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Una lección de economía para el presidente Obama

10 juliol, 2009 - EE.UU.

Paul KrugmanThe New York Times
Tras el informe sobre empleo del jueves pasado, vamos a necesitar un estímulo mayor. Echemos cuentas. Desde que empezó la recesión, la economía ha perdido 6.5 millones de empleos, y se siguen perdiendo trabajos a un ritmo rápido.
Las cifras sobre empleo no fueron las únicas malas noticias en el informe del jueves, que también mostró que los salarios se están estancando y posiblemente a punto de un deterioro abierto.
Hay más malas noticias: la crisis fiscal de los estados. A diferencia del gobierno federal, se requiere que los estados tengan presupuestos equilibrados. Y ante una caída drástica en los ingresos, la mayoría está preparando recortes presupuestarios brutales, muchos a costa de los más vulnerables.
¿Qué hacemos? Tenemos el plan de estímulos de Obama, cuyo objetivo es crear 3.5 millones de empleos para finales del año entrante. Eso es mejor que nada, pero no es suficiente.
Todo esto es deprimente para cualquiera que haya estudiado la política económica estadounidense en la década de 1930. Una vez más, un presidente demócrata ha impulsado políticas para la creación de empleos que mitiguen la crisis, pero no son tan radicales como para producir una recuperación total. Una vez más, gran parte de los estímulos en el nivel federal se está anulando por la reducción presupuestaria en los niveles estatal y municipal.
¿Acaso no hemos aprendido de la historia y, por tanto, estamos condenados a repetirla? No necesariamente, pero depende del Presidente y de su equipo económico asegurar que las cosas sean diferentes esta vez. El presidente Obama y sus funcionarios necesitan redoblar sus esfuerzos empezando con aumentar los estímulos.
Cierto: será muy difícil promulgar ese plan.
No habrá ninguna cooperación de los líderes republicanos, que han establecido una estrategia de oposición total, sin seguir los hechos ni la lógica. En efecto, estos líderes respondieron a las cifras sobre el empleo más recientes proclamando el fracaso del plan económico de Obama. Eso es ridículo. El gobierno advirtió desde un principio que pasarían varios trimestres antes de que el plan tuviera efectos positivos importantes. Sin embargo, eso no detuvo al presidente del Comité de Estudios Republicanos para exigir: “¿Dónde están los empleos?”.
Tampoco está claro si el gobierno tendrá ayuda de los ”centristas” del Senado, que le quitaron una parte esencial al plan de estímulos al demandar reducciones en la ayuda a los estados y los municipios, una ayuda que se necesitaba urgentemente. Me gustaría pensar que algunos de estos centristas tienen remordimientos, pero no hay pruebas al respecto.
Y como economista, agregaría que muchos miembros de mi profesión están jugando un papel perfectamente inútil.
Ha sido una sorpresa desagradable ver a tantos economistas de buena reputación reciclando viejas falacias, como decir que un aumento en el gasto gubernamental desplaza automáticamente una cantidad igual de gasto privado, aun cuando hay un gran desempleo, así como prestar sus nombres para exagerar terriblemente los males de los déficits presupuestales por un período limitado. (En este momento, el riesgo asociado con la deuda adicional es mucho menor a los asociados con no darle a la economía el apoyo adecuado.)
Asimismo, como en los años 30, los que se oponen a la acción están vendiendo historias sobre inflación aun cuando se aproxima la deflación.
Así que conseguir otra ronda de estímulos será difícil. Sin embargo, es esencial.
Los economistas del gobierno de Obama entienden lo que está en juego. En efecto, hace apenas unas semanas, Christina Romer, la presidenta del Consejo de Asesores Económicos, publicó un artículo sobre las ”lecciones de 1937”, el año en el que Franklin Delano Roosevelt cedió ante los halcones del déficit y la inflación, con consecuencias desastrosas tanto para la economía como para su agenda política.
Lo que no sé es si el gobierno ha afrontado con decisión la insuficiencia de lo que ha hecho hasta ahora. El Presidente debe poner a trabajar tanto a su equipo económico y a sus políticos en los estímulos adicionales, ahora. Si no lo hace, pronto enfrentará su propio 1937.

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