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Un nuevo orden mundial

24 desembre, 2010 - Internacional

Roberto SavioLR21
En los días que corren, los ciudadanos de todo el mundo se han visto confrontados con una serie de noticias ciertamente impactantes: las revelaciones en Wikileaks sobre la manera como los funcionarios norteamericanos ven el mundo, como el capital financiero especula aprovechando la debilidad de los estados, que ya alcanza a Italia, y empieza a insinuarse en la propia Alemania, mientras se verifican cortes masivos en los presupuestos nacionales de todos los países industrializados, con despidos generalizados
A la luz de estos hechos, habría que empezar a reflexionar sobre algunos temas, que por cierto están ausentes de la información que nos llega todos los días y que deben ser la guía de lectura de los acontecimientos: la globalización revertida, el déficit social versus el déficit fiscal y la resaca del post-unilateralismo estadounidense. Comencemos por este último, que es más fácil. Que Estados Unidos es un país en declive, está cada día mas claro, inclusive para las élites norteamericanas. Hasta ahora, la mayoría de los ciudadanos escapa a esta realidad, inventando movimientos populares como el Tea Party, formado por blancos que quieren por un lado reducir el papel del Estado para que los ciudadanos asuman el control de su vida, y por otro, el regreso de su país al liderazgo mundial. Como escribía Roger Cohen, en el New York Times, a Obama le va a costar caro su rol de gestor moderno de la necesidad de reajustar EEUU a su nueva realidad. Las tentativas que ha hecho para iniciar un nuevo dialogo con Rusia o con China, le han creado grandes resistencias. El partido republicano, en los próximos dos años va a intentar bloquear la administración Obama, cueste lo que cueste. El mensaje es muy claro: Obama tiene que perder las elecciones de 2012.
Entretanto, las revelaciones de Wikileaks no arrojan nada nuevo para los especialistas. Pero demuestran dos cosas: que EEUU sigue convencido que debe gobernar el mundo, pese a que George W. Bush ya salió de la escena y que los que dialogan con los diplomáticos norteamericanos les dicen lo que ellos quieren escuchar.
Nos guste o no, en su inmensa mayoría, Estados Unidos sigue en la resaca del mundo unilateral en que ha vivido desde la Segunda Guerra Mundial. Estamos cada día más en un mundo multilateral, donde no sólo China e India, sino una serie de países antes considerados del Tercer Mundo, de Brasil a Indonesia, empiezan a tener su propia voz en la gobernabilidad mundial.
Es evidente que cuando China se convierta en el primer país industrializado del mundo, alrededor de 2025, en EEUU el proceso de reconversión a la realidad tendría que estar concluido. El camino que este proceso seguirá, es en buena medida imprevisible. Hoy opta por personajes irreales, como Sarah Palin, que ha aumentado considerablemente su popularidad en los sondeos de opinión, superando a Obama. La segunda reflexión es más compleja. La primera preocupación de los Estados es hoy reaccionar ante el capital especulativo, que es mucho mayor que las defensas de que ellos disponen. La opinión generalizada es que el capital especulativo va a insistir en los países que tienen debilidades estructurales en su sistema financiero. Por lo tanto hay que reducir los déficits fiscales, cortando el presupuesto estatal, cueste lo que cueste. Según este criterio, los despidos masivos son prueba de sabiduría política, como los recortes de servicios sociales, de educación y salud, postergar la edad jubilatoria y usar los fondos de pensiones para salvar a las instituciones financieras. Nadie, excepto de manera tímida la canciller Angela Merkel, ha mencionado la paradoja sin precedentes en la que nos encontramos: los especuladores que apuestan contra los Estados, si ganan cobran, y si pierden los compensan los mismos Estados. El último cálculo es que mundialmente se han invertido más de 12 billones de dólares para salvar al sistema financiero. Como parte del plan de socorro, sólo la Reserva Federal de EEUU ha distribuido más de 9 billones en títulos a corto plazo, o sea más de la mitad del Producto Nacional Bruto norteamericano. Citigroup ha recibido 1,8 billones de dólares, Merryl Lynch 1,3 billones, Morgan Stanley 1,4 billones y Bear Sterns 960.000 millones. En diciembre, Wall Street entre bonos y premios va a distribuir 179.000 millones de dólares. La Reserva Federal, que está imprimiendo 600.000 millones de dólares para defender su maniobra económica, ha declarado que esto creará casi 700.000 puestos de trabajo. Si un puesto de trabajo cuesta cerca de un millón de dólares, ¿de qué institución financiera van a salir los recursos para eliminar el desempleo?
En la lógica del capitalismo, eliminar los riesgos de la ley del mercado, es un error dramático. Ese ha sido siempre el argumento en contra de las lógicas económicas de la izquierda. Pero ahora, esta eliminación no la está llevando a cabo la izquierda, sino todo el establishment político. El déficit fiscal prima mucho más que el déficit social, que normalmente tendría que ser la primera preocupación de la política. Llegamos a la tercera reflexión, la globalización revertida. No es un misterio que la globalización económica fue puesta en marcha por el norte del mundo, para seguir enriqueciéndose a través de las finanzas y del comercio. Henry Kissinger designó la globalización como la nueva fase de la supremacía de Estados Unidos. Washington quitó los dos motores de la globalización del sistema de Naciones Unidas, que ha quedado restringida a las áreas de la asistencia al desarrollo, la ayuda humanitaria y servicios técnicos o sociales, tales como la salud, la educación y todo lo que no genera ganancia. El comercio, con la Organización Mundial del Comercio (OMC), esta fuera de Naciones Unidas. Las finanzas, simplemente no tienen órganos de gobernabilidad. Y las finanzas van donde hay crecimiento, sin ninguna consideración ideológica.
La globalización del transporte ha llevado a un acceso del sur a los mercados, antes imposible. Y el propio Pascal Lamy, director de la OMC observa también que hablar de un producto como algo nacional, es cada día más improbable. Un teléfono, un televisor, un coche, por ejemplo, casi siempre son ensamblajes de distintas fabricas en el mundo, con licencias comerciales y tecnológicas no locales. Así lo descubrió la Unión Europea cuando quiso bloquear las importaciones de China, concluyendo que la mayoría de los bienes eran en realidad producción reubicada de empresas europeas. Cada vez se habla más, y no casualmente, de los “mercados emergentes”, que entraron en el G20, cuyo peso cuenta en los procesos internacionales. No se trata sólo de China, India y Brasil, sino también de Indonesia o de Sudáfrica. En el siglo XVI, los países del norte representaban 20% del Producto Bruto Mundial (PBM), frente a 80% de los que se llamaron después países en vías de desarrollo, correspondiendo a China casi la mitad de este porcentaje. Con el colonialismo, en 1820 el norte saltó a 30% del PMB y en 1913, con el imperialismo a 60%. A partir de 1950, el norte ha bajado a 40% del PBM y los países del sur recuperan, alcanzando 60%. En otras palabras, la pregunta es: sin acceso a materias primas baratas y mecanismos privilegiados en el comercio con el sur del mundo, habitado por más de 5.000 millones de personas, ¿pueden los mil millones de ciudadanos del norte mantener su estilo de vida y su uso privilegiado del planeta?
¿No estaremos entrando en un periodo de globalización al revés, que terminará con los privilegios del norte? Ha llegado la hora de colocar el interrogante.
Roberto Savio es fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS).

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