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Venezuela y el autoengaño

18 març, 2015 - Amèrica Llatina, Opinió

Rosa Llobregat – ATTAC País Valencià
A menudo, nuestros miedos internos nos llevan a disociar, nos abstraen de la realidad cuando ésta nos aterra demasiado. Nadie se libra del autoengaño, que opera de muy diversas formas: creando una imagen de uno mismo que no se corresponde con lo que es o llevándole a no asumir la responsabilidad de unos actos que derivaron en una realidad desagradable.  Analógicamente, en un plano sociológico, los medios hacen lo propio: optan por separar información de verdad creando una realidad paralela, cercana a la ciencia-ficción. Y gran parte de la masa social la consume y la cree a pies juntillas, sin ir más allá, haciendo del engaño deliberado un autoengaño.
Echar una mirada a lo que hay debajo implicaría responsabilizarse aún más: como individuo, como sociedad. Por ello, siempre es más fácil disociar lo que dice ser de lo que realmente es: mi subconsciente[1] no me pertenece, entonces, no miento cuando te digo que soy bondadoso, responsable, maduro,… porque yo desconozco que no lo soy. El psicoanálisis vendría a desestabilizar el autoengaño: pretende que descubras lo que hay debajo, con el consiguiente riesgo de ir por el mundo sabiéndote un ser despreciable. Y, del mismo modo, un arduo análisis mediático desenmascararía los miedos más profundos de los principales conglomerados empresariales que controlan la mayor parte de la información mundial. Digamos que, psicoanalizar a la prensa implicaría sacar a la luz mucha porquería humana.
En palabras de Milan Kundera, “delante había una mentira comprensible, y detrás, una verdad incomprensible”. ¿Qué temores subyacentes llevan a la prensa española a caer día tras día en el falseamiento respecto a los partidos ‘minoritarios’ de la nueva escena política? El último ejemplo, el uso partidista que se hace de la resolución sobre la situación en Venezuela del Parlamento Europeo, con el voto en contra de, entre otros, Podemos, IU, Compromís-Equo, ERC, ICV, partidos que al parecer, no sólo le hacen un guiño a Maduro, sino que ahora son el estandarte contra los derechos fundamentales. ¿Ó es que nos dejamos llevar por el autoengaño?
Desde que el barómetro electoral ha cuestionado el bipartidismo en España y las formaciones políticas más próximas a la ciudadanía ganan simpatizantes, los medios de comunicación parecen cada vez más preocupados por la sociedad de la República Bolivariana y por hacer llegar al subconsciente del futuro votante una advertencia clara: en manos de éstos, nosotros  seremos la próxima Venezuela de Europa, en su única dimensión negativa (y además sin petróleo…). Los partidos de Izquierda Plural y Verdes/ALE no negaron en el Parlamento la actual situación de vulneración de los derechos humanos que existe en el país latinoamericano, es más, podemos leer las propuestas alternativas que no fueron aceptadas, como aquí[2] la del partido Verdes/ALE que recoge explícitamente las últimas denuncias de Human Rights Watch: “un Estado democrático no debe criminalizar a los líderes de la oposición política y debe garantizar la participación de todos los sectores en la vida política del país y los derechos humanos de quienes declaran formar parte de la oposición”.
Si estos partidos decidieron votar en contra de la resolución apoyada por la gran coalición  PPE y S&D –con el respaldo de ALDE y ECR- fue por la instrumentalización que se hace de una realidad, por supuesto, denunciable. La resolución final se vale del juego del engaño: por razones ideológicas, por interés de las empresas europeas en Venezuela, se redacta un texto bajo la bandera de los derechos humanos que relega al inconsciente sus verdaderos propósitos neoliberales. Y como Europa, una vez más, quiere vender gato por liebre, algunos votan no.
Puede que en este caso, la mejor postura fuese una abstención ante un texto que pretende sacar crédito de una situación lamentable, como lo es la falta de libertad de expresión y la existencia de presos políticos. Pero en ningún caso es aceptable nuestro autoengaño. Éste, en términos psicológicos, conlleva un coste importante, puesto que lo que no se afronta tiende a repetirse. Y, en términos sociológicos, cuando la información se convierte en propaganda, existe un peligro evidente. Cualquier texto puede esconder mensajes subyacentes. Cualquiera.
[1] El término más adecuado en psicoanálisis sería “inconsciente”, pero se usa “subconsciente” como sinónimo, procedente de la psicología clásica, por razones estéticas.
[2]http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-%2F%2FEP%2F%2FTEXT+MOTION+P8-RC-2015-0236+0+DOC+XML+V0%2F%2FES
Rosa Llobregat es periodista

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