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Una televisión para remover conciencias

3 octubre, 2012 - ATTAC

Nuria Gonzáleznonada.es

¿Otra televisión es posible? Para comprobarlo solo hay que navegar por la red hasta ATTAC.TV, una pequeña ventana al mundo que se abrió en Valencia hace ahora cuatro años con el objetivo de introducir en la sociedad debates que nadie le planteaba, mostrar alternativas a la economía actual y remover conciencias.
Casi por casualidad, en una de esas conversaciones de ascensor en las que la mayoría de la gente suele hablar del tiempo, Antonio Gabaldón propuso a su vecino, el realizador de cine Gonzalo Miranda, grabar la conferencia que uno de los miembros del Consejo Científico de ATTAC España venía a dar en la ciudad. Colgaron el vídeo en Youtube y la acogida fue tal que se plantearon montar una televisión por Internet.
Así surgió ATTAC TV, un canal que pone rostro y da voz a todos aquellos intelectuales, economistas, catedráticos, expertos en diferentes materias que forman parte de ATTAC, un movimiento internacional nacido en Francia en 1998 como grupo de presión a favor de la introducción de un impuesto a las transacciones financieras puramente especulativas (conocida popularmente como Tasa Tobin).

El fundador de ATTAC TV, Antonio Gabaldón. Foto: Núria González.
Con una media de unas 30.000 visitas diarias, y picos de audiencia que han llegado a superar las 80.000, la televisión arranca en 2008 en la capital del Turia con un equipo de profesionales voluntarios que elabora mini reportajes, entrevistas y documentales en cuatro idiomas y con calidad HD, para “dar voz a aquellos que no suelen aparecer en los medios tradicionales pero que sin embargo tienen mucho que decir”, explica Antonio Gabaldón.
Pero como los recursos son limitados para un canal que cree firmemente en su independencia y se nutre únicamente de las cuotas de los socios de ATTAC, sin subvenciones ni ayudas, en 2009 se constituye en una cooperativa que realiza trabajos para terceros (oenegés, asociaciones, sindicatos…) para así poder obtener ingresos que les permitan hacer la televisión que desean.
“La crisis no es un tsunami, tiene un origen y unos responsables y los demás la sufrimos mientras los que la provocaron aún se atreven a decirnos cómo tenemos que salir de ella, ¡es de locos!”
En la última asamblea de ATTAC España, el pasado mes de junio, se aprobó definitivamente el camino que quiere seguir el proyecto televisivo y para el curso que empieza ya está trabajando en formar nuevos equipos estables de voluntarios en otras ciudades de la geografía española e incluso en dar el salto hacia Europa. Todos ellos están en constante comunicación mediante una intranet en la que debaten sobre los futuros contenidos y se informan de los próximos eventos. Además, según desvela Gabaldón, volverá a los orígenes de su idea inicial y hará sus propios informativos.
Otras formas de pensar
La idea es enseñar otras formas de pensar, “alternativas a lo que nos dicen que es la única salida que tenemos” para salir de la situación actual. “La crisis no es un tsunami, tiene un origen y unos responsables y los demás la sufrimos mientras los que la provocaron aún se atreven a decirnos cómo tenemos que salir de ella, ¡es de locos!”, advierte el fundador de ATTAC TV.
Para Gabaldón, cuando la sociedad no se moviliza es porque no tiene conciencia de lo que está pasando. “Tenemos una democracia representativa en la que parece que damos carta blanca a unos señores para que hagan lo que les da la gana y estamos viendo las consecuencias. Si la gente fuera consciente de cómo funciona el sistema se rebelaría, de hecho, ya se está empezando a rebelar”, sentencia.
Aquí es donde la televisión quiere poner su granito de arena e introducir debates en la sociedad antes de que se produzcan en las instituciones europeas, para que no ocurra lo mismo que con la Directiva Bolkenstein que se aprobó en 2004 para abrir las puertas a la privatización de todos los servicios públicos. Su aplicación en España requería la modificación de 7.000 normas propias, cambios que recogió en 2009 la Ley Ómnibus. “Tenemos que llevar a la sociedad esos temas para que los conozca y hable de ellos. Eso puede despertar un rechazo y que no se aplique”, apunta.
“El mundo está en un cambio de era, el sistema capitalista ha muerto, el sistema financiero está quebrado y lo único que puede venir es un colapso generalizado o una guerra mundial porque no va a ser un solo problema el que venga, son muchos al mismo tiempo y no podremos digerirlos a no ser que pongamos límites. Si partimos del hecho de que todos tenemos derecho a vivir, a respirar, a alimentarnos, a tener un sitio donde vivir, hay recursos para todos”, asegura.
Acabar con el hambre en el mundo
En este sentido, una de las principales reivindicaciones que defiende ATTAC desde hace más de una década es la creación de un Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) de un 0,25-0,30%, que frene la compraventa de acciones especulativas frente a la inversión real en un producto a largo plazo. “Se calcula que esto daría cerca de unos 300.000 millones anuales en ingresos, cuando la ONU está pidiendo 50.000 millones para acabar con el hambre y poder dar educación a todo el mundo”. Lo que se recaudara se podría dividir en tres áreas: una el cambio climático, otra para acabar con la pobreza y una tercera para los presupuestos generales de los estados.
Curiosamente, se dice que en esta época de crisis no hay dinero, pero “nunca ha habido más dinero que ahora. De hecho, en estos momentos puede haber 70 veces más dinero que riqueza real. El PIB mundial es de 55 billones de dólares y sin embargo, tenemos 1.200 billones de euros metidos en derivados por el mundo. El problema es que quienes lo tienen no pagan impuestos y los ocultan en paraísos fiscales. La vía que se está utilizando es la de los recortes pero el camino a seguir es el de la redistribución”, defiende Gabaldón.
Son cuestiones sobre las que la conciencia social al final tendrá que tomar nota. “Yo creo en la gente, creo en la democracia, creo en las personas y por mucho que me queje de que no reaccionan yo sé que reaccionarán en su momento”, confía Gabaldón. Otro mundo es posible.

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