p>
<p>La creencia extendida entre sus dirigentes de que el electorado no quiere ni hablar de redistribución es empíricamente incorrecta. Todas las encuestas muestran que la gran mayoría de la ciudadanía (en la mayoría de países de la OCDE) cree que las desigualdades han crecido demasiado y el gobierno debería hacer algo para corregirlas (ver mi artículo en Público “Desigualdades y explotación”, 27.10.11 en mi blog www.vnavarro.org). Incluso en EEUU, el 62% de la población cree que no es aceptable que la sociedad sea tan desigual.</p>
<p>La concentración de las rentas y de la propiedad han alcanzado unos niveles tan elevados, que las políticas redistributivas deberían estar encaminadas a disminuir tal concentración, transfiriendo recursos de una minoría a la gran mayoría de la población, revirtiendo el flujo de recursos que ha ido en dirección contraria –de la mayoría a la minoría- durante estos últimos años de dominio neoliberal. La minoría se refiere a estas medidas redistributivas como una llamada a la “lucha de clases”, deliberadamente ignorando que ellos han protagonizado una lucha de clases que, como bien dijo recientemente Warren Buffet, uno de los ricos más superricos del mundo, han ganado en bases diarias durante estos años. Como señala Noam Chomsky en su introducción al libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito (Hay alternativas) la plutocracia que dirige la vida económica y financiera de los países nunca habla de lucha de clases. En realidad, odia este término. Solo cuando la mayoría se rebela contra la minoría, ésta última habla de lucha de clases, quejándose de que esta lucha deje de ser unilateral y se convierta en bilateral, cuando la mayoría se rebela frente a tal dominio y sus consecuencias.</p>
<p>A no ser que la socialdemocracia recupere sus raíces, comprometiéndose a defender los intereses de las mayorías frente a los intereses de las minorías, la socialdemocracia pasará a ser partidos minoritarios lo cual será una enorme pérdida para el desarrollo de una Europa más justa, más solidaria, y más democrática de lo que es ahora.</p>
<p><em>Artículo publicado en El Plural.</em></p>
<p><a href="http://www.vnavarro.org" target="_blank">www.vnavarro.org</a></p>

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		<title>La ilusión socialdemócrata</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 14:00:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinió]]></category>
		<category><![CDATA[globalización]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Immanuel Wallerstein – La Jornada La socialdemocracia tuvo su apogeo en el periodo de 1945 a finales de los años sesenta. En ese entonces, representaba una ideología y un movimiento que estaba en favor de utilizar los recursos del Estado para garantizar que hubiera alguna redistribución para la mayoría de la población en varias maneras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Immanuel Wallerstein</strong> – <em>La Jornada</em></p>
<p>La socialdemocracia tuvo su apogeo en el periodo de 1945 a finales de los años sesenta. En ese entonces, representaba una ideología y un movimiento que estaba en favor de utilizar los recursos del Estado para garantizar que hubiera alguna redistribución para la mayoría de la población en varias maneras concretas: la expansión de las instalaciones educativas y de salud; la garantía de niveles de ingreso de por vida mediante programas que apoyaran las necesidades de los grupos sin empleo con salarios, particularmente los niños y los ancianos; programas para minimizar el desempleo.</p>
<p>La socialdemocracia prometía un futuro siempre mejor para las futuras generaciones, una suerte de elevación permanente del nivel de los ingresos nacionales y familiares. A esto se le llamaba estado de bienestar. Era una ideología que reflejaba la visión de que el capitalismo podía reformarse y asumir un rostro más humano.</p>
<p>Los socialdemócratas fueron más poderosos en Europa occidental, Australia y Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos (donde se les conocía como demócratas del Nuevo Trato/New Deal). En resumen, su ámbito fueron los acaudalados países del sistema-mundo, aquellos que constituían lo que podría llamarse un mundo pan-europeo. Eran tan exitosos que sus oponentes de centro-derecha también reivindicaron el concepto de estado de bienestar. Solamente intentaron reducir sus costos y su extensión.</p>
<p>En el resto del mundo, los estados intentaron brincar a esta carreta mediante proyectos de desarrollo nacional.</p>
<p>La socialdemocracia fue un programa sumamente exitoso durante este periodo. Lo sostuvieron dos realidades de los tiempos: la increíble expansión de la economía-mundo, que creaba los recursos que hacían posible la redistribución, y la hegemonía de Estados Unidos en el sistema-mundo, que garantizaba la relativa estabilidad de su aplicación y, sobre todo, la ausencia de violencia seria dentro de esta zona de riqueza.</p>
<p>La imagen rosa no duró. Las dos realidades llegaron a su fin. La economía-mundo dejó de expandirse y entró en un prolongado estancamiento, en el que todavía seguimos viviendo. Y Estados Unidos comenzó su larga, aunque lenta decadencia como poder hegemónico. Estas dos nuevas realidades se han acelerado considerablemente en el siglo XXI.</p>
<p>La nueva era que comenzó en los años setenta vio el fin del consenso centrista mundial acerca de las virtudes del estado de bienestar y del desarrollo manejado por el Estado. Lo remplazó una nueva ideología, más hacia la derecha, llamada de varias formas, neoliberalismo o del Consenso de Washington, que predicó los méritos de confiar en los mercados más que en los gobiernos. Se decía que este programa se basaba en una supuesta nueva realidad de globalización para la cual no hay alternativa.</p>
<p>Implementar los programas neoliberales pareció mantener niveles elevados de crecimiento en los mercados de valores, pero al mismo tiempo condujo al mundo a escalas crecientes de endeudamiento y desempleo y a más bajos niveles reales de ingreso para la vasta mayoría de las poblaciones. Sin embargo, los partidos que eran los bastiones de los programas de centro-izquierda, o socialdemócratas, se movieron hacia la derecha, sesgando o erosionando su respaldo al estado de bienestar y aceptando que el papel de los gobiernos reformistas tenía que reducirse considerablemente.</p>
<p>Aunque los efectos negativos para la mayoría de la población se sintieron aun dentro del rico mundo paneuropeo, se sintieron mucho más agudamente en el resto del mundo. ¿Qué habrían de hacer sus gobiernos? Comenzaron a sacar ventaja de la relativa decadencia económica y geopolítica de Estados Unidos (y a nivel más amplio del mundo paneuropeo), enfocándose a su propio desarrollo nacional. Utilizaron el poder de sus aparatos estatales y sus menores costos generales de producción para volverse naciones emergentes. Mientras más de izquierda era su discurso y aun su compromiso político, más estuvieron decididos a desarrollarse.</p>
<p>¿Funcionará esto para ellos como alguna vez funcionó el mundo paneuropeo del periodo posterior a 1945? No es nada obvio que les funcione, pese a las notables tasas de crecimiento de algunos de estos países –en particular el llamado BRIC (Brasil, Rusia, India, China)– en los últimos cinco o diez años. Porque existen algunas serias diferencias entre el estado actual del sistema-mundo y aquél del periodo inmediatamente posterior a 1945.</p>
<p>Primera. Los niveles reales de los costos de producción, pese a los esfuerzos neoliberales por reducirlos, son de hecho considerablemente mayores de lo que eran en el periodo posterior a 1945, y amenazan las posibilidades reales de la acumulación de capital. Esto hace al capitalismo un sistema menos atractivo para los capitalistas, y los más perceptivos de ellos están buscando modos alternativos de garantizar sus privilegios.</p>
<p>Segunda. La capacidad de las naciones emergentes para incrementar a corto plazo su adquisición de riqueza le ha provocado un gran desgaste a la disponibilidad de los recursos –que ya no pueden cubrir sus necesidades. Por tanto, esto ha creado una carrera que crece siempre por adquirir tierras, agua, alimentos y recursos energéticos, lo que no sólo está conduciendo a fieras luchas sino que también está reduciendo la capacidad mundial de los capitalistas para acumular capital.</p>
<p>Tercera. La enorme expansión de la producción capitalista ha creado por fin un serio desgaste de la ecología mundial, a tal punto que el mundo entró en una crisis climática cuyas consecuencias amenazan la calidad de vida de todo el planeta. También ha promovido un movimiento en pos de reconsiderar fundamentalmente las virtudes del crecimiento y el desarrollo, como objetivos económicos. Esta demanda creciente de una perspectiva civilizatoria diferente es lo que se está llamando movimiento en pro de un buen vivir en América Latina.</p>
<p>Cuarta. Las demandas de los grupos subordinados en pro de un grado real de participación en los procesos de toma de decisiones en el mundo, han llegado a dirigirse ya no sólo a los capitalistas sino también a los gobiernos de izquierda que promueven el desarrollo nacional.</p>
<p>Quinta. La combinación de todos estos factores, más la decadencia visible de la otrora potencia hegemónica, ha creado un clima de fluctuaciones constantes y radicales tanto en la economía-mundo como en la situación geopolítica, lo que tiene el resultado de paralizar a los empresarios y a los gobiernos del mundo. El grado de incertidumbre –no sólo la de largo plazo sino una de muy corto plazo– ha escalado marcadamente, y con ésta, el nivel real de violencia.</p>
<p>La solución socialdemócrata se ha vuelto una ilusión. La cuestión es lo que remplazará para la vasta mayoría de las poblaciones del mundo.</p>
<p><em>Traducción: Ramón Vera Herrera</em></p>
<p><em>© Immanuel Wallerstein</em></p>

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		<title>Ya te vale, Valeriano</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 05:30:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Treball]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[empleo]]></category>
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		<description><![CDATA[José Antonio Pérez – ATTAC Madrid Malas noticias, como es habitual, para las cifras de ese artificio social llamado empleo, consistente en que el trabajo de una persona dependa del beneficio ajeno. El paro sube en 51.185 personas en agosto. La creación de empleo retrocede, con 136.834 afiliaciones a la Seguridad Social menos. Las sucesivas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Antonio Pérez</strong> – ATTAC Madrid</p>
<p><strong>Malas noticias, como es habitual, para las cifras de ese artificio social llamado empleo, consistente en que el trabajo de una persona dependa del beneficio ajeno. El paro sube en 51.185 personas en agosto. La creación de empleo retrocede, con 136.834 afiliaciones a la Seguridad Social menos. Las sucesivas reformas del mercado laboral precarizan las condiciones de trabajo. Y el titular del ministerio de la Impotencia, lo justifica diciendo que &#8220;preferimos un contrato temporal a un parado&#8221;. Es tal la desmesura de la degradación ideológica a la que ha llegado el partido que representa la socialdemocracia en España, que sólo falta que el ministro Valeriano nos diga que la mejor solución al paro consiste en trabajar gratis.</strong></p>
<p>Anticipándose a los datos oficiales hechos públicos hoy mismo, el ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, ya había afirmado que el paro subiría en agosto. En declaraciones a la <em>cadena Ser</em>, Gómez ha dicho que agosto, desde hace diez años, se ha ido convirtiendo en un mes &#8220;malo&#8221; para el empleo porque <a href="http://www.publico.es/393504/el-gobierno-preve-una-subida-del-paro-en-agosto"> hay &#8220;ciertas prácticas&#8221; empresariales por las que se rescinden contratos y luego se vuelven a producir. &#8220;Es una forma de obtener el pago de las vacaciones a costa de los servicios públicos de empleo&#8221;. El ministro ha recordado que esas prácticas están penadas y castigadas. </a></p>
<p>Que el paro sufra un ligero descenso a principios del verano y un ascenso a finales del mismo es algo normal. Ocurre todos los años, debido a los contratos que se realizan esta época tanto para cubrir vacaciones de empleados fijos como, sobre todo, para realizar trabajos específicos de verano. Especialmente en la hostelería, donde necesitan camareros temporales en hoteles, restaurantes y chiringuitos playeros. Aparte de socorristas, guardas en parques nacionales e incluso miembros de las brigadas de lucha contra incendios.</p>
<p>Ahora bien, que el ministro de Trabajo, <a href="http://carnetdeparo.blogspot.com/2009/03/trabajo-el-ministerio-de-la-impotencia.html">un cargo impotente por definición</a>, diga que están penadas esas prácticas empresariales consistentes en rescindir contratos y reanudarlos después para ahorrarse el pago de vacaciones es un absoluto despropósito.</p>
<p>Para empezar, a la gente que se despide, por ejemplo en el sector de la enseñanza privada, no es a finales de agosto. Los colegios privados ponen en la puñetera calle a personal docente y no docente eventual a comienzos del verano, y la vuelven a contratar a comienzos del curso. Y eso ni está penado ni siquiera reprimido en aras de la sacrosanta libertad de mercado. Que en el caso del que estamos hablando se sustancia en <strong>libertad de despido </strong>perfectamente consentida por las autoridades competentes e impotentes en materia del Trabajo.</p>
<p>Mucho antes de que empezara la actual crisis económica, las patronales vienen reclamando continuas facilidades para despedir a sus empleados. Facilidades que el Gobierno de Rodríguez Zapatero les ha servido en bandeja con sus continuas <strong>reformas laborales</strong>. Sin ir más lejos, la que acaban de aprobar, extendiendo la precariedad del becariado hasta los treinta años. En la nueva reforma se suspende por dos años el límite de encadenamiento de contratos temporales para hacer fijo a un trabajador y se promueve un nuevo contrato de formación para jóvenes de hasta 30 años. <a href="http://www.publico.es/espana/393149/gomez-preferimos-un-contrato-temporal-a-un-parado">&#8220;Preferimos un contrato temporal a un parado&#8221;, decía hace unos días ese mismo Gómez que hoy se rasga las vestiduras por las prácticas empresariales. </a></p>
<p>Es una verdadera lástima la situación de degradación ideológica, reflejada en su praxis, a la que ha llegado el partido que representa a la socialdemocracia en España. Es tal la desmesura, que sólo falta que el ministro Valeriano nos diga que la mejor solución al paro consiste en trabajar gratis.</p>
<p>Desde luego, ideas no le van a faltar. &#8220;<strong>Quienes trabajan gratis tienen más ambición, más hambre que aquellos que perciben un salario. Y además son más creativos</strong>&#8220;&#8230; Esta es una de las afirmaciones recogidas recientemente por la revista <em>Fortune</em> para documentar una tendencia esperanzadora o peligrosa (según se mire) del mercado de trabajo que surge tras unos cambios vertiginosos: Cada vez más gente está dispuesta a trabajar sin percibir un sueldo. No se trata de pasantías, prácticas o jóvenes recién licenciados que buscan su primer empleo. Hablamos de profesionales, más o menos cualificados, que persiguen la promesa de un puesto futuro, una experiencia profesional o un impulso a su autoestima, sobre todo en tiempos difíciles. Y están dispuestos a hacerlo sin cobrar.</p>
<p>Según <em>Fortune</em>, algunos expertos [se autoconsideran así] <strong>hablan del trabajo gratis como &#8220;una corriente de futuro en recursos humanos</strong>. Algo que en una década será la norma&#8221;. Paco Muro, presidente ejecutivo de Otto Walter España, cree en la llegada de tendencias que nos llevan hasta el ajuste de los sueldos en función de la productividad, en vez de asociarlos a índices externos: &#8220;El gran salto que podría comenzar es aún mayor. <strong>Se trata de ‘trabajar gratis&#8217; o, dicho de otra forma, cobrar en función de los resultados aportados</strong>&#8220;.</p>
<p>El presidente de Otto Walter recuerda que &#8220;esta fórmula ya existe desde hace muchos años en otros formatos, y alguno de ellos es un gran éxito de empleabilidad en países como Inglaterra. Es el caso de los vendedores, de los autónomos y de los freelance, una solución muy extendida en Reino Unido que implica que un profesional trabaje sin sueldo para proyectos concretos y sólo cobre en función del resultado. La gran ventaja es que encuentran puestos con suma facilidad, ya que no existe compromiso de continuidad; su productividad y orientación a la aportación de valor es total y las empresas están encantadas de darles diversos trabajos, por lo operativo de esta alternativa&#8221;.</p>
<p>Como resulta vomitivo para los propósitos de este blog seguir citando esta basura ideológica, los lectores con estómago apto para olisquear estas ideas pueden ampliar el contenido en el reportaje publicado en <a href="http://www.expansion.com/2011/04/21/empleo/desarrollo-de-carrera/1303385156.html"><em>Expansión</em></a>, diario del mundo de los negocios que, en su momento, aplaudió con entusiasmo a <a href="http://carnetdeparo.blogspot.com/2009/12/en-un-nuevo-gesto-que-demuestra-que.html">Díaz Ferrán un genuino representante del empresariado español, que consideró oportuno ponerle al frente de la presidencia de la patronal CEOE.</a></p>
<p><em><a href="http://http://carnetdeparo.blogspot.com/" target="_blank">Carnet de paro </a></em></p>

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		<title>¿Qué le pasa a la izquierda?</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Aug 2011 11:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Unió Europea]]></category>
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		<description><![CDATA[Nicolás Sartorius - El País Uno. Mucha gente se pregunta dónde está la izquierda en un momento en que las políticas y los votos vuelan hacia la derecha mientras las personas se indignan desde la izquierda. La gran crisis la han provocado poderes financieros, Gobiernos permisivos e instituciones ciegas y, no obstante, la están pagando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Nicolás Sartorius </strong>- <em>El País</em></p>
<p><strong>Uno</strong>. Mucha gente se pregunta dónde está la izquierda en un momento en que las políticas y los votos vuelan hacia la derecha mientras las personas se indignan desde la izquierda. La gran crisis la han provocado poderes financieros, Gobiernos permisivos e instituciones ciegas y, no obstante, la están pagando los sectores populares, mientras los partidos de izquierda sufren derrota tras derrota. En la UE-27 solo quedan cinco Gobiernos progresistas de incierto futuro. Es verdad que también los partidos de centro-derecha que gobiernan sufren derrotas -de momento parciales- como en Alemania e Italia, pero esto no puede servir de justificación que paralice los cambios necesarios en el campo progresista. Porque el problema de la izquierda europea no es solo electoral, la cuestión de fondo es de proyecto, de discurso ante la nueva época y los nuevos retos. Así como el hundimiento de la URSS dejó sin relato creíble a la línea comunista de la izquierda europea, ahora la globalización, la sociedad cibernética y las limitaciones del Estado-nación está poniendo en jaque a la línea socialdemócrata.</p>
<p>¿Por qué estos aprietos, no tanto electorales, sino de proyecto de sociedad? En mi opinión, porque la socialdemocracia -como todo- es un producto de la historia, surge en el contexto de la industrialización, del Estado nación y del desarrollo de Europa. Sin embargo, ahora vivimos en el contexto de la sociedad cibernética, de la globalización, de los grandes conjuntos regionales, entre ellos la UE. Y cuando hablo de crisis de la izquierda me refiero a Europa porque las manifestaciones de &#8220;otra izquierda&#8221; gozan de mejor salud, ya sea el Brasil de Lula-Roussef, los Estados Unidos de Obama o la Sudáfrica de Mandela.</p>
<p><strong>Dos.</strong> En Europa, la carencia desde la izquierda de un proyecto común sobre la globalización -que es tanto como decir sobre el futuro de la humanidad- parte de una insuficiencia previa que consiste en la inexistencia de una visión compartida sobre la construcción europea. Sigue primando un supuesto &#8220;interés nacional&#8221; en asuntos que han dejado hace tiempo de ser &#8220;nacionales&#8221;. Esto tiene profundas raíces en el viejo continente: la I Guerra Mundial y el rompimiento de la izquierda; las diferencias ante la descolonización; los choques durante la guerra fría y, más cercano en el tiempo, las divergencias ante los referendos sobre la Constitución europea, la guerra de Irak, etcétera. Diferencias que se acentúan según que el partido en cuestión esté en el poder o en la oposición. Fenómeno que contiene cierta lógica pues ante un proceso en construcción, como es el de la UE, la contradicción no es siempre entre derecha e izquierda sino, a veces, entre europeístas y euroescépticos. Lo que ocurre es que a partir del Tratado de Lisboa y ante la crisis actual ya no se trata de discutir sobre aspectos &#8220;institucionales&#8221; sino de contenidos económicos, sociales, de políticas para salir de la crisis y aquí debería de primar la dialéctica derecha-izquierda si no fuera porque está ahogada por la lógica de acero de los poderes económicos y los intereses de los Estados nacionales más fuertes.</p>
<p><strong>Tres.</strong> Tiene su sentido que con la mundialización del capital, las carencias del Estado nación hayan quedado a la intemperie y la crisis de los poderes políticos democráticos haya hecho su aparición. La democracia representativa es una realidad que surge en un determinado espacio geográfico, en un concreto estadio de evolución de la ciencia y la tecnología y, en consecuencia, con una determinada relación entre economía y política, representantes y representados. Pero cuando el espacio ya no es la nación sino lo global y cuando el nivel de &#8220;las fuerzas productivas&#8221; ya no se sitúa en lo industrial-vertical sino en lo cibernético-horizontal, los instrumentos que hemos utilizado hasta ahora hay que mejorarlos o quedarán obsoletos.</p>
<p>La gran crisis que reventó en 2008 ha puesto en carne viva las nuevas contradicciones. Por un lado, las finanzas mundiales -mercados- condicionan las políticas de los Gobiernos al margen de lo que deseen o voten los ciudadanos, con el consiguiente deterioro de la democracia. Control financiero que se acentúa cuando los Estados se endeudan hasta las cejas como consecuencia de su intencionada flojera fiscal y los abultados déficits-deudas contraídos para hacer frente a los desaguisados de un sistema financiero descontrolado, así como el pago de las copiosas facturas que toda crisis arrastra, entre otras las de los propios bancos. Y este poder de los mercados -acreedores- se impone ante Gobiernos de izquierda o de derecha pues todo acreedor quiere garantizarse el pago de la deuda y solo sigue prestando, a intereses asumibles, si el Estado deudor hace políticas de &#8220;ajuste&#8221;, esto es, saca el dinero a los ciudadanos -en pensiones, sueldos, salarios, IVA, privatizaciones, menos inversiones públicas, etcétera- para pagarles a ellos. Examen riguroso de esta política de &#8220;austeridad&#8221; que se confía a unos tribunales examinadores (firmas de rating) que pertenecen a empresas multinacionales -son juez y parte- y que cada vez que bajan la nota a uno de los Estados le sacan la hijuela y medio riñón. Así funciona el tinglado.</p>
<p><strong>Cuatro.</strong> Así se va mellando la democracia, que queda hecha unos zorros, y se provoca un cósmico cabreo en el personal sufridor. Ahora bien, las tecnologías no solo han globalizado las finanzas y las mercaderías sino también la comunicación instantánea entre las personas a través de Internet y otros artefactos cada vez más sofisticados. Diálogo no solo instantáneo sino sobre todo horizontal, sin intermediarios y de difícil control, lo que ha introducido un nuevo elemento en las contradicciones contemporáneas que las explosiones de indignación, incluyendo España, han puesto de manifiesto. Han mostrado que con los instrumentos que proporciona la actual tecnología, la democracia representativa puede ser ensanchada, pues permite introducir nuevos cauces de participación y control. No se trata de prescindir de los partidos o los Parlamentos, pues eso sería la dictadura. Pero he defendido, desde hace mucho, con poco éxito, que los partidos tienen que abrirse a los ciudadanos, convertirse en partidos de los ciudadanos y no solo de los afiliados. La consulta y el debate entre elegidos y ciudadanía tiene que ser continua y deben darse facilidades para que, ante determinados temas de trascendencia, los ciudadanos puedan refrendar de manera vinculante.</p>
<p><strong>Cinco.</strong> El reto para la izquierda es este, pues sus dificultades siempre van unidas al desgaste de la democracia. Su destino es transformar la realidad y no limitarse a administrar lo que hay. Y cambiar la situación hoy es enfrentarse a tres grandes retos que solo son alcanzables con el ensanchamiento de la democracia.</p>
<p>El primero, dirigir desde la política, la democracia y el interés público el proceso de globalización, lo que supone afrontar la cuestión del poder financiero. Este ha adquirido tal volumen y dominio que tiene que responder al interés general por medio de un modelo &#8220;público-privado&#8221; y no solo privado como ahora. Porque el destino de los bancos no afecta solo a los accionistas sino a la ciudadanía en su conjunto.</p>
<p>En segundo lugar, no es realista pretender sostener el Estado de bienestar -conquista irrenunciable- con la actual fiscalidad. Un sistema impositivo suficiente y justo es la base de cualquier política progresista. No hay redistribución que valga sin aumentar los impuestos a los más pudientes, a las grandes fortunas y capitales, sin gravar las transacciones financieras internacionales, combatir la evasión fiscal, los paraísos fiscales, la economía sumergida. La disyuntiva es o mayor capacidad fiscal o recorte de gastos sociales e inversión para reducir deuda, que es lo que se está haciendo. Mientras los Estados estén endeudados dependerán de los acreedores y estos impondrán políticas antisociales.</p>
<p>Por último, convendría perfeccionar la actual democracia con nuevos instrumentos de participación. Amplios sectores de la sociedad, en especial los jóvenes, están inmersos en otra lógica, con otros códigos, digitales y horizontales, que circulan por ámbitos diferentes. O conseguimos insertar estas nuevas realidades en la democracia existente, facilitando el diálogo y la participación que las nuevas tecnologías permiten, o esta se ira agostando.</p>
<p>En conclusión, la izquierda debería apostar por ensanchar la democracia; por el control de las finanzas por la política y porque los pudientes paguen más impuestos para sostener el Estado de bienestar.</p>

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		<title>¿Adónde va la izquierda europea?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 15:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dmansilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sami Naïr &#8211; El País El fracaso de la izquierda europea ante la ofensiva del neoliberalismo nunca ha sido más patente que hoy. La crisis actual del capitalismo financiero tendría que haber provocado desde hace mucho tiempo su debacle. Sin embargo, allí donde la izquierda europea gobierna está obligada a hacerlo todo para salvarlo. Hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sami Naïr</strong> &#8211; <em>El País</em></p>
<p>El fracaso de la izquierda europea ante la ofensiva del neoliberalismo nunca ha sido más patente que hoy. La crisis actual del capitalismo financiero tendría que haber provocado desde hace mucho tiempo su debacle. Sin embargo, allí donde la izquierda europea gobierna está obligada a hacerlo todo para salvarlo. Hay en ello algo propiamente surrealista. ¿Por qué ironía de la historia la izquierda se encuentra, como el médico, en la cabecera de un sistema que supuestamente debe combatir en nombre del progreso y de la justicia?</p>
<p>El electorado de izquierdas, desconcertado por este viraje, o gira hacia la derecha populista o se refugia en la abstención política. La revolución neoconservadora ha emprendido desde los años ochenta la demolición sistemática del modelo del Estado social, adquirido en reñidas luchas históricas y con grandes sacrificios de movimientos obreros del siglo XX. En Europa, esta ofensiva ha sido acompañada por la izquierda bajo el pretexto falaz de la construcción europea. La socialdemocracia, y más aún el social-liberalismo, sometiéndose a este modelo, han tirado por la borda sus ideologías socialistas, sus valores más fundamentales de solidaridad; en el mejor de los casos (Alemania, España, Francia) han defendido unas políticas de privatización ocultas tras unas redes sociales para proteger a los más débiles; en el peor de los casos (blairismo) se han convertido en punta de lanza de la reacción ultraliberal, cuando no han simple y llanamente desaparecido (Italia).</p>
<p>Pero la crisis actual del modelo liberal europeo pone hoy al desnudo la impotencia de la izquierda: no solo no puede oponerse a la ofensiva del liberalismo, que quiere siempre más privatizaciones, sino que está ahora sin proyecto, sin programa y ha perdido, salvo en los países del norte, el apoyo de las clases populares. Convertido en el partido de las clases medias, ya ni siquiera es capaz de protegerlas, puesto que estas padecen en todas partes la devaluación de sus estatus social, que atribuyen en general a la fiscalidad creciente de las políticas públicas. Y es por ello que se vuelcan progresivamente a la derecha, siguiendo así a una gran parte del electorado popular. Al final, está evidentemente la extrema derecha europea, que cosecha en todas partes los frutos envenenados de esta deriva.</p>
<p>El resultado de la pérdida de identidad de la izquierda está aquí: a fuerza de haber apostado por la economía liberal, se ve arrastrada por la &#8220;derechización&#8221; de la sociedad. Pero la verdad es que la sociedad vira a la derecha porque la izquierda liberal no es percibida como una alternativa. Si el electorado se pronuncia ahora cada vez con más indiferencia por la derecha o la izquierda no es por elección ideológica, sino más bien por despecho hacia unas políticas que se parecen como dos gotas de agua. La izquierda ya no marca la diferencia.</p>
<p>Le hará falta tiempo para hallar un nuevo aliento. Puesto que, contrariamente a la derecha, necesita ofrecer un proyecto que supere el orden existente. Debe representar la esperanza de un mundo mejor. Para aquellos que no se resignan a la desaparición de la izquierda (posible, como en Estados Unidos), el primer deber es identificar bien los problemas históricos a los que está confrontada. El material conceptual clásico de la izquierda apenas sirve ya; el paso a una civilización globalizada, el papel estructurador de las nuevas tecnologías inmateriales (Internet), la irrupción del principio de responsabilidad en la gestión del medio ambiente, la disolución de las viejas relaciones de clase y la formación de nuevas estructuraciones sociales, el ascenso de las potencias emergentes y de sus clases medias, y otros muchos factores más, imponen la elaboración de nuevos paradigmas, mucho más complejos que aquellos que sirven solamente, como hoy, para conquistar el poder.</p>
<p>Más allá de este trabajo necesario y riguroso de comprensión del nuevo mundo, hay al menos tres condiciones previas para la construcción de una futura izquierda.</p>
<p>En primer lugar, la autocrítica. La izquierda debe interrogarse sobre sus equivocaciones, no para culpabilizar a las generaciones que la han llevado al abismo, sino para no repetir los mismos errores: es un deber de memoria necesario para su propia identidad y para el pueblo. Los partidos socialistas europeos deben someterse a un serio examen de conciencia, puesto que cargan colectivamente con la responsabilidad del fracaso frente al liberalismo destructor del Estado social. ¿Cómo puede ser que la izquierda haya dejado instalarse una economía mundial potencialmente delincuente, con un &#8220;sistema bancario a la sombra&#8221; (Shadow Banking System), que, por medio de los activos tóxicos, representa más de 650.000 millardos de dólares? ¡Eso es 10 veces el PIB mundial! Mientras que se pide a los asalariados más débiles, a los funcionarios que defienden el servicio público, a las clases medias que cargan con la parte más grande de los impuestos, a los obreros endeudados y devaluados, a los jóvenes abandonados en el camino de la vida, que paguen para salvar ese sistema delincuente. En efecto, la izquierda no ha instaurado este sistema, pero ¿qué ha hecho para combatirlo desde hace 30 años? Sin autocrítica, no habrá aggiornamento de la izquierda.</p>
<p>En segundo lugar, la definición del campo de valores de la izquierda y de su proyecto histórico: ¿sigue siendo una fuerza de transformación de la sociedad? ¿Se trata de hacer funcionar &#8220;bien&#8221; el capitalismo, o de emancipar a la sociedad? ¿Hacia dónde? ¡No es concebible que unos partidos que se dicen &#8220;socialistas&#8221; no sepan lo que puede ser un socialismo del siglo XXI! Los pueblos quieren un proyecto humano de solidaridad colectiva; el mero consumo infinito de las mercancías no puede ser este proyecto: se haga lo que se haga, nunca será más que un medio de existencia. ¿Qué significa pues hoy una sociedad &#8220;socialista&#8221; mediante la democracia? ¿Qué sentido tiene? La izquierda europea debe enunciar su proyecto y asumirlo con franqueza. No debe avergonzarse de su identidad.</p>
<p>Por último, la toma de conciencia de la revolución que se ha producido en las mentalidades. Lo que han demostrado tanto la primavera árabe como el magnífico ejemplo del 15-M español es la irrupción masiva de la demanda ciudadana en la elaboración del interés general por parte de las mismas poblaciones. Es la crítica a la forma partido, que ha perdido su legitimidad a consecuencia de la sordera y la arrogancia respecto a las aspiraciones profundas de las fuerzas más vivas de la sociedad.</p>
<p>Eso no significa el fin de los partidos, puesto que una sociedad democrática sin partidos es una sociedad totalitaria, no democrática, sino que los partidos deben cambiar, en su forma como en su función. En su forma, para aprender a cristalizar las aspiraciones populares democratizando su relación con el pueblo, rechazando su consideración únicamente como una masa de electores manipulables; en su función, definiendo unos programas realistas y realizables. Ser un partido que escucha y no miente: puesto que la exigencia de ética está en el corazón de la política democrática moderna. Sin una reforma en profundidad de su visión del mundo, de sus métodos de acción y de sus medios de funcionamiento, la izquierda europea corre el riesgo de patinar durante mucho tiempo aún. Pero desgraciadamente ese tiempo no está vacío: lo pagan muy caro los más débiles, que sufren los costes de un sistema económico cruel y simplemente indigno de una humanidad civilizada.</p>
<p><em>Sami Naïr es profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla</em></p>

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		<title>Una izquierda descarriada</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2011 05:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>asusini</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ignacio Ramonet </strong>– Consejo Científico de ATTAC</p>
<p>Uno de los hombres más poderosos del mundo (jefe de la mayor institución financiera del planeta) agrede sexualmente a una de las personas más vulnerables del mundo (modesta inmigrante africana). En su desnuda concisión, esta imagen resume, con la fuerza expresiva de una ilustración de prensa, una de las características medulares de nuestra era: la violencia de las desigualdades. Lo que hace más patético el caso del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y líder del ala derecha del Partido Socialista francés, Dominique Strauss-Kahn es que, de confirmarse, su batacazo constituye además una metáfora del actual descalabro moral de la socialdemocracia. Con el agravante de que revela, a la vez, en Francia, las carencias de un sistema mediático cómplice. Todo ello indigna sobradamente a muchos electores de izquierda en Europa, cada vez más inducidos –como lo mostraron en España las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22 de mayo– a adoptar tres formas de rechazo: el abstencionismo radical, el voto a la derecha populista o la protesta indignada en las plazas.Naturalmente, el ex jefe del FMI y ex candidato socialista a la elección presidencial francesa de 2012, acusado de agresión sexual y de tentativa de violación por la camarera de un hotel de Nueva York el pasado 14 de mayo, goza de presunción de inocencia hasta que la justicia estadounidense se pronuncie. Pero la actitud mostrada, en Francia, por los líderes socialistas y muchos intelectuales “de izquierda” amigos del acusado, precipitándose ante cámaras y micrófonos, para corear inmediatamente una defensa incondicional de Strauss-Kahn, presentándolo como el dañado principal, evocando “complots” y “maquinaciones”, ha sido realmente bochornosa. Ni una palabra tuvieron de solidaridad o de compasión hacia la presunta víctima. Algunos, como el ex ministro socialista de Cultura Jack Lang, en un reflejo machista, no dudaron en restar gravedad a los presuntos hechos declarando que “después de todo, nadie había muerto” (<strong>1</strong>).  Otros, olvidando el sentido mismo de la palabra justicia, se atrevieron a reclamar privilegios y un tratamiento más favorable para su poderoso amigo pues, según ellos, no se trata de “un acusado como cualquier otro” (<strong>2</strong>).Tanta desfachatez ha dado la impresión de que, en el seno de las elites políticas francesas, cualquiera que sea el crimen del que se acuse a uno de sus miembros, el colectivo reacciona con un respaldo coligado que más parece una complicidad mafiosa (<strong>3</strong>). Retrospectivamente, ahora que resurgen del pasado otras acusaciones contra Strauss-Kahn de acoso sexual (<strong>4</strong>), mucha gente se pregunta por qué los medios de comunicación ocultaron ese rasgo de la personalidad del ex jefe del FMI (<strong>5</strong>). Por qué los periodistas, que no ignoraban las quejas de otras víctimas de hostigamiento, jamás realizaron una investigación a fondo sobre el tema. Por qué se mantuvo a los electores en la ignorancia y se les presentó a este dirigente como “la gran esperanza de la izquierda” cuando era obvio que su Talón de Aquiles podía en cualquier momento truncar su ascensión. Desde hacía años, para conquistar la presidencia, Strauss-Kahn había reclutado brigadas de comunicantes de choque. Una de las misiones de éstos consistía en impedir también que la prensa divulgase el lujosísimo estilo de vida del ex jefe del FMI. Se deseaba evitar cualquier inoportuna comparación con la esforzada vida que llevan millones de ciudadanos modestos arrojados al infierno social en parte por las políticas precisamente de esa institución.Ahora las máscaras caen. El cinismo y la hipocresía surgen con toda su crudeza. Y aunque el comportamiento personal de un hombre no debe prejuzgar la conducta moral de toda su familia política, es evidente que contribuye a preguntarse sobre la decadencia de la socialdemocracia. Tanto más cuando esto se suma a innumerables casos, en su seno, de corrupción económica, y hasta de degeneración política (¡los ex dictadores Ben Ali, de Túnez, y Hosni Mubarak, de Egipto, eran miembros de la Internacional Socialista!).La conversión masiva al mercado y a la globalización neoliberal, la renuncia a la defensa de los pobres, del Estado de bienestar y del sector público, la nueva alianza con el capital financiero y la banca, han despojado a la socialdemocracia europea de sus principales señas de identidad. Cada día les resulta más difícil a los ciudadanos distinguir entre una política de derechas y otra “de izquierdas”. Ya que ambas responden a las exigencias de los amos financieros del mundo. ¿Acaso la suprema astucia de éstos no consistió en colocar a un “socialista” a la cabeza del FMI con la misión de imponer a sus amigos “socialistas” de Grecia, Portugal y España los implacables planes de ajuste neoliberal? (<strong>6</strong>)  De ahí el hastío popular. Y la indignación. El repudio de la falsa alternativa electoral entre los dos principales programas, en realidad gemelos. De ahí las sanas protestas en las plazas: “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”. El despertar. El fin de la inacción y de la indiferencia. Y esa exigencia central: “El pueblo quiere el fin del sistema”.</p>
<p><strong>NOTAS</strong>: (<strong>1</strong>) Declaraciones al telediario de las 20h en la cadena pública France 2 el 17 de mayo de 2011.(<strong>2</strong>) Bernard-Henri Lévy, “Défense de Dominique Strauss-Kahn” (<a href="http://www.bernard-henri-levy.com/defense-de-dominique-strauss-kahn-18909.html" target="_blank">www.bernard-henri-levy.com/defense-de-dominique-strauss-kahn-18909.html</a>, y Robert Badinter, ex ministro socialista de Justicia de Francia, declaraciones a la radio pública France Inter,  17 de mayo de 2011.<strong>(3</strong>) Este colectivo ya a favor pruebas de su tremenda eficacia mediática cuando consiguió movilizar en 2009 a la opinión pública francesa y a las autoridades a favor del cineasta polaco-francés Roman Polanski, acusado por la justicia estadounidense de haber drogado y sodomizado, en 1977, a una niña de 13 años.(<strong>4</strong>) En particular, la formulada por la escritora y periodista Tristane Banon. Léase: “Tristane Banon, DSK et AgoraVox: retour sur une omertà médiatique”, AgoraVox, 18 de mayo de 2011(<a href="http://www.agoravox.fr/actualites/medias/article/tristane-banon-dsk-et-agoravox-94196" target="_blank">www.agoravox.fr/actualites/medias/article/tristane-banon-dsk-et-agoravox-94196</a> . (<strong>5</strong>) En el seno mismo del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn ya había sido protagonista, en 2008, de un escándalo por su relación adulterina con una subordinada, la economista húngara Piroska Nagy.(<strong>6</strong>) “Su perfil ‘socialista’ le permitió hacer tragar píldoras amargas a muchos Gobiernos de derecha o izquierda, y explicar a los millones de víctimas de las finanzas internacionales que lo único que tenían que hacer era apretarse el cinturón en espera de tiempos mejores”, Pierre Charasse, “No habrá revolución en el FMI”, La Jornada, México, 22 de mayo de 2011.</p>
<p><em>Artículo Publicado en Le Monde diplomatique</em></p>

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