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Tienen razón los sindicatos

5 agost, 2009 - Treball

Manuel Moret Gómez – Vicepresidente de ATTAC España
Parece imposible que vuelvan a sentarse en la mesa del diálogo social si la patronal insiste en mantener como inamovibles cuestiones como abaratar el despido, poner en riesgo las arcas de la Seguridad Social o recortar derechos adquiridos por los trabajadores. El órdago que la cúspide empresarial lanzó en la última sesión de dicha negociación, -a sabiendas que se trataba de algo inaceptable-, dejaba al descubierto, no solo su estrategia, sino su absoluta insolidaridad con el conjunto del país.
La insistencia con la que voces interesadas nos advierten diariamente de la necesidad de reformar el mercado laboral, tratando de hacer creer a la opinión pública que en ello radica en buena parte la salida de la crisis, ignoran -o quieren ignorar- todo lo que durante estos dos últimos años vienen insistiendo desde premios Nóbel hasta analistas reputados: que la orgía en la que entidades financieras y especuladores sin escrúpulos han estado inmersos, acumulando incalculables fortunas mediante el intercambio de valores ficticios, ha tenido el cruel final -anunciado hace años- de haber sumergido a la economía global en la mayor crisis de liquidez de la Historia reciente. La cadena ya es conocida, caída generalizada de la demanda, cierre de empresas, paro y recesión de las principales economías del mundo, incluida la española.
En nuestro país, ha tenido especial repercusión en términos de paro. Y no precisamente por culpa del mercado de trabajo, sino como consecuencia del modelo de crecimiento en el que se ha asentado el “espectacular” avance de nuestra economía. Nuestro PIB año tras año, ha ido avanzando a buen ritmo. Algunos sectores, además del financiero, han contabilizado importantísimos beneficios. Ciertamente ha habido prosperidad, aunque mucha más para unos que para otros. La voracidad y los resultados en el corto plazo, ha hecho creer a demasiados que todo el monte era Orégano… pero lamentablemente no ha sido así.
Conviene recordar ahora que con las mismas normas que actualmente rigen nuestro mercado de trabajo, la ocupación aumentó entre 1995 y 2007 un 52%. ¡Ahí es nada!. ¿Por qué? Sin duda, porque los empleadores, ante el crecimiento sostenido de la economía española, contratar más trabajadores les permitía incrementar su producción y, por tanto sus beneficios. Esa, y no otra, es la razón que hace crecer el empleo: la posibilidad de aumentar la cifra de negocio.
Pero ese espectacular aumento de la ocupación, quedaba ligado a las actividades que ofrecían en el corto plazo un enriquecimiento rápido, ya que se trataba de la producción de bienes – y servicios ligados a ellos-, cuya tendencia alcista de sus precios -junto a las facilidades crediticias-, garantizaba esa rápida acumulación. Así se explica que el 72,5% de ese llamativo crecimiento de la ocupación en estos años se concentrara en los Servicios- y no precisamente los de alta tecnología-, un 20,5% en la Construcción y tan solo un modesto 8% en la Industria.
Se consolidaba así un modelo basado en una utilización intensiva de mano de obra poco cualificada – y por tanto de muy bajos salarios-, y una elevada precariedad superior al 25%. Un modelo que, además de carecer de visión en el largo plazo, consolidaba una distribución de la renta del país cada día más injusta – que aún persiste- ya que las rentas salariales pasaron a suponer el 49,6% del PIB, a un 47,4% en la actualidad, mientras que el peso de los beneficios empresariales ascendieron del 40,5% al 44 % de dicho PIB.
Una opción que sin duda ha mermado con creces la competitividad de nuestro país, reveladora, además, de una miopía escandalosa de por dónde tenía que discurrir la senda de nuestro crecimiento. Es evidente que la fuerte concentración de recursos en la construcción y los servicios dependientes de ella -turismo de playa, servicios inmobiliarios, industrias afines, etc.- revelan el retraso -o la pequeñez relativa- de la industria de alto valor añadido capaz de mantener una oferta que cambiara el panorama de una demanda actualmente débil, para convertirla en fuerte. Solo un dato más: durante el periodo 1996 a 2007, la tasa anual media de la formación bruta de capital fijo en vivienda ha sido 6 veces superior a la que han experimentado los bienes de equipo destinados a la producción.
No es, pues, el mercado de trabajo el origen de nuestros actuales problemas, aunque dadas las peculiaridades de nuestro modelo, es el que ha salido perdiendo. Han sido los trabajadores los más perjudicados de tanta ineficacia y de tan marcada avaricia. No son los costes salariales los que impiden contratar trabajadores. Ha sido un sistema productivo obsoleto y alejado de las exigencias de una economía globalizada que, al entrar en crisis, ha excluido a tanta gente, enviándolos al desempleo. Por eso las soluciones requieren otra orientación, nuevos esfuerzos, y desde luego, mucha más solidaridad.
Por eso creemos que el diálogo social debe mirar hacia otros horizontes mucho más amplios que los relacionados con el mercado laboral. Y ahí, gobierno, sindicatos y patronal tienen mucho que dialogar y desarrollar bastante más imaginación que la demostrada hasta ahora.
Es preciso poner en cima de la mesa algunas cuestiones como las siguientes:

Es -entre otros- sobre estos temas sobre los que sindicatos, gobierno y empresarios deben formalizar un acuerdo que beneficie al conjunto de la sociedad y proyecten el país hacia el futuro. Las españolas y los españoles no se merecen menos.

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