Menu

Tercer capitalismo

11 gener, 2011 - Opinió

Jorge ParrondoEl Sueldo de Diógenes
Pedir gratuidad en Internet no es suficiente. La gratuidad es algo que convendría hacer extensible a otros sectores de la economía. Terminaríamos de esta forma creando un sistema altereconómico no mercantil donde cada cual aporte o reciba de la sociedad lo que pueda o quiera sin canjes monetarios que valgan. Los defensores de leyes antipiratería y cierre de páginas webs lo que no entienden es que el libre acceso a la cultura no solo es un derecho ciudadano, es que además viene a ser fundamental para el progreso humano. Lo explica muy bien el economista Jacques Attali: “Si la leche se obtiene libremente, su precio baja. Si la leche escasea, sube: ésta es la teoría económica. Pero no funciona con la música; no funciona con la información como totalidad. Si yo tengo una botella de leche y te la doy, ya no la tengo. Pero si te doy una pieza de información, aún la tengo, la conservo. Lo cual significa que si tengo información y te la doy, estoy creando algo nuevo: abundancia“.
El conocimiento pertenece a la esfera de la producción metafísica y cuanto más libremente circulen los bienes artísticos y culturales, más riqueza y bienestar crearemos. Además hay que tener en cuenta que el problema de la apropiación de la cuota justa que a cada cual le corresponde de la riqueza cultural de una sociedad tampoco es una cuestión que pueda ser tratada bajo los parámetros clásicos de la economía ortodoxa. La cultura libre que circula por Internet es un negocio del que principalmente se lucran Google y las compañías telefónicas, y semejante falta de equidad en el reparto de los beneficios que arrojan los bienes culturales y artísticos que estamos creando entre todos no es de recibo. La propiedad intelectual es un concepto que solo puede analizarse desde la lógica difusa pues nunca estaremos en condiciones de trazar una línea perfectamente definida entre el bien público y el bien privado al hablar de arte, cultura o conocimiento. Además, cualquier creador sabe muy bien que su obra no es del todo suya sino resultado de la interacción del talento personal con un patrimonio artístico y cultural del que todos los ciudadanos somos legítimos herederos.
Simplemente por el hecho de ser español estoy en mi derecho a reclamar una porción de los beneficios que arroja el negocio del turismo. Al fin y al cabo no solo nuestras playas sino también nuestros museos son de todos los ciudadanos y una parte del porcentaje que me corresponde como accionista del patrimonio cultural español lo quiero en forma de dinero en efectivo pues lo que en justicia es mío tendré el derecho a gastármelo en lo que me de la gana. Aparte de ser legítimo heredero del patrimonio cultural y artístico de la sociedad a la que pertenezco también soy autor de una obra que circula libremente por Internet y que junto a la obra de cientos de miles de otros blogueros constituye el núcleo del negocio que a día de hoy solo enriquece a las operadoras y buscadores de Internet. Sin necesidad de estímulos externos ni de planificadores centrales, en la World Wide Web fluye el conocimiento sin dirección establecida y todo el mundo está invitado a encontrar una idea y enlazarla con otra y bucear sin rumbo por el pozo sin fondo del conocimiento universal. Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de aprender y disfrutar del arte o la cultura que circulan por Internet de forma libre y gratuita. Cualquiera es ahora periodista o artista o filósofo o simple receptor de lo que hacen los demás y por tanto un eslabón tan importante como cualquier otro en esta interminable cadena de noticias y sentimientos o videos y canciones y opiniones o poesías y fotografías o documentos que se cibercoordinan sin cibercoordinador.
Mi obra, este blog, es un producto cultural con valor de cambio cero, resultado a partes iguales de mi talento o esfuerzo personal y de las variadas influencias que he recibido, y lo que puedo asegurar es que he aprendido más de algunos vagabundos que de muchos profesores que únicamente me enseñaron conocimientos de dudosa utilidad. Exijamos un reparto justo. Artista es el que sabe que el éxito creativo individual no es fruto únicamente del genio personal o de la educación pública o privada que uno haya pagado o no. También es fruto de toda la sociedad. Sin exclusiones. Artista es el que sabe que la gratuidad no es sinónimo de pobreza sino de riqueza. Por lo tanto es ridículo decir que la música, el cine o la literatura van a desaparecer sin leyes Sinde. Poco artista es en cambio el que solo pretende que los internautas paguen por descargar música, cine o literatura sin proponer nada nuevo para cambiar este capitalismo nuestro de injusto reparto de las ganancias y prostituido mercantilismo donde muchas veces lo que priman son los intereses de los intermediarios de la creatividad ajena.
La libertad de crear y compartir arte, ciencia, documentos políticos de Estado o información de cualquier clase ha de ser una libertad inalienable e hipervinculada. Cualquier ser humano tiene que poder acceder libremente a la cultura que todos generamos, y nadie va a impedirme que comparta mi biblioteca con los demás. Ahora bien, los apóstoles de la gratuidad total olvidan que la gente necesita ganarse la vida. Entonces, ¿cómo conseguir una cultura universal digital ajena al horror mercantilista que prostituye casi todos los sectores industriales del capitalismo? Para Michael Bauwens, fundador de la Foundation for Peer-to-Peer Alternatives, solo hay una manera de lograrlo: mediante un salario básico ciudadano cuya implantación no solo serviría para paliar la pobreza y el desempleo, sino que además vendría a crear “novedosos e importantes valores de uso para toda la comunidad”. Que fluya el conocimiento libremente siempre y cuando se hagan extensivos los beneficios económicos que arroja la cultura a toda la sociedad por medio de un suelo universal garantizado.
Cubiertas las necesidades económicas básicas de cada ciudadano, sin miedo a la marginación o al hambre, y en medio de una atmósfera mucho más libre de creación de bienes artísticos y culturales, podríamos ir poco a poco construyendo un nuevo paradigma altereconómico basado en la producción abierta y el desarrollo compartido de todo tipo de bienes y servicios. En palabras de Michael Bauwens, avanzaríamos entonces hacia el tercer capitalismo (otros filósofos p2p prefieren llamarlo capitalismo cognoscitivo o rizomático o conectivo), capitalismo que vendría a sustituir al capitalismo financiero, el cual a su vez sustituyó al capitalismo industrial. El tercer capitalismo nos inspirará a compartir y producir valor de uso sin que los estímulos económicos sometan o alienen la acción y la condición humana. La filosofía del tercer capitalismo es la misma del socialismo policéntrico opuesto a la aglutinación estatista del comunismo y opuesto al mismo tiempo a la deprimente obsesión monetarista en la que incurre el capitalismo actual. El tercer capitalismo presagia un libre mercado más humano y menos prostituido al tiempo que un nuevo colectivismo no estatista ni centralizado. El tercer capitalismo se apoya en el movimiento digital de la cultura libre para poner freno al mercantilismo privativo, a los derechos reservados y a los secretos de Estado. Los intereses creados de los artistas reconocidos oficialmente como tales prefieren el statu-quo del capitalismo actual pero sería mucho mejor ver cumplido este optimista presagio de Michael Bauwens:
“Todo apunta a que en un futuro próximo la producción, propiedad y el gobierno entre iguales, actualmente en fase de germinación, se convertirán en la lógica central de nuestra sociedad”.
En el tercer capitalismo todos seríamos oficialmente reconocidos como creadores y todos seríamos también oficialmente reconocidos como herederos del patrimonio artístico y cultural común. En el tercer capitalismo no existiría el paro y todos los recursos productivos de la sociedad serían plenamente utilizados. En el tercer capitalismo la clase de ciudadano que ahora tristemente estigmatizamos llamándolo “des/empleado” estaría en condiciones de proclamarse orgullosamente auto-empleado.

ATTAC Mallorca no s'identifica necessàriament amb els continguts publicats, excepte quan estan signats per la pròpia organizació.