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Vuelve el desequilibrio económico

18 novembre, 2010 - Organismes internacionals

Los países avanzados con más déficit exterior duplicarán el saldo negativo hasta 2014, según el FMI – China rondó en octubre el récord de superávit comercial
Alejandro Bolaños El País
Algunos malos hábitos son muy difíciles de dejar. La Gran Recesión fue una cura de caballo para un modelo de crecimiento económico inestable. A principios de 2009, el comercio internacional se colapsó. Como paradójico resultado, los enormes superávit y déficit externos acumulados por varios países, cara y cruz de un desequilibrio perverso, cayeron a la mitad. Pero, ahora, cuando la recuperación despunta, la economía mundial vuelve por donde solía. Un vicio recurrente que evidencia la importancia de que el G-20 pacte medidas para mantener los saldos externos en niveles sostenibles. Y que deja en mal lugar el tibio acuerdo de mínimos alcanzado este viernes en la cumbre de Seúl (Corea del Sur).
La devaluación del dólar, inducida por la Reserva Federal con su último estímulo monetario, la escalada en las críticas a China por mantener un yuan depreciado o los controles de capital erigidos por varios países emergentes son nítidas señales de que los desequilibrios regresan. Pero sin un pacto ambicioso de los líderes de países ricos y emergentes -un debate que han postergado a finales de 2011- serán solo una avanzadilla de lo que vendrá. Las previsiones de los propios países del G-20, recopiladas por el Fondo Monetario Internacional, indican que “el saldo negativo en la balanza por cuenta corriente de los países avanzados deficitarios casi se doblará entre 2009 y 2014”.
En el documento del FMI, suministrado tras la quinta cumbre del G-20, se concluye que “los desequilibrios globales seguirán ampliándose hasta 2014”. Frente a la tozudez de la economía por seguir la senda de crecimiento de la última década, los líderes oponen poco más que palabras. “Una de las lecciones más importantes que nos enseñó la crisis económica son los límites de depender de los consumidores estadounidense y de las exportaciones asiáticas para guiar el crecimiento mundial”, señaló ayer el presidente de EE UU, Barack Obama.
En 2007, China alcanzó un superávit por cuenta corriente equivalente al 10% de su PIB, mientras el déficit de EE UU llegaba al 6% (la cifra, casi 600.000 millones de euros, es más significativa dado el tamaño de la economía estadounidense). Dos años después, ambos saldos se habían reducido a la mitad. Lo mismo ha ocurrido con la economía española (del 10% al 5%) o la británica.
Según los propios países del G-20, la recuperación revertirá esa tendencia. Al otro lado del espejo, China devuelve el reflejo inverso: el superávit comercial rondó en octubre los 20.000 millones de euros, muy cerca del récord mensual de agosto de 2008.
La existencia de superávit y déficit exteriores es la norma en el comercio internacional. Pero lo ocurrido en la última década recordó los riesgos asociados a un desequilibrio excesivo. El enorme crecimiento de las exportaciones chinas se sostuvo, en buena parte, en el endeudamiento de los consumidores estadounidenses, incapaces de cubrir todos sus gastos. La debilidad de la demanda china (volcada al ahorro) y la política de mantener el yuan devaluado completaron el círculo vicioso: las ganancias comerciales chinas se reciclaron en los mercados financieros y el crédito fluyó con alegría. Pero fue también la gasolina para la explosión de inversiones especulativas, que acabó en la mayúscula crisis financiera de 2008.
La recuperación es desigual, y eso trae más problemas. Porque, como los líderes de países emergentes se aburrieron de repetir en la cumbre del G-20, los bajos tipos de interés (y otros estímulos monetarios como el aprobado por la Reserva Federal) en los países avanzados, todavía estancados, hacen más atractiva la inversión en países con economías y mercados más pujantes.
Según el Instituto de Finanzas Internacionales, el lobby que agrupa a los principales bancos del mundo, el flujo neto de capitales a las economías emergentes escalará este año a los 825.000 millones de dólares, frente a los poco más de 580.000 de 2009. Aún está lejos de los 1,3 billones de 2007, pero entonces el flujo permitió financiar un crecimiento medio del 8% en esas economías, mientras que ese año apenas superará el 4%. Una pista de que la porción de capital que acaba en usos productivos es ahora menor, en beneficio de operaciones a corto plazo y especulativas. Y un argumento más para los líderes emergentes que temen un descontrol de la inflación, una apreciación excesiva de sus divisas (un mordisco a sus ventajas competitivas) y la formación de burbujas en sus mercados financieros.
“Lo que estamos viendo estos días no es tanto una guerra de divisas, como el regreso de los problemas de desequilibrio externo”, opinó John Kirton, codirector del grupo de seguimiento del G-20 creado en la Universidad de Toronto. “Tenemos un par de años para solucionarlo”, dijo en el centro de prensa de la cumbre. Por lo pronto, los líderes del G-20 se han tomado uno para debatir cómo.
El G-20 mira a las materias primas
La crisis económica fue anunciada por un repunte de precios desorbitado de las materias primas. Las dificultades de la producción para ajustarse a la demanda creciente de las economías emergentes dieron paso a un enorme flujo de capital especulativo. El mismo argumento que ahora. Los precios del trigo y el maíz acumulan subidas interanuales cercanas al 40%. BHP, la mayor minera del mundo, ha duplicado sus beneficios en el último año. Y el precio del petróleo vuelve a rondar los 90 dólares por barril.
La volatilidad de los precios de las materias primas fue un asunto básico en la primera cumbre del G-20, celebrada en Washington en noviembre de 2008. Pero, en paralelo a la moderación de los precios, declinó el interés de los líderes de países ricos y emergentes por el debate. Francia, que acaba de relevar a Corea del Sur al frente de la presidencia del G-20, se ha empeñado en resucitar el asunto.
El presidente francés, Nicolás Sarkozy, tiene un aliado para impulsar el debate, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. “El precio del petróleo está gobernado solo por intereses especulativos”, recalcó tras la cumbre de Seúl. El líder italiano insistió en que los inversores en estos mercados deberían poner por adelantado “al menos el 50%” del valor del contrato, una vía que restringiría las operaciones especulativas.
Por lo pronto, el G-20 ha pedido a varios organismos internacionales que presenten en febrero a los ministros de Finanzas un informe sobre cómo mejorar los datos sobre producción, demanda, almacenamiento y refino de petróleo. Y en abril, deberán presentar propuestas sobre cómo mejorar la transparencia y el funcionamiento de los mercados de futuros. La cumbre francesa, prevista para finales de 2011, también analizará lo que ocurre en los mercados de futuros de los alimentos.

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