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Yahveh tiene la culpa, Netanyahu es inocente

7 desembre, 2012 - Internacional, Opinió

Antonio Aramayona – ATTAC CHEG Aragón
A sólo unas horas de que Palestina fuera aceptada como Estado observador en Naciones Unidas, el Gobierno de Israel, con Netanyahu a la cabeza, decidía la construcción de 3.000 viviendas en nuevos asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este. Pero todo ello no se debe, como pudiera parecer, a la malignidad de Israel, sino a los designios eternos y a la voluntad del mismísimo dios Yahveh, que escogió a Israel como su pueblo elegido. Netanyahu y su Gobierno no hacen otra cosa, pues, que actuar como fieles instrumentos de tales designios divinos. Por consiguiente, nada tiene de extraño que el Gobierno de Israel haya aplicado una vez más la política de los hechos consumados: contraviniendo las resoluciones de Naciones Unidas y con la garantía del veto sistemático norteamericano en el Consejo de Seguridad a cualquier crítica o medida que no le convenga, ya había instalado 300.000 colonos judíos en Cisjordania y otros 200.000 en barrios construidos en la parte oriental de Jerusalén. 3.000 nuevas viviendas son, pues, otra guinda más en el suculento pastel palestino que Israel va engullendo bocado a bocado. Eso sí, por voluntad divina: Yahveh tiene la culpa y Netanyahu es inocente.
Los israelíes siguen okupando impunemente territorios, bajo los cuidados de Yahvé y los desvelos estadounidenses en el Consejo de Seguridad de la ONU, aduciendo razones religiosas y de seguridad a través de la Torá (más o menos, el Pentateuco cristiano), donde está escrito que Yahveh, les tiene reservada y adjudicada desde toda la eternidad la tierra de Palestina, la Tierra Prometida. Alimentan generación tras generación el delirio de que el creador del universo los ha escogido como pueblo elegido y les ha adjudicado su tierra predilecta (Palestina, en su significado histórico) y su ciudad predilecta (Jerusalén).
En un libro de la Torá (Deuteronomio, 20) Yahveh les instruye sobre las campañas y las guerras de okupación:
1) cuando se acerquen a una ciudad que no forma parte de la Tierra Prometida, si sus habitantes aceptan su propuesta de paz, servirán a Israel en trabajos forzados; si no la aceptan, tomarán la ciudad, pasarán a cuchillo a los varones y tomarán como botín a las mujeres, los niños y el ganado;
“Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada.  Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones” (Dt. 20). 
2) en las ciudades que Yahvéh “les ha dado como heredad”, “no dejarán un alma viviente, (…) y exterminarán a todos sus pueblos y habitantes, como mandó el Señor”. Eso sí, no deben talar los árboles frutales, ya que pueden comer de ellos, “porque los árboles no son hombres para que los trates como a sitiados”.  (Unas fechas antes, ese mismo Yahvéh dictó en el Sinaí sus mandamientos; entre ellos, el quinto: No matarás…. Al parecer, la prohibición de matar está relacionada con los integrantes del pueblo de Israel, ya que el resto es exterminable, si nada de provecho puede obtenerse de esa excrescencia extranjera).
“Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios. Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio. Mas el árbol que sepas que no lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo, para construir baluarte contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla” (ibídem). 
Los ancestros de muchos de los ciudadanos y ciudadanas del actual Estado de Israel han sufrido lo indecible a lo largo de la historia: persecuciones, expulsiones, matanzas, calumnias, segregaciones, holocaustos… Sin embargo, lamentablemente, parece que algunos de ellos (por ejemplo, el actual Gobierno israelí y sus votantes) han olvidado que no deben hacer lo mismo a los demás (principalmente, hoy, al pueblo palestino). Se escudan en razones religiosas para creerse legitimados para emplear cualquier medio a fin de hacer realidad los planes y deseos de Yahveh, así como para oponerse  al criterio de la comunidad internacional y contravenir las propias resoluciones y reconvenciones de la ONU. Les da igual: el único dios verdadero (el suyo) les ha otorgado las escrituras invisibles y sagradas de esa tierra, y sin pagar hipoteca, tienen derecho a expulsar, okupar, bombardear, guerrear, cercar y matar a cuantos crean que se oponen a tales planes divinos.
Aducen también legítima defensa. Enseñan imágenes de casas de colonos destruidas por cohetes caseros fabricados y lanzados desde territorio (¿aún?) palestino. Lo que no dicen es que esas casas y esas colonias existen por el único hecho de la imposición de su fuerza, o que esos cohetes no caerían sobre sus cabezas si abandonasen los territorios ocupados, siguiendo las resoluciones de Naciones Unidas. En 1981 aviones israelíes destrozaron una central nuclear en Irak ante el temor de que pudiera llegar a  fabricar armas nucleares, como si los demás no debiéramos tener miedo del arsenal nuclear que ya posee el Estado israelí, el cual forma parte de toda esa facción ultraconservadora existente en el planeta que pretende dividir el mundo en ejes (del Bien y del Mal), en luz y tinieblas, en democracia y terrorismo.
Los resultados son devastadores: por ejemplo, en la franja de Gaza, uno de los lugares más densamente poblados del mundo, un millón doscientos mil palestinos viven en guetos y campos de refugiados de la ONU, con una multitud de túneles para tener acceso a unos pocos víveres y artículos de primera necesidad, pues un vergonzante y ciclópeo muro, más el ejército israelí impiden otra cosa.¿Asocian los judíos de buena voluntad esta situación con otros guetos y otros muros del pasado? ¿Qué aducen los israelíes ante el hecho de que el 80% del  muro de Cisjordania (más de 720 kilómetros) se extiende por territorio cisjordano, adentrándose hasta 11 kilómetros en algunos lugares, a fin de proteger asentamientos judíos?
El obispo sudafricano y Premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, en una visita a  la “Sala del Recuerdo” en el Museo del Holocausto  de Jerusalén afirmaba que “los palestinos están pagando” el Holocausto nazi contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Ante el siniestro panorama existente en Cisjordania y Gaza añadió que “la lección que Israel debe aprender del Holocausto es que la seguridad nunca se garantiza con muros y con armas”.
Sin embargo, pintan bastos desde hace mucho en el Próximo Oriente, pues otros países y otras religiones contribuyen a echara gasolina en la hoguera. Martin Amis, escribía en su obra El segundo avión. 11 de septiembre: 2001-2007, página 36:
 “La actual profesión al derecho a la religión por parte de la Administración Bush, por extraños caminos, nos lleva también a un forzamiento de sus lazos con Israel. Inconcebiblemente, la doctrina de los cristianos renacidos insiste en que ha de apoyarse ciegamente a Israel, no porque sea la única semidemocracia en la región de la medialuna, sino porque será el lugar donde tendrá lugar el Segundo Advenimiento. Se cree que Armagedón tendrá lugar cerca de la colina de Megiddo (…). El Éxtasis, la Tribulación, la derrota del Anticristo: no está muy claro cuánta de esta basura se está tragando el presidente Bush (Reagan se la tragó entera)”.
MORALEJA Y CODA FINAL: Yahveh es el único culpable. Netanyahu y el propio Estado de Israel son inocentes, pues se limitan a cumplir a rajatabla la voluntad de su dios. Amén.

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