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Tambores de guerra UE-EEUU por regulación de los mercados financieros

13 març, 2010 - Unió Europea

Fernando HellerNuestro país
Los 27 socios de la Unión Europea (UE) velan armas ante la cumbre económica de los próximos lunes y martes, cuando se prevé un agrio debate por la necesidad de establecer una dura regulación financiera en Europa, que prevenga futuras crisis. Londres cumplirá con su papel y defenderá su sacrosanta “city”, el símbolo de su poder financiero global.
Es previsible que en el terreno de juego haya, por un lado, una fuerte presencia de socios europeos que apuesten por dotar a la UE de mayores competencias en materia económica, de dar al bloque un “Instituto Monetario Europeo” (a imagen -y casi semejanza- del FMI), de poner los cimientos de un futuro “gobierno económico europeo” y de regular más los mercados.
En el otro lado estará el Reino Unido, cuyo mercado financiero es el más importante de Europa, y el segundo del mundo, tras Wall Street. Todo apunta a que Londres se mostrará inflexible en su defensa cerrada de la independencia de la “city”.
Los trabajadores de cuello blanco del corazón financiero de la capital británica temen que la propuesta presentada por la presidencia semestral española de la UE, apoyada por Alemania y Francia, para regular más estrictamente la actividad financiera en Europa sea una maniobra calculada para dar una estocada mortal a la hegemonía financiera que disfrutan desde hace décadas.
Por ello, los ministros de Economía y Finanzas de la UE tendrán que lidiar un toro complicado, cuando se reúnan los próximos lunes, en un Eurogrupo (16 socios), y martes en un Consejo de Asuntos Económicos y Financieros (ECOFIN) en Bruselas. El ambiente promete estar varios grados por encima de lo normal, según apuntan hoy numerosos expertos.
Para sumar calor al ambiente, existe ya un frente muy activo franco-alemán en pro de una regulación estricta de las operaciones financieras especulativas, causa -en gran parte- de los desbarajustes de la economía europea desde que estalló la crisis, a finales de 2007, según los analistas.
La canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, han enviado esta semana una misiva al presidente de turno del Consejo, José Luis Rodríguez Zapatero, y al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en la cual piden acciones contundentes contra la especulación financiera basada en los derivados financieros.
Y es que en Berlín y París, el eje sobre el que gira -en la práctica- el particular universo de la UE, hay tres siglas que causan pavor: CDS. Se trata de los “Credit Default Swaps”, un artilugio financiero -junto a los “hedge funds” (fondos de alto riesgo)- que se convirtió en uno de los grandes pecados para los arúspices de la crisis, que vaticinaron parte de la actual deriva económica en Europa.
Los CDS, aseguran los expertos, constituyen, previo pago de una prima, una garantía sobre la deuda emitida por un Estado, aunque quien la reclame no esté obligado a poseer títulos de ella. Así, el emisor de CDS garantiza a su cliente una compensación económica en caso de que el emisor de esa deuda quiebre.
Precisamente, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ha puesto el énfasis en investigar a fondo ese instrumento financiero, ante las sospechas crecientes de que puede haber sido un arma para que los especuladores internacionales pusieran en duda la sostenibilidad de la deuda de Grecia, y de otros países del flanco sur de la zona euro.
Los británicos no están solos en la cruzada anti-regulación financiera. Como suele ser habitual, el bien engrasado eje transatlántico Washington-Londres también ha funcionado esta vez y a él se ha sumado la “International Limited Partners Association” (ILPA), una plataforma que representa a 220 de los principales inversores privados con capitales gestionados por un importe superior al billón de dólares.
Para sorpresa de los expertos de Bruselas, la ILPA envió recientemente una carta al comisario europeo de Mercado Interior, Michel Barnier, en la cual -en la práctica- amenaza a Europa, al advertir que las condiciones que se imponen en el borrador de nueva legislación comunitaria (aprobada en diciembre pasado por el ECOFIN) para las entidades de gestión de capital, les plantean problemas de funcionamiento, que podrían obligarles a “abandonar progresivamente” a los inversores del Viejo Continente.
La intención de Bruselas, y de Berlín y París, de regular los “hedge funds” ha irritado en Estados Unidos y Reino Unido, para quienes sólo la palabra “regulación” provoca una fuerte urticaria.
Esta misma semana, Bruselas tuvo que salir al quite y responder a las críticas frontales del Secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, acerca de que el proyecto de regulación europeo de los fondos de alto riesgo es una iniciativa que se enmarca en los acuerdos alcanzados en el G-20.
Los tambores de guerra comienzan a sonar desde el otro lado del Atlántico. Geithner ha mostrado sus simpatías con los inversores estadounidenses contrarios a la futura nueva legislación europea en materia financiera y ha incluso amenazado a Bruselas con un posible diferendo con la UE si salen adelante las propuestas de Bruselas.
La regulación sobre los fondos de alto riesgo “discriminará a las empresas estadounidenses y les denegará el acceso al mercado de la UE del que ahora disfrutan”, se lamentó Geithner. El conflicto está servido.

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