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Tsipras regresa a Itaca

9 juliol, 2015 - Opinió, Unió Europea

Pablo SebastiánRepública
Vamos a ver si la ausencia de liderazgo político y pasión europea que llevó a Grecia y a la propia UE al abismo de la ruptura del euro brilla ahora con un renovado y democrático impulso europeo en favor de un acuerdo razonable y urgente para el rescate financiero de Grecia, ofreciendo a su pueblo un pacto de rescate digno y honroso como lo han pedido a la UE en el referéndum que se acaba de celebrar en el país heleno.
El que ha dicho no a ‘la troika’ pero no ha rechazado a Europa como pretende hacerlo creer el derrotado gobierno de Angela Merkel, a través de su vicepresidente Sigmar Gabriel quien pretende utilizar el ‘no’ de Grecia a ‘la troika’ para expulsar a Grecia de la UE, lo que abriría una crisis europea sin precedentes en la historia de la UE y de consecuencias graves e imprevisbles.
Y si eso ocurre el riesgo de contagio del problema griego y de la crisis del euro se extenderá a toda velocidad a paises como España, Portugal, Irlanda e Italia y la UE, en ese caso, se verá inmersa en un problema mucho mayor, porque Alemania habría puesto en peligro los pilares democráticos de la Unión.
Alexis Tsipras ha derrotado a los pretendientes al trono de Itaca y ha regresado sano y salvo, tras un largo y azaroso viaje -su particular Odisea-, a su palacio presidencial de Atenas con una gran victoria en sus manos. Y lo hizo tras conseguir que el 61,31 % de los votantes en el referéndum heleno dijera ‘no’ a la última y dura propuesta de la ‘troika’ que lideraba Angela Merkel.
La que había ocultado en los últimos días de la negociación el informe del FMI donde se reconocía la necesidad de una quita de la deuda griega y de más ayudas, hasta llegar a los 52.000 millones de euros hasta 2018, mucho más de lo que Varoufakis le había pedido al Eurogrupo hace apenas diez días.
La victoria de Tsypras tiene más valor por cuanto primeros líderes de la UE, como la propia Merkel o el español Rajoy, hicieron campaña para provocar el miedo de los griegos a los que se les anunciaba la ruina y la quiebra del país y su salida del Euro y de la UE si no votaban ‘si’ a las pretensiones de Bruselas, ‘la troika’ y Berlín.
Pero solo el 38,69 % de los helenos siguió las recomendaciones de los promotores del miedo entre los que estaba el propio presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker rompiendo así la obligada neutralidad de la institución que preside. Lo que le debería costar caro, como caro debería costarle a la directora del FMI, la francesa Christine Lagarde, el ocultar el último informe del Fondo sobre las verdaderas necesidades griegas, documento que vio la luz al final de la campaña del referéndum gracias al presidente Barack Obama.
La suerte está echada, y las temidas urnas han hablado con claridad en la Grecia democrática de Pericles y al margen de las presiones externas que, como cantos de engañosas Sirenas, intentaron el naufragio de este nuevo Odiseo que por fin ha llegado a Ítaca, aunque los problemas de su país no se han terminado ni mucho menos.
Al contrario, ahora va a empezar por causa ee una Alemania que se resiste al acuerdo y en contra del reloj en una dura negociación que deberá acabar antes del próximo 20 de julio, fecha en la que Grecia debe pagar al BCE la cantidad de 3.500 millones de euros de su deuda. Si no lo hace Atenas habrá entrado definitivamente en el ‘default’, el impago y la quiebra, al que ya se acercó cuando el pasado 30 de junio no abonó al FMI los 1.500 millones que en esa fecha debía satisfacer a dicha entidad.
Decía con descaro Juncker, y así lo repetían en Berlín, que si el ‘no’ salía triunfador en Grecia las negociaciones para el rescate griego serían aún más difíciles que si ganaba el ‘sí’. Última advertencia a la que se sumó Rajoy desde España. Pero dramático sería que esto fuera así porque, tras la indecente campaña del miedo, solo le faltaba a la UE considerar que la voluntad democrática de los griegos puede ser utilizada como un argumento en contra del país heleno en la negociación. O como la palanca propicia para expulsarlos de la UE.
El tiempo se acaba para todos y ya está claro que los griegos saben lo que pueden perder que, en definitiva, es un poco más de lo que ya han perdido. Pero la Unión Europea puede perder mucho más y no solo en el campo financiero y el desprestigio del euro, por su contagio a otros países débiles de la Unión -como España, Portugal e Italia-, sino en su unidad u liderazgo político en el mundo.
De manera que aceptemos el resultado del referéndum y, sin la menor tardanza, que los líderes y las instituciones de la UE se pongan pronto a trabajar. Y que el Gobierno griego desde su nueva y reforzada posición -la dimisión de Varufakis es un gesto conciliador- se predisponga a un acuerdo rápido y razonable. Y todo ello sin que el BCE estrangule a los bancos de Grecia –como fue haciendo con el corralito heleno- para que exista tiempo suficiente y sin traumas añadidos para lograr el pacto que debió de cerrarse días atrás, antes que Merkel, indignada por el anuncio del referéndum, suspendiera por su cuenta la negociación.
Pero cuidado con Merkel porque la canciller no está acostumbrada a que le digan ‘no’ y ademas hace tiempo que medita la idea de una Europa dividida entre el norte y el sur y esta puede ser su oportunidad. Maxime cuando Francia no tiene en su presidencia un liderazgo fuerte, mientras España juega, de la mano de Rajoy, al seguidismo de Berlín y en la Italia de Renzi tampoco sabe a qué carta jugar. Merkel no es Europa, ni Europa debe someterse a la hegemonía de Berlín que no cesa en su histórico y peligroso empeño de dominar el continente. Precisamente para evitar esa locura nacieron, tras la segunda guerra mundial, la CECA, el MEC, la CEE y finalmente la Unión Europea que debemos preservar.

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